2 de abril de 2009

Innovar no es esto

He leído recientemente una reseña en la que se expone la opinión de un alto ejecutivo español de una conocida empresa multinacional. Pronostica que aquellos que para salir de la crisis adopten únicamente políticas de contención de costes están perdidos. Como receta eficaz propone la inversión en innovación, y eso está muy bien. Hasta ahí, de acuerdo. Lo que sucede es que cuando se continúa leyendo su exposición y desgrana las medidas supuestamente innovadoras que ha decidido acometer en su organización, lo que más se ve son medidas innovadoras sí, pero ¡de contención de costes!

Por lo visto, para él la innovación consiste básicamente en, y cito: estandarizar, optimizar y automatizar, añadiendo a continuación: para que las empresas puedan llevar a cabo esta labor hace falta dinero. El dinero se puede conseguir de muchas formas, una es pidiéndoselo a los accionistas o a los bancos y otra ¡gastando mejor el que se tiene! O, sea, reducir costes. En ese caso, y aplicando su propia proyección, mal augurio le pronostico al ejecutivo y a su empresa.

Por desagracia esa es una manera muy extendida de entender la innovación. Confundir innovar con devanarse los sesos para obtener ahorro de costes es una visión muy pobre y desmotivadora. Es muy pobre porque se sustenta en una visión defensiva mientras que, por el contrario, innovar supone una actitud justamente opuesta a esa, la proactiva. Y es desmotivadora porque induce a entender que el foco hay que ponerlo en la adopción de políticas casi exclusivamente restrictivas más propias de análisis (ver qué está sucediendo ahora) que de proyección (investigar nuevos caminos). Es como si encargáramos a quienes han hecho toda la vida las cosas de una determinada forma que se pusieran a inventar el futuro y eso no es razonable. Es lo mismo que confundir las habilidades de un descubridor con las de un inventor y son opuestas.

Innovar supone necesariamente adentrarse por un camino inexplorado, perseguir un sueño hasta ahora irrealizado, asumir que lo que funcionó hasta ayer puede que no satisfaga las nuevas necesidades de mañana. En resumen, asumir que el hoy es un estadio transitorio sobre el que proyectar cómo será el futuro.

Que la innovación suponga un ahorro de costes, es un subproducto pero nunca el sueño a perseguir. Pondré un ejemplo. No se llegó a la luna ahorrando costes sino imaginando cómo deberían ser los cohetes que nos llevaran hasta ahí y que no existían hasta entonces. Los ahorros en materiales y combustible que se han producido posteriormente también fueron una innovación, pero de segundo orden. Y desde luego, no lo hicieron los mismos.

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