13 de septiembre de 2011

Fantasías



Desde la perspectiva emocional no hay nada tan genuinamente asociable como las fantasías dado que, por definición, éstas son expresiones de lo contrario del uso de lo racional. Comúnmente se asocia al fantasioso con el poco realista, de la misma forma que quien pasa por ser realista se autoinvalida para generar fantasías. Esta visión maniquea está fuertemente instalada.

La fantasía es un recurso recurrente entre nosotros, hasta el punto de que los realistas le llaman a eso aspiración que es el último estadio en el que el objetivo tiene visos de realizarse y que se sitúa solo un paso atrás de la quimera. No obstante, André Morin, uno de los filósofos más lúcidos de nuestra época y hablando en términos de neurociencia, nos demuestra que no es posible imaginar una sola acción racional sin una determinada porción de fantasía la llamemos como la llamemos, de forma que incluso en el escenario de creación de expectativas la proyección fantasiosa juega un papel primordial.

Me declaro partidario del uso de fantasías para construir la realidad que habito. Está claro que todo ello en un contexto determinado y a veces incluso fuera de él. Nunca me ha creado un problema, sino al contrario, me ha permitido imaginar universos habitables a los que aspiraba a llegar. La imaginación está preñada de fantasía de la misma forma que es necesario separar realidad de aspiración sin que ambos mundos sean excluyentes.

Si el ser humano es un ser lingüístico y lo es por excelencia, la fantasía estaría construida sobre los diálogos interiores que todos mantenemos y sin los que no seríamos capaces más que de actuar mecánicamente o sólo a través del dictado de nuestra experiencia. La experiencia es la antítesis de la fantasía por cuanto ésta se basa en datos que siempre están en el pasado mientras que la fantasía es pura proyección.

Es por eso que conviene distinguir entre cambio y transformación. El cambio que, como todos sabemos, es lo más permanente se basa en el acomodo a una nueva realidad pero utilizando recursos conocidos mientras que la transformación es la construcción de una nueva realidad de la que lo desconocemos todo o buena parte y para eso hay que imaginar cómo será. La fantasía, en estos términos, es un atributo innato de los pioneros que actúan sin saber con lo que se encontrará en el siguiente recodo del camino mientras que la aplicación de recetas conocidas lo es de los colonizadores. Depende pues, de en qué terreno juguemos.

Tengo un buen amigo y colega que se refiere constantemente a las fantasías que elabora lo cual no sería noticia si no fuera porque es una de las personas más racionales que conozco. Para él lo es tanto aquello que no pasa de ser un sueño como cualquier escenario al que aspira a llegar, pero a las dos cosas les llama fantasía. Él lo mismo puede decir que tiene la fantasía de poder dedicar más tiempo a la familia que aspirar a que su equipo de provincias gane alguna vez la liga. Tal vez por eso sea un tipo equilibrado donde los haya porque sabe distinguir muy bien lo que está en su mano de lo que no sin renunciar por ello a sus aspiraciones.

Como decía, me declaro partidario de las fantasías, de igual modo que invito a todo el mundo a que lo haga. No se puede vivir sujeto a lo predecible y no sólo porque sea aburrido sino porque es imposible por mucho que algunos se empeñen. En esa distinción entre pioneros y colonos está claro que todos hemos hecho una opción pero no debería ser excluyente. El problema es de distinciones, porque una cosa es tener fantasías y otra vivir en ellas. Lo digo por si sirve de pista.

15 comentarios:

  1. Ciertamente, la elaboración mental de fantasías es una buena cosa por cuanto permite a nuestras neuronas construir mundos y escenarios que pueden no parecerse en nada al que habitamos. La bondad o peligro de estas fantasías depende del fin último de las mismas y de la probabilidad de que se puedan convertirse en realidad. Puede ser maravilloso construir fantasías imposibles con un afán de disfrutar, de recrear sensaciones nuevas, o por mero juego mental. Sin embargo, puede ser un desastre desarrollar fantasías irrealizables para valorar los escenarios futuros en los que nos vamos a mover en el futuro a fin de tomar decisiones en el mismo.

    Fantástica reflexión, Josep.

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  2. Coincido con el comentarista anterior y sobre todo con tu frase final, que es la clave: "una cosa es tener fantasías y otra vivir en ellas" o de ellas, añadiría yo, que quizás es peor.

    Como siempre, estupendo, Josep!

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  3. Muy buena reflexión con la que me identifico en su totalidad.
    Esta misma mañana he estado viendo y escuchando en directo a Emilio Duró, lo cual me ha encantado y la verdad es que el mensaje de este hombre tiene mucho que ver con lo que hoy nos cuentas.
    Un abrazo.

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  4. Hola Josep:

    Como apuntan los anteriores comentaristas estupenda reflexión.
    Para mi son necesarias, ahora bien, hayq ue "controlarlas" o manejarlas para no perder el ahora. Por último, fantasía como deseo, como esperanza también puede ser necesaria para nuestro transitar. ¿no te parece?
    Un abrazo

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  5. Hola Juan Antonio Olañeta:
    En efecto, el peligro de las fantasías es confundirlas con la realidad probable o incluso con la realidad a secas pero son un recurso potente para la recreación, simulación o mero entretenimiento que permiten dar alas a nuestra proyecciones. A veces se confunde con la imaginación pero son cosas completamente distintas.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

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  6. Hola Astrid:
    Creo que tienes toda la razón. Lo peor es vivir de ellas lo cual no es para nada infrecuente.
    Un abrazo.

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  7. Hola Javier:
    Pues ya es casualidad porque el amigo Duró y yo no habíamos hablado antes pero como uno ya no cree en las casualidades, a saber si analizando las causalidades vemos algún resorte compartido.
    Me alegro de que te sientas identificado.
    Un abrazo.

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  8. Hola Farnando:
    Qué duda cabe de que la palabra fantasía, como tantas otras, ha acabado por adoptar un solo significado casi siempre peyorativo. En este caso, asociado con lo poco realista como si eso fuera un desdoro o algo sin valor. El peligro, como comentaba Astrid es vivir permanentemente en o de ellas porque eso aleja del aquí y ahora pero en el resto de los casos es un recurso sumamente útil que sirve para dar volumen a los sueños.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

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  9. Hola Josep
    Personalmente, no sabría vivir sin fantasias, es decir, soy FANTASTICO que no FANTASIOSO y tú, amigo mío, eres uno de los FANTASTICOS más FANTASTICOS que conozco.
    Un abrazo

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  10. Josep,vuelvo a tu espacio y me encanta el tema.Las fantasías,son como un recreo,necesario para los niños.Nosotros,seguimos aprendiendo cada día cosas nuevas,resolviendo problemas, viviendo y aceptando circunstancias,que ciertamente nos agotan...¿qué haríamos sin ese recreo,que nos relaja,nos renueva y nos estimula...?
    Las fantasías son necesarias para lograr ese equilibrio entre mente y corazón,que nos prepara para enfrentarnos a la realidad con nuevas fuerzas y perspectivas.
    Mi felicitación y mi abrazo por tus valiosos y sugerentes temas.
    M.Jesús

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  11. Hola JLMON:
    Pues ya formamos un duo.
    Un fantástico abrazo

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  12. Hola Majecarmu:
    Un placer volver a verte por aquí. Lo has definido perfectamente, las fantasías son como recreos infantiles a los que cuando crecemos creemos que debemos renunciar o si no renunciamos al menos no llevar a gala que los frecuentamos.
    Así somos y así debemos aceptarnos.
    Un abrazo y muchas gracias por tu inspirador comentario.

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  13. la fantasia es maravillosa

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  14. Se puede ser muy racional y fantasear en algunos momentos intensamente, sobretodo cuando estamos enamorados.Fantasear es normal. Esto puede ser un camino para hallar soluciones, o simplemente evadirse por estar bien. Es una droga sana y natural, que el cerebro nos proporciona. Cuando la gente se suicida es porque perdió ya la capacidad para soñar y buscar alternativas. Hay que entender que la fantasía es eso, un recurso y no se corresponde con la realidad. No hay que vivir en ella pero, si tuviera que escoger entre fantasear o tomar antidepresivos, sin duda fantasearia. No entiendo que la psicología haga todo patológico porque se de en exceso. Si hay mucho sexo es patológico, fantasía, etc....

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