10 de noviembre de 2009

El baile de máscaras

En el plano de la comunicación vivimos instalados en el mito de que sabemos a quién nos estamos dirigiendo cuando hablamos. Sin embargo, eso no es cierto o no lo es en muchísimas ocasiones y trataré de argumentar por qué conviene romper ese mito.
En anteriores ocasiones hemos hablado de feedback, de empatía, de estilos sociales y de roles y hoy me extenderé un poco más en estos últimos, los estilos y los roles sociales, pero antes repasemos conceptos.
Acordamos que la finalidad de la comunicación productiva es generar valor en todos los agentes que intervienen y eso se logra a través del feedback. Sabemos también que la premisa básica de todo proceso comunicativo constructivo es la presencia de empatía hacia nuestro interlocutor.
Pese a haberse dado todas esas condiciones es muy posible que no hayamos logrado alcanzar nuestro objetivo por la sencilla razón de que a quién estamos hablando se esconde tras una máscara a la que llamamos rol social, y esa máscara no representa a quien está detrás de ella. En estas condiciones, si dirigimos nuestro mensaje a la máscara la comunicación fracasa.
Los roles sociales pueden definirse de varias formas pero todas tienen un denominador común: tratar de aparecer como no somos. Es decir, es una forma de defendernos para resultar más admisibles, más tolerables, menos ásperos o menos débiles.
Ejemplos de esto pueden ponerse muchos, pero a mí hay uno que me gusta especialmente y es el de una persona antisociable que tiene que desempeñar un puesto de trabajo de atención al público atendiendo a sus reclamaciones o quejas y hasta hacerlo bien. En ese caso, es evidente que cuanto más logra engañarnos mejor funciona su máscara, su rol social.
Otro ejemplo claro sería el del padre que regaña a su hijo por algo que él mismo hacía cuando era pequeño. En ese caso debe fingir que está enojado para que su hijo aprenda que “eso no se debe hacer” aunque por dentro esté muy orgulloso de que su hijo se le parezca.
Los roles sociales pueden llegar a ser tan potentes que las verdaderas pautas de comportamiento de las personas (lo que llamamos estilos sociales) quedan soterradas y a veces es muy difícil llegar a ellas. Si yo trato de dar feedback a alguien sobre sus comportamientos de rol, puede entenderse fácilmente que mi éxito se verá muy limitado o resultará un esfuerzo baldío.
Adicionalmente, existe otro tipo de rol que es el que le atribuimos a una persona con independencia de sus creencias, comportamientos o incluso del rol que quiere desempeñar. A esos nos referimos en su día cuando hablamos del diferencial de Osgood y tienen el gran inconveniente de que, en cuanto son asumidos, pasan a elevarse a categoría. Así pues, muchas veces acabamos siendo lo que los demás piensan que somos y ese es un sambenito del que ya cuesta mucho trabajo desprenderse.
Por uno u otro motivo, al dirigirnos al rol y no a la persona hace que muchas veces no estemos incidiendo como quisiéramos en el destinatario y esa es la razón de que dediquemos casi el 80% de nuestro tiempo a hacer actividades relacionadas con la comunicación con unos resultados más bien pobres. ¡Por eso dedicamos el 80% de nuestro tiempo a algo tan improductivo!
Para que la comunicación sea efectiva hay que llegar al estilo social de las personas que tenemos delante. Básicamente, hay cuatro tipos de estilos sociales y la buena noticia es que cada uno de ellos reacciona de forma distinta ante tres situaciones en las que las personas no somos capaces de actuar bajo rol sino que nos expresamos libremente según nuestro estilo social. Dicho de otra forma, hay tres desmaquilladores sociales porque, ante determinadas circunstancias, la cabra siempre tira al monte.
La primera es la gestión del tiempo: a unos parece que lo único que les interesa es lo que está por llegar (los famosos soñadores o idealistas), otros por el contrario sólo viven el día de hoy (les solemos llamar realistas o descarnados), otros sólo parecen estar cómodos analizando lo que ha sucedido en tiempos pasados (segurolas) y hay un último grupo que es mucho más maleable en eso de sentirse cómodo con la gestión del ayer, el hoy y el mañana (son los dúctiles). Imaginemos que hemos quedado a comer para celebrar, como cada año, nuestra licenciatura de la universidad. Habrá quien ya esté pensando en la cita del año que viene y que incluso olvide la de este año, quien sólo se limite a recordar que hoy es el día acordado y llegue a la hora convenida, quien se arranque diciendo que la relación calidad/precio del menú es mejor o peor que la del año pasado y por último el que, al mismo tiempo, recuerde las anteriores reuniones con cariño, lo pase bien en esta y formule alguna sugerencia para el año que viene. Todos ello se habrán comportado como es de esperar en función del estilo social de cada cual.
La segunda, mucho más potente que la primera, es cómo toman las decisiones o asumen el riesgo. Unos parece que se decantan por tomar decisiones muy rápidas e irreflexivas. Son capaces de cambiar de opinión muy a menudo. Otros, por el contrario, son capaces de tomar decisiones evaluando bien los pros y contras. Un tercer grupo prefiere consensuar, pedir opinión a terceros antes de pronunciarse y el último grupo sólo se decide a tomar decisiones cuando ha valorado todas las alternativas o idealmente, prefiere no tener que tomarlas.
La tercera es la más clara de todas y tiene que ver con cómo actuamos bajo tensión o presión. Sobre esto ya hablamos cuando describíamos cómo nos hubiéramos comportado en el hundimiento del Titanic. En ese tipo de situaciones, las personas somos incapaces de mantener un rol y actuamos bajo criterios únicamente basados en nuestro estilo social. Recordemos: unos se apresurarían a buscar un puesto en un bote salvavidas, otros calcularían las posibilidades de salvación y actuarían en consecuencia, otros se empeñarían en memorizar lo que dice la normativa de salvamento y otros aceptarían que se quedarían junto a la orquesta mientras el buque se hundía.
Si la vida es un baile de máscaras, no olvidemos observar bien lo que sucede para determinar quién está detrás de cada una de ellas. Si andamos buscando quien nos financie un proyecto no vaya a ser que nos caiga mal el que lleva puesta la máscara de Tío Gilito sólo porque es un avaro y le tratemos como a tal cuando en realidad es un mecenas o a la inversa, porque es un hecho incuestionable que a los humanos nos encanta los bailes de máscaras para parecer otros.

44 comentarios:

  1. Buenos días Josep Julián,

    Fantastica introducción de tu post, me ha encantado!

    Las máscaras son proteccciones ante el miedo, ante lo desconocido, ante la incertidumbre. ¿qué pasaría si aprendieramos a no tener máscaras?, ¿habría otro sustituto social?

    Creo que el desarrollo personal no está realmente inculcado en la sociedad, más bien lo contrario... (tienes que ser fuerte y agunta, Tu haz lo que puedas, ya sabes que la vida es dura...)Estos mensajes fuertemente marcados en la familia hacen que cuando tenemos que salir a relacionarnos no sepamos realmente desenvolvernos.

    Algunos llevan marcadas sus creencias a fuego tanto limitativas como potenciadoras. Y esa es la magia de la vida y de nuestro trabajo... ayudar a ayudarte y ayudame que yo te ayudo.

    Felicidades e interesantisimo el tema!

    Diego Martos

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  2. Buena lección.
    Mucho mas resumido, conté en mi entrada de “Carnaval “ en Febrero.
    Gracias tus enseñanzas me ayudan mucho.
    Un beso

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  3. Me ha gustado especialmente la última parte, la de los desmaquilladores.

    Quizás no se trate de desenmascarar a la gente, pero al menos sí saber o intuir de qué pie cojean, aunque sólo sea para entenderles mejor.

    Un abrazo.
    Pablo

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  4. Qué razón tienes, Josep. La vida es un carnaval los 365 días del año, lo que pasa es que la mayoría de la gente lo disimula muy bien.

    Me ha venido ahora a la memoria la genial frase de Quevedo: "El dinero no cambia a la gente, sólo la descubre". Te digo esto porque hay mucha gente que se comporta de una forma concreta mientras su status social le obliga a ello. Pero si llega el día que ascienden socialmente, se quitan la careta y de repente muestran su auténtico yo, que tenían bien oculto tras la careta mientras las circunstancias no le fueron propicias. Un abrazo.

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  5. La pregunta es: ¿nos soportaríamos los unos a los otros sin máscaras? Porque si ya nos mordemos con máscaras, no me quiero ni imaginar cómo sería sin ellas. La convivencia sería imposible. Lo ideal sería, obviamente, ir sin disfraces por la vida, pero estamos tan acostumbrados al caparazón y a la coraza que nosotros mismos nos hemos fabricado que se nos haría todo muy cuesta arriba. Lo malo es cuando esa disparidad de camuflajes desarrollan comportamientos esquizofrénicos del tipo "en sociedad es un bendito y en casa, de puertas hacia dentro, es un malnacido de cuidado", caso de los maltratadores, por ejemplo.

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  6. Es la sociedad la que nos impone poner mascaras....hay perfiles que están bien vistos y otros no.
    Pienso que algunas veces no nos promonemos poner la mascara...sino que trasmitimos algo que esta lejos de lo que sentimos, pero porque la gente ve en nosotros una forma de ser equivocada.
    Me ha encantado el tema.
    Saludos.

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  7. Hola Diego:
    Siempre es un placer recibirte por aquí. En tu comentario abordas uno de los aspectos antropológicos más profundos como es el tratar de ser fiel a los paradigmas que yo llamo de biberón y que condicionan enormemente las respuestas arquetípicas de los individuos comportándonos de acuerdo a unos patrones, a unos clichés que no se corresponden necesariamente con la experiencia sino con la educacuón recibida.
    Parádógicamente y hablando de estilos sociales, la teoría mantiene que durante la adolescencia se diluyen pero lo que comentamos parece demostrar que al llegar a la edad adulta los retomamos con total normalidad y, si acaso, con mayor intensidad.
    Es curioso ver en qué medida nuestras actuaciones de hoy se ven condicionadas por lo que nos grabaron a fuego cuando no teníamos apenas experiencia.
    Muchas gracias por tu aportación y un saludo.

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  8. Hola África_
    Muchas gracias por tu comentario. Prometo ver tu entrada al respecto.
    Un abrazo.

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  9. Hola Pablo:
    La parte de los desmaquilladore sociales creo que no la había tratado hasta ahora y aunque el tema es muy amplio voy a ver si soy capaz de irlo dosificando. En realidad, todos adoptamos roles pero es perfectamente posible trapasarlos aunque tiene su técnica que no se puede contar en unas cuantas líneas.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

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  10. Hola Fernando:
    Parece que aludes a lo del lobo con piel de cordero. Esa es una magnífica máscara, desde luego. De hecho dudé si poner una imagen de ese estilo o sea que me lees el pensamiento.
    En realidad también funciona a la inversa. Gente que parece muy segura de sí misma en realidad lo único que hase es mostrarnos una imagen inexistente. Ya sabes, eso de perro ladrador poco mordedor.
    Algún día escribiré algo relacionado con el buen cutis de las personas que les va bien en la vida, no temas.
    Muchas gracias y un abrazo.

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  11. Hola Domingo:
    Muy buena pregunta la tuya. La respuesta es no. No nos soportaríamos sin máscara de la misma forma que no soportaríamos que siempre fueran sinceros con nosotros y a la inversa.
    Viviemos en una sociedad que se parece mucho a un sopicaldo de convencionalismos, verdades y mentiras a medias, relativismo y sobre todo, afán por no resultar discordante. Por eso utilizamos máscaras aunque sea perfectamente posible adivinar lo que hay tras ellas. Es un problema de técnica y de observación.
    El ejemplo que pones de los maltratadores es muy bueno aunque un poco extremo. Lo mismo hacemos todos a todas horas excepto en quienes confiamos o a quienes queremos mucho y aún así, habría mucho que hablar.
    Muchas gracias por tu comentario y tus aportaciones.
    Un abrazo.

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  12. Hola Maluferre:
    Eso mismo es lo que quería decir y tú lo has hecho en muchas menos palabras.
    Me alegra que el tema te haya gustado y espero volver a verte pronto.
    Un saludo.

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  13. En realidad, creo que todos tenemos una máscara o miles de máscaras dependiendo de la situación. Pero hay que recordar siempre una cosas. Una más cara puede tapar u ocultar, pero nunca sustituir la esencia de una persona. Las máscaras siempre acaban cayendo. Por otro lado, creo que dependiendo de la circunstancia uno podría tener uno u otro estilo social que es fruto de las experincias o aprendizajes anteriores.

    Un abrazo

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  14. Hola Josep Julián:
    Está claro. Pero es que da una pereza eso de atencer a todos esos factores a la hora de "dar un paso adelante".
    Estaría muy bien recibir un cursillo intensivo a temprana edad ¿no te parece?
    La intuición me dice que las mujeres "desbrozan" mejor que nosotros el polvo de la paja en este y en muchos otros asuntos. Te lo digo porque el otro día le comenté a una compañera que a una tercera persona le iba a pedir un "algo". Me contestó: Piénsalo bien, no es el mejor momento. Y era cierto, teniendo en cuenta todos los elementos, no era el mejor momento.
    Un saludo.

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  15. Sinceramente, mejor no añadir nada, decirte eso sí que vengo como alumna ¿aplicada? para aprender la lección ¡lástima que no pueda hacer preguntas en el instante!¡no podría sacar nota!.
    En serio considero muy interesante el visitarte y en más de un rol con máscara incluida me puedo identificar.
    Un beso

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  16. Hola Fernando:
    Es verdad que las máscaras sociales no suplantan a las personas salvo en los casos en que éstas acaban creyéndose tanto su papel que al final sólo saben vivir esa ficción (acuérdate de El Ocaso de los Dioses) y sin ir tan lejos, seguro que tú como yo tienes algunos casos cercanos. Las máscaras caen, lo malo es el tiempo que tardamos en darnos cuenta de que se llevan puestas.
    Me temo que en cuanto a lo de los estilos sociales cambiantes no estoy tan de acuerdo. Estilo sólo tenemos uno y los demás es camuflaje o sea, máscara. Pero acepto pulpo como animal de compañía (jeje) porque no es este el espacio sobre el que exponer sesuda teoría ;-)
    Muchas gracias por tu aportación y un abrazo.

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  17. Hola Javier:
    Estoy completamente de acuerdo contigo en que, por lo general, las mujeres tienen más capacidad para separar "el grano de la paja" y eso es por la parte del cerebro que tienen más desarrollada que nosotros y que les permite entender mejor el contexto (que es la base de las emociones). Y que conste que no lo digo por hacer la pelota a nadie.
    En sentido contrario, tu comentario me ha refrescado algo que también he observado y es que algunas mujeres en su desempeño profesional se empeñan en actuar más como hombres y pierden parte de esa capacidad que es una bendición del cielo. Podría poner algunos ejemplos de esto pero no sé si es mejor dejarlo en este punto.
    Como siempre, muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

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  18. Hola Camy:
    Aquí puedes preguntar y decir lo que quieras porque nos encanta debatir temas así que si te animas, ya sabes ;-)
    También me ha gustado que "te acuses" de llevar máscaras diversas porque todos (TODOS) lo hacemos aunque alguno/a no lo reconozca fácilmente.
    Valoro mucho tu aportación y siempre que quieras volver te estaremos esperando.
    Un beso.

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  19. Pues sin ánimo de reconvertir esto en un debate feminista ni nada parecido, no sé yo, si las mujeres tendremos. o nó... más capacidad para desbrozar el grano de la paja como dice el amigo Javier. Lo que sí está claro como el agua es que en cuestión de roles adjudicados desde la mismísima cuna, estamos algo, por no decir bastante más, castigadas que nuestros hermanos varones (que también).
    Me refiero a que esas máscaras de rol que nos ciñen y nos encorsetan a todos, en el caso de las mujeres lo hacen de forma bastante más estrecha que a ellos.

    Aún así, siempre hay un momento en la peripecia vital de todo el mundo, independientemente del género, en que hay que sacarse esa máscara y decidir como queremos y-o podemos ser en realidad. No se puede fingir para siempre, ni todo el tiempo. Es imposible. Creo que el libre albedrío de cada cual tiene bastante que ver en esto. Y aunque muchos ni siquieran sean conscientes de ello, al final, acaban decidiendo igual que los que sí lo son.

    Otra cosa será la capacidad o la resiliencia que hayamos podido desarrollar a lo largo de nuestra vida para enfrentarnos a nosotros mismos y a nuestro auténtico espejo vital... Algo ciertamente difícil y que desencadena crisis a mansalva...

    Es ahí,quizás, donde pienso que las féminas que desde hace siglos, hemos tenido que elaborar desde muy jóvenes un recorrido... vamos a decir... más largo? que los varones para llegar al mismo lugar... podamos tener algo de ventaja... una visión más de conjunto. Creo que los expertos lo llaman pensamiento en red. Somos capaces de tener en cuenta diversos factores a la vez a la hora de decidir y de actuar. Algo que por lo visto los varones elaboráis de forma distinta, lo que se conoce por pensamiento lineal... y tardáis algo más en sacar vuestras deducciones.
    Humm! este asunto, da para todo un blog amigo... jeje! Interesante entrada Josep J.

    Un abrazo.

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  20. Hola Josep:

    Recuerdo que como constestación a un comentario que hice en tu entrada "Alta Tensión" me decías que el patrón social lo construíamos en los primeros años de nuestra vida y luego intentábamos hacernos más "admisibles" a los demás.
    Entiendo que a eso te refieres con las "máscaras", pero ¿qué ocurre si cuando la máscara construida no es para aparentar ser más "adorable" si no todo lo contrario?.

    ¿No te has encontrado alguna vez en tu vida con una persona de ésas que "dan miedo"? ¿De las que van de duros? ¿de las que usan esta máscara para hacer valer su poder? ¿las que prefieren ser así para evitar la comunicación o para infundir temor?
    Y no me estoy refiriendo a un golfo de barrio, lleno de cadenas, piercings y tatuajes, a la vez que ostenta un coche tuneado y cargado de "ruido" y a saber cuántas cosas más; me refiero a personas de "traje y corbata"; a algunos que dirigen empresas, que tienen bajo su mando a otras personas. Éste es su rol.

    A éstas, en concreto, yo las bautizo como "las que desayunan con vinagre", porque están como contrariadas todo el tiempo, con un gesto de asco en la cara. Te amargan el día sólo con pensar que tienes que dedicarles unas palabras, porque la contestación sonará, cuando menos, a un gruñido. ¡Qué necesidad!

    Me pregunto qué interés tendrá colocarse una máscara como ésa, cuando sabes que lo único que obtienes es "temor" aunque es posible que lo confundas con "respeto" y no es lo mismo.

    Como apuntan varios de los comentaristas, las máscaras tienen, tarde o temprano, fecha de caducidad y caen como hojas en otoño, pero si lo que hay debajo tiene más valor que lo que cayó, ¿habrá alguién que haya esperado para ver si aparecía o te habrás quedado más sólo que la una?
    ¿Te acuerdas del cuento del Gigante Egoísta? Al final, era buena gente, pero es que en la vida no funcionan las cosas como en los cuentos y puede que te quedes con las perdices cocinadas y esperando por los comensales que nunca llegarán.

    Entiendo que existan las máscaras, que todos llevamos, para ser más "admisibles", pero las de "ogro" no me gustan ni para los carnavales.

    Si sabes de un buen "desmaquillador" para estos casos, coméntlo, porque no es un 80% del tiempo perdido, es casi, casi un 100%, por no darle el pleno.

    Un abrazo

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  21. Cuando hay claridad de conciencia y diálogo interior las máscaras sólo se utilizan en algún momento puntual, para protegernos o pasar desapercibidos "en el baile".Después la máscara pesa y es molesta.. Es bueno recibir el aire directamente en la cara y comunicarse abiertamente,porque sino al regresar a casa en lugar de paz,encontramos la consabida "guerra" de la dichosa conciencia,que digna y equilibrada permanece en su sitio..!!

    Mi felicitación por tu invitación a la reflexión y mi abrazo por tu coherencia.
    M.Jesús

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  22. Mascaras, caretas y disfraces, tal vez no sea fácil detectarlos en fugaces encuentros, pero es cuestión de tiempo el saber, al menos, parte del ‘vestuario’ de nuestro interlocutor.
    Gran entrada!

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  23. Hola Cristalook:
    Tu magnífico y amplio comentario ha venido a aportar una serie de matices muy valiosos desde el punto de vista de enriquecimiento del debate.
    Completamente de acuerdo contigo en eso de la distinta formulacíón de los "pesamientos en red" y "pensamientos lineales" según estemos hablando de mujeres u hombres, como también es incontestable el hecho de los mayores roles sociales limitativos inoculados a las mujeres que a los hombres desde la cuna.
    Sin cuestionar para nada lo que dices, mantengo que Por la suma y resta de "atributos y limitaciones concurrentes" las mujeres -por regla general, porque ya he apuntado algunas excepciones en el comentario al comentario de Javier- están mejor dotadas para entender "lo que hay de verdad" y como él dice, de separar el grano de la paja.
    Sin embargo, disiento un poco más contigo cuando dices de que "no se puede fingir siempre". La capacidad de "enmascaramiento" puede durar y de hecho dura tanto tiempo como sea necesario mientras pervivan las circunstancias. No pongo ejemplos para no alargarme en exceso pero piensa en cuando te enemistas con alguien durante mucho tiempo o cuando haces las cosas como a tu jefe le gusta que las hagas y no como las haría tú. En fin, hay muchos ejemplos.
    Los desmaquilladores de rol son buenos para ver lo que de verdad hay detrás de una máscara pero como digo, no se puede explicar la técnica en tan corto espacio, pero los hay y son muy eficaces.
    Como dices, el tema es muy amplio y seguro que podremos abordarlo con mayor amplitud en otras entradas. Por ejemplo, citas la resiliencia que, ya de por sí, da para mucho.
    Muchas gracias por tu aportación, por el debate que has introducido y porque se ve que conoces del tema.
    Un abrazo.

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  24. Hola María:
    Veo que recuerdas perfectamente lo que ya habíamos comentado sobre el tema y reconozco que cuando decía que los roles servían para ser más "admisibles" debería haber añadido "o inadmisibles".
    Piensa en un juez. Yo conozco personalmente a algunos dentro de los cuales hay de todo pero en sala todos ponen "cara de vinagre" como tú dices. Eso es rol social puro y duro y su misión es infundir temor más que respeto porque el respeto se puede conseguir de muchos medios. En el caso de los jueces diríamos que adoptan un rol corporativo porque todos son bastante iguales en sala.
    Disiento, como he hecho en el resto de comentarios, en que "todas" las máscaras tengan fecha de caducidad. Para nada. Caen cuando tenemos la voluntad de que caigan, ni un instante antes y hasta me sorprende que eso no resulte evidente. Los padres y madres somos un clarísismo ejemplo de esto pero ni mucho menos el único ni el más claro.
    Respecto a los desmaquilladores sociales y en relación a tu "jefe avinagrado" te propongo un pequeño test para que averigües si su comportamiento es de estilo social o de rol. Parto de la base de que lo conoces lo suficiente para que puedas responder a las siguientes cuestiones:
    - ¿Le interesa lo que está pasando "ahora" aunque tiene claro que los resultados los alcanzará "mañana"
    - ¿Es puntual en sus citas y no te concede más que el tiempo que te ha asignado para ello?
    - ¿Tiene una agenda daria bastante estructurada?
    - ¿Ante situaciones de tensión o cuando está bajo presión es cuando es más inaccesible, más rígido o más categórico?
    Si las respuestas a todas esas cuestiones son sí se muestra tal y como es su estilo social y es más claro que el agua de un arroyo.
    En caso contrario y cuantas más respuestas sean "no", entonces es muy probable que estemos ante un perro ladrador y poco mordedor que no hace más que repetir con vosotros lo que le hicieron a él.
    Suena categórico, pero hay bastante verdad en lo que digo. Ya nos dirás.
    Un abrazo.

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  25. Hola María Jesús:
    Ojalá que las máscaras no fueran necesarias pero lo son en el mundo que vivimos. No estamos preparados para ser de verdad, con el aire dándonos en la cara porque ninguno puede soportar "el juego de la verdad" ¿a que no?
    Muchas gracias y un abrazo.

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  26. Hola Gabi:
    Muy acertado tu comentario. Cuanto más tiempo pasamos con alguien más fácil es sabe "de qué va disfrazado".
    Sin embargo, ojo con los encuentros fugaces porque enseguida hacemos una foto y ya sabes lo que cuesta cambiar una primera impresión.
    Un abrazo.

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  27. Hola, otra vez, Josep:

    Pues si, tienes razón, no "todas" las máscaras caen, si como dices, existen algunas que vienen de serie con el tipo de estilo social y rol.
    Seguramente, las que caen, son las otras, las impuestas, las falsas, las del "perro ladrador" o "gatito mimoso", porque en algún momento la vida se encarga de poner los puntos sobre las íes y caen con todo el equipo. ¿Cuestión de paciencia?.

    No tengo tanta experiencia en sala de tribunales como para decir "todos los jueces son avinagrados", pero para una vez que si fui, como testigo en un caso sindical, a mi quién me miraba con cara de "vinagre del malo" era el abogado contrario, jajaja. ¿Sería su rol, sería su "máscara"? pero caray, no tenía ojos, tenía lanzas.
    Y en cuanto a los padres...vale, es posible que algunas veces seamos nosotros quienes digamos la palabra mágica: "Vale", pero en el fondo admite que en la negociación hemos perdido, jaja.

    Voy a poner mi atención sobre las pistas que me has dado, pero, de momento, te diré que va ganando el perro que ladra a veces más de la cuenta y que muerde otras, sin hacer ruido. Yo, por si acaso, sigo diciendo "Buenos días", jeje.
    Un abrazo.

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  28. Hola a todos, supongo que a estas alturas, estarás esperando mi particular giro a los temas que planteas, no sin cierto apasionamiento como sabes. Respecto a lo que planteas, antes de ir al campo a laborar, no estoy de acuerdo con esa matización que implica al género femenino una facultad de discernimiento singular, no creo que forme parte de su biología o psicología esa facultad de análisis, ya sabes el dicho: "una cosa encubre a otra", por lo que lo que pueda parecer una actitud puede en ocasiones ser una carencia. No, no estoy en nada de acuerdo, entiendo que hombres y mujeres son esencialmente iguales, la diferencia estriba en cómo encarar las cuestiones. Dicho todo lo cual, yo tengo más de una mascara, aunque suelo utilizar alguna de un modo más frecuente, y a veces pienso si es una mascara o un modo de enfrentarme a cada cuestión, cada cosa tiene sus matices no?. Anoto en el cuaderno de bitácora los asuntos aquí abordados.....

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  29. Hola, Josep:
    el problema de asomarme con retraso es que se acumula el trabajo de lectura de comentarios... lo cual es buena señal.
    Quizá no debamos generalizar perpetuamente la maldad de las máscaras. En muchas ocasiones las máscaras no sólo son efectivas, sino beneficiosas para el interlocutor. El hecho de que yo adopte un rol determinado puede dar fuerza al contenido y tranquilidad al receptor, porque se siente más identificado en el problema. Evidentemente, estoy hablando de casos en los que procuro un beneficio mutuo y no particular, pues en este segundo caso ya se sabe que se esgrimen todas las armas disponibles, incluyendo la siempre recurrente máscara.
    A veces es beneficioso para todos incluir al "bueno de la película" en escena, siempre que podamos ocultar que el actor es un vividor, un jeta o un espabilado. Resulta que hemos infundado valores, paradójicamente habiendo utilizado una esencia "cutre", ya ves tú.
    Otro estupendo artículo, Josep.
    Un abrazo.

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  30. Hola María:
    Piensa que hasta las personas que despiertan más animadversión en nosotros tienen alguien que les quiere y que les valoran por como son y entonces una de dos, o es que son tan raros como el sujeto en cuestión (para gustos están los colores) o es que no es tan fiero el león como lo pintan.
    En lo de los padres nada que objetar, ahora eso sí, siempre sujetos al rol como un piloto a su timón ¿eh? que nobleza obliga y seguiré expectante tu análisis del perro ladrador/mordedor a ver en qué termina el cuento.
    Muchas gracias de nuevo y un abrazo.

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  31. Hola navegante:
    Jeje, sí es verdad que te esperaba y además en esa línea tan tuya y que tanto me gusta.
    Pues en esta ocasión no estoy de acuerdo contigo en eso de que hombres y mujeres seamos iguales y antes de explicar reducidísimamente el por qué, antes quiero aclarar que ya tiene guasa que una entrada que iba de otra cosa haya derivado en enfoques según el sexo de cada cual, pero en fín, cosas del directo. Y además en un tema como este en el que los que me conocen saben que no soy para nada sexista.
    Los hombres y mujeres no somos iguales, afortunadamente, en el campo de la percepción, interpretación y resolución de las emociones y los conflictos que generan y no lo somos por razones tanto antropológicas como bioquímicas y educacionales.
    Precisamente en el ámbito de la llegada a la mujer a puestos directivos o de responsabilidad, se ha observado un fenómeno ampliamente comentado como es el estilo de liderazgo masculino que ha sido ampliamente e históricamente criticado por las mujeres antes de que optaran a esos puestos para acabar viendo que en cuanto han llegado a ocupar esas posiciones en la empresas donde dirigen, las mujeres que trabajan en esas empesas (no me refiero a las directivas) siguen ganando menos por el mismo trabajo que un hombre, la conciliación familiar está en estándares similares, etc. Cuando se les pregunta a las mujeres directivas por qué dan respuestas idénticas a las de los hombres en esas cuestiones claramente sexistas, precisamente argumentan que, de momento (ojo al matiz "de momento")se ven obligadas a dirigir como los hombres "para no parecer débiles". Luego no somos iguales.
    En la otra parte que comentas sí estoy plenamente de acuerdo contigo especialmente con ese matiz de que utilizas más que máscaras modos de aproximación distintos dadas las circunstancias. A eso se le llama estrategia de aproximación y desde luego es tan necesaria que no podría hacerse con la aplicación estricta y llana de nuestro patrón social por la sencilla razón de que, aproximadamente el 75% de la población con la que nos relacionamos, no comparte el mismo estilo social que el nuestro. O sea que haces bien en actuar así y no se te ocurra cambiar en eso porque es una cuestión de mera supervivencia.
    Vaya, me ha salido un comentario al comentario muy largo y espero que me disculpes por ello.
    Buen viento navegante. Ya sabes que siempre espero tus visitas a este puerto.

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  32. Hola Germán:
    Disculpas aceptadas y entendidas porque a mí me pasa lo mismo.
    El enfoque de tu comentario además de interesante es también oportuno y enlaza con la última parte del de DeNavegantes que precedía al tuyo.
    La inteligencia emocional parte del supuesto de que cada uno tiene un modo de entender la vida que, de forma resumida, se estructura en cuatro estilos sociales claramente identificables. Lo que sostiene es que uno es "inteligente emocional" en la medida que es capaz de entender e integrar los comportamientos de los otros estilos sociales lo cual se podría traducir en que lo que se prima es no dar un polvorón al sediento sino un vaso de agua que es precisamente lo que el otro necesita.
    Por citar un ejemplo muy próximo a ti como es el mundo de las ventas sabes perfectamente que los enfoques de negociación gano/ganas precisan de muchísima aplicación de inteligencia emocional, tanta que hoy en día se considera que un curso de ventas o de negociación centrada en el "cierre de la operación" está condenado a pasar al museo de arqueología. Hoy es mucho más importante aprender a entender al que tenemos delante que es, precisamente y si he entendido bien tu comentario, lo que tú defiendes.
    Muchas gracias una vez más por tus aportaciones y un abrazo.

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  33. Cuanto más te leo, más cuenta me doy de lo estúpidos que podemos llegar a ser los humanos.Desde luego que la mayoría se parapentan en un rol que deben cultivar y abonar cada día. Es así, por desgracia: un baile de máscaras.
    Un placer leerte. Besos

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  34. Un tema muy interesante los roles sociales que adoptamos. Bajo mi punto de vista son necesarios, pero la máscara no pude cubrir todo el rostro...aunque reconozco que no es fácil, y que no siempre está permitido, especialmente en los roles impuestos.

    La parte de los desmaquilladores me ha encantado, por favor, hablanos más del tema ;o)

    Besos vecino!

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  35. Hola Ginebra:
    El placer es mío cada vez que te asomas por aquí. Los humanos hacemos más estupideces de las que cabría esperar pero luego también hacemos algunas cosas bien. No sé lo que pensarían de nosotros si existieran los marcianos y nos vieran por un agüjerito.
    Bueno, aceptemos las limitaciones y festejemos las bondades porque no queda otra.
    Un beso.

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  36. Hola Nadia:
    Vecina, hace tiempo que no me asomo a tu rellano ni a otros muchos, pero espero que sabrás perdonarme.
    No te preocupes que hablaré más sobre eso de los desmaquilladores pero creo que me voy a dar un descanso en este tema que me apasiona más que nada para variar un poco pero no te preocupes que tus deseos son órdenes y volveré sobre ello.
    Un beso para tí y saludos a la comunidad de vecinos.

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  37. miedos, traumas, caracteres, ADN, capacidad de hablar en publico, caracteristicas fisicas...creo que tantas las cosas que nos hacen diferentes, que es lo que nos lleva a abrir el cajon y elegir una mascara. ¿quiero que se me vea bien cuando en mis post escribo sobre lo que sensatamente me parece justo?
    ¿busco soluciones con eso? Todo lo que maravillosamente nos explicas, convierte este teatro en algo interesante, aunque a veces se convierte en terrible. Soportar en el trabajo ese baile es preocupante, son demasiadas horas/dia. Creo que la sensatez con el medio, nos puede llevar hacia la comprension y darle el justo valor que nos evite volver locos.
    Un saludo.

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  38. Hola David:
    A veces da la sensación de que el simple hecho de vivir en sociedad ya es muy complejo. Quizá por eso se inventó el teatro del absurdo o el del mimo porque era una manera de poner en evidencia todas las contradicciones y el trajín de máscaras que llegamos a guardar en nuestro equipaje sin las cuales apenas podríamos desenvolvernos.
    Muhas gracias por tu aportación. Un abrazo.

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  39. Creo que es hora de que vayamos aprendiendo a quitarnos las máscaras y tratemos de lograr vivir de forma más autentica.

    DE acuerdo totalmente contigo en lo de la comunicación efectiva.
    Saludos

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  40. Hola Myr:
    Vivir de forma auténtica sigue siendo muy difícil en un mundo que valora más el envase que el contenido. Por eso admiramos tanto a quienes viven sin máscaras aún a riesgo de pasar como excéntricos.
    Un saludo.

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  41. Yo creo que en mayor o menor medida todos llevamos máscaras sociales en algunos momentos de nuestras vidas, y éstas no son más que una medida defensiva en contra de la gente a la que por alguna u otra razón tememos. Nosotros decidimos cuando quitarlas y cuando ponerlas. Son un escudo que nos protege de los posibles ataques reales o imaginarios. Yo entiendo que estas máscaras no son más que un muro que parece sólido visto de frente, pero que visto de perfil, es muy fino. Puede tirarse si se tiene la firmeza, suavidad, y comprensión suficientes hacia la otra persona. Un abrazo

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  42. Hola Belkis:
    Comparto contigo al 100% que las máscaras que nos colocamos son medidas defensivas porque si no, no tendría mucho sentido colocárselas con lo incómodas y molestas que son.
    También comparto que, excepto casos patológicos, somos nosotros quienes decidimos cuando ponérnoslas y quitárnoslas y que vistas de perfil son fácilmente detectables. Eso es lo que nos enseña el estudio de los estilos sociales y quien no lo conoce dispone también de recursos para desenmascarar aunque precise de un esfuerzo extra.
    Lo malo es que no disponemos ni del tiempo ni de la voluntad de tratar de averiguar qué hay detrás de ellas porque vivimos en la generación del envase y todo se consume tal y como se nos presenta.
    Muy agradecido por tu comentario, como siempre sutil y profundo al tiempo.
    Un abrazo.

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