25 de mayo de 2010

Una cabaña en el bosque

Este fin de semana y junto a otras cinco personas he estado ayudando a mi cuñado a construir una pequeña cabaña de troncos, así como suena. Quiere esto decir que ha sido necesario talar más de noventa pinos, desramarlos, acarrearlos, colocarlos y sujetarlos a una estructura de veinte metros cuadrados que dicho así, no parece mucho, pero ya es, sobre todo si tenemos en cuenta que las paredes exteriores alcanzaron los tres metros de altura y que todos los troncos fueron alzados a mano.
Teniendo en cuenta nuestra nula experiencia anterior, creo que el resultado final satisfizo a todos. No puede decirse que sea un trabajo impecable pero una vez terminada, uno a uno y por separado nos acercamos varias veces a ver el resultado. Estábamos orgullosos de la obra.
Queramos o no, llevamos mucho tiempo instalados en la creencia de que lo aparente sustituye a lo sustancial o, como alguien dijo una vez, vivimos en la generación en la que el envase prima sobre su contenido. Lo estético prima sobre lo ético, esto se ve a diario aunque no en este caso.
La experiencia de la construcción de esa rudimentaria cabaña me evocó los ejercicios de teambuilding que se realizan como práctica outdoor en los que los monitores se esfuerzan por extraer consecuencias de los beneficios del trabajo en equipo. En este caso no fue necesaria explicación alguna porque la satisfacción se produjo por el mero hecho de vivir el resultado del esfuerzo y la colaboración de ese “equipo informal” y a todas luces descompensado por el que estábamos tan orgullosos. Pero, al mismo tiempo, también fue el resultado de la combinación de acciones racionales y emocionales y en eso me detengo hoy.
Lo racional funciona en nuestro cerebro a través de la búsqueda selectiva y concreta de datos sabiendo que éstos sólo se encuentran localizados en interminables archivadores mentales donde los guardamos. Ahí residía el diseño de la planta, los métodos de anclaje de los troncos, los sistemas de aseguramiento de la estructura, el tipo de tornillos, pernos y demás utillaje necesario para acometer la obra y también y por qué no decirlo, la capacidad para resolver los problemas no previstos que fueron surgiendo. Todo ello fue absolutamente necesario pero no determinante.

Eso hubiera bastado para hacer una cabaña, seguramente más perfecta desde el punto de vista de resultado visible, pero en modo alguno hubiera sido nuestra cabaña. Para eso fue necesaria una implicación mucho más profunda de nuestro lado emocional, cada cual del suyo, que logró que a pesar del cansancio y la cantidad ingente de horas empleadas, la productividad fuera verdaderamente alta. Cuando terminamos, nadie vio una cabaña, sino su cabaña. De otro modo, dudo mucho que se hubiera terminado a tiempo. Pero hay otra cuestión poderosa a considerar en este asunto. ¿De qué lado venía el liderazgo? Del emocional, sin duda.
¿Hubiera sido posible aplicar únicamente el lado racional en el liderazgo ejercido? Claro que sí, pero entonces no hubiera surgido ni el liderazgo compartido en la asunción de responsabilidades sobre tareas concretas ni mucho menos la implicación personal en el proyecto considerando éste como un todo. Hubiéramos construido la cabaña del líder, pero en ningún caso nuestra cabaña lo que viene a demostrar que no es posible aplicar liderazgos integradores sin invocar aspectos básicamente emocionales. Los troncos pesaban menos si todos veíamos la utilidad del esfuerzo para lograr un objetivo compartido. La productividad era mayor si veíamos que las paredes crecían tal y como las imaginábamos.
El orgullo de pertenencia no aplicado a un equipo sino más bien a un resultado concreto (ojo al matiz) no sólo es posible sino que es altamente deseable. Por supuesto que los equipos sólo tienen sentido en tanto que obtienen resultados, pero otra cosa es que la satisfacción venga dada por la culminación de un trabajo. Eso sólo es posible si ahí está presente el lado emocional.
Esto se ve muy claramente en sesiones de formación en las que se propone a un equipo que construya algo concreto y previamente definido con unos recursos y tiempo limitados. En primer lugar se les da tiempo suficiente para planificar la actividad y luego se pasa a la acción. Cuando se observa la evolución del trabajo casi nunca se ve el resultado previsto sino otro con el que se sienten más vinculados. No sería así aplicaran elementos racionales porque en realidad, lo único que tendrían que hacer es ser consecuentes con las actividades planificadas racionalmente, pero en cuanto se implican emocionalmente la cosa cambia. Ya no se trata de “hacer algo” sobre lo que se habían puesto previamente de acuerdo, sino “hacer algo” aplicando todas sus capacidades emocionales. Pasa de ser “lo que se les ha ordenado hacer” a lo que “han sentido que debían hacer". Normalmente no se parece demasiado, pero no obstante, al final del ejercicio todos se quieren fotografiar frente a ello. Qué les hace sentir unidos ¿la satisfacción por haber seguido el plan o verse reflejados en el resultado final sea éste el que sea?
Todos los cabañeros de fin de semana hoy estamos trabajando en lo nuestro pero estoy seguro de que seguimos visualizando cada uno por su parte cómo quedó nuestra cabaña lo que evidencia que, a pesar de todo, los aspectos emocionales prevalecen siempre sobre los racionales en el sentido de que éstos ponen los medios pero no dan necesariamente la satisfacción.
Y eso fue precisamente lo que hizo que uno tras otro quisiéramos vivir en la intimidad la contemplación de la obra realizada. Queda pendiente de colocar el techo, pero parece que ayer eso no importaba porque todos lo imaginábamos, cada cual sea el suyo, por supuesto.

35 comentarios:

  1. Hola Josep hace tiempo que no trabajo en equipo, y eso me está configurando una forma distinta de ver el panorama, hago lo que puedo en ese aspecto, pero lo echo de menos.
    El ejemplo de la cabaña es muy romántico, bueno es pienso yo.
    Un beso

    ResponderEliminar
  2. Hola Josep:

    Fíjate en un detalle: empezaste diciendo "he estado ayudando a mi cuñado a construir una pequeña cabaña" y terminaste diciendo "nuestra cabaña".
    Lo que al principio eran apenas "cinco personas" se convirtieron en "cabañeros" a lo largo de tu relato.
    Y todo será así de estupendo mientras tu cuñado siga pensando que "fantástico" es poder compartir la cabaña, el fruto del trabajo en equipo.
    Lo mismo ocurre en muchos proyectos; se aúnan esfuerzos y ganas, se sacrifica tiempo libre, se arrima el hombro hasta con lo que no se sabe y cuando se ve en marcha, la satisfacción del "equipo" es tremenda.

    Un día descubres que la cabaña tiene puerta y candado, que está en el Registro de la Propiedad a nombre de uno que ya no se acuerda del día de la tala, del desbroce, del esfuerzo conjunto para levantar los troncos, del techo y la primera lluvia superada y no puedes evitar que se te ponga cara de "pringao".
    ¿Sabes, Josep? este es el principal riesgo que se corre cuando actuas por "emoción". Es mucho más fácil que te hieran, aunque si no lo hacen la satisfacción no tiene precio.

    No es que dude de tu cuñado, pero si estuviera en tu lugar, organizaría una "repoblación forestal" para ocupar el espacio de los pinos talados. Puedes perder "tu parte de cabaña" pero siempre quedará "más madera" y, sobre todo, "verde esperanza" y el canto de algún pajarillo.

    Un beso, "cabañero", hombre de mar y montaña.

    ResponderEliminar
  3. Josep
    En primer lugar y dado que conozco el tema de la cabaña, como dicen ahora...te lo tienes que hacer mirar, para mi que está entrando el sindrome de Yellowstone, ja-ja...
    En serio, tienes no poca razón en todo lo que dices. Hacer funcionar a un equipo es entrar en las complejidades emocionales de cada uno, esperando encontrar el meeting point emocional de todos, ahí es nada.
    Cuidate, un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Ahora la cabaña la has compartido con nosotros, ya es un poco de todos (aunque obviamente, no estuvimos sudando para colocar los troncos :-)

    Excelente ejemplo de motivación, de sinergias, de colaboración y de implicación en el trabajo. Sin duda que se requiere una conexión emocional, que permite superar las expectativas, aun cuando el resultado no sea técnicamente perfecto.

    Sólo echo de menos la foto final de la cabaña...

    Un abrazo
    Pablo Rodríguez

    ResponderEliminar
  5. La verdad es que los felicito a tu cuñado y a tì por tamaño trabajo rudo de equipo!

    Supongo que tambièn habràn ganado sus buenos cayos en las manos...

    Besos

    ResponderEliminar
  6. Hola Josep:

    Yo no se si es mejor la experiencia que cuentas o los comentarios. El de maría y José Luis soberbios Me ha gustado el matiz del orgullo de pertenencia al resultado en lugar de al equipo. También me ha encantado lo del liderazgo emocional porque intuyo que tuvo mucho que ver con el resultado y por último, decirte (y creo hablar por el resto de comentaristas) que venimos a adar calorcito al Blog de Josep, Nuestro blog.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Hola África:
    Tu comentario, como siempre, resulta emotivo porque sé que si no trabajas en equipo no es porque no quieras.
    La experiencia de la cabaña no es lo mismo vivirla que contarla, creo que eso ya se entiende, pero la verdad es que puso en evidencia que para lograr un objetivo aunque uno no sea su beneficiario directo, es necesario implicarse no sólo en el esfuerzo -eso lo damos por descontado- sino en el mismo proceso.
    Muchas gracias por asomarte de nuevo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  8. Hola María:
    Veo que sigues tan observadora como siempre, En efecto, ni yo mismo me di cuenta de que empecé diciendo "la cabaña de mi cuñado" y acabé diciendo "nuestra cabaña". Y eso no hubiera podido hacerlo sin hablar de implicación personal y grupal. Buen punto.
    Si algún día se le ocurre ponerle candado a la puerta de la cabaña lo mato, aunque esté en su derecho porque para eso es suya. No sé si llega el caso, si cuando la vea llegado ese punto volveré a sentir las mismas emociones, seguramente no porque a todo le ponemos distancia. Puede que vea una cabaña, no nuestra cabaña.
    Lo de la repoblación ya lo dudo más porque precisamente la cabaña se hizo para aclarar el bosque que estaba demasiado tupido y no dejaba crecer los árboles por falta de espacio y de nutrientes pero a cambio no perderemos sombra sino que incluso puede que la ganemos de aquí a un tiempo.
    Muchas gracias por tus aportaciones y aclaro que soy más de mar que de monte pero a lo que no me hubiera atrevido es a hacer una barca.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  9. Hola JLMON:
    Sí señor, suscribo lo del meeting point emocional como secreto del buen funcionamiento de cualquier organización compuesta por humanos. Las máquinas se organizan de otra forma, está claro aunque no te creas, también necesitan un poco de cariño aunque a eso se le llama "entretenimiento" cosa que nunca he acabado de entender.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Hola Pablo:
    Empiezo por el final. No hay foto ¡¡porque nadie se acordó de traer la cámara!!
    Como bien dices, la realízación técnica quedó en este caso en segundo plano y eso me hace pensar en lo distinto que hubiera sido si se tratara de un trabajo del que cobrar.
    Ahora, lo que es seguro es que aguantará vientos y temporales como una campeona, faltaría más.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  11. Hola Myriam:
    Gracias por las felcitaciones que compartiré con el resto del equipo.
    Desde luego, no sólo nos han quedado callos en las manos sino que yo al menos todavía ando un poco deslomado, por no mencionar la resina que quedó en la ropa y que ya veremos cómo sale. ¿Alguna idea?
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Hola Fernando:
    No tengas dudas, los comentarios son mejores que la entrada como bien sabes por tu experiencia en Thinking Soul.
    Esta idea de la vinculación emocional a los resultados me pareció sumamente interesante y poco tratada. Al menos en este caso, fue así y reflexionaré sobre cómo desarrollar este concepto.
    Por otra parte, yus palabras sobre este blog me superan. Desde luego que es tan vuestro como mío porque sin vosotros hace tiempo que hubiera bajado la persiana.
    Muchas gracias por todo y un abrazo ;-)

    ResponderEliminar
  13. Llevo varios años siendo parte activa de equipos de proyecto y realmente... Hay tanto que trabajar en este tema... Somos personas, profesionales... pero sobre todo altamente influenciables por el ambiente y objetivos de cada cual...
    No es fácil...

    ResponderEliminar
  14. A lo largo de mi aún corta vida, me he topado (en el colegio, en la universidad, en el trabajo,...) con no pocas personas realmente incapacitadas para trabajar en equipo, la mayoría de ellas por tener un ego superlativo, y no he podido más que lamentarme por ellas. Envidio, sanamente por supuesto, tu fin de semana a lo joven castor, amigo Josep. ¡Je,je,je! Levantásteis mucho más que una cabaña. :)

    ResponderEliminar
  15. Hola Josep:
    Pues te cuento mi experiencia:
    En mi segunda vivienda tengo un jardín. Me he buscado el lío de reformar unas zonas ajardinadas que me dejaron de gustar cómo estaban. En un primr momento, teniendo claro el objetivo, me puse a desmontar todo aquello. A medida que iba avanzando iba visualizando el objetivo y me animaba cada vez más. Terminada la primera fase de "limpieza" sentí una honda satisfacción: tenía el terreno despejado.
    He tardado tres semanas en comenzar la segunda fase: La de reconstruir. No encontraba el momento. Pereza, mucha pereza. Lo tenía claro, pero no me apetecía empezar. Por fin comencé (y eso que hacía un calor insoportable). No podía parar. Se me agolpaban las ideas. Necesitaba avanzar..., terminar.
    Por fin lo pude dejar. "Hay que dejar algo para el próximo día". Pero me costó. Era una especie de frustración por el ansia de seguir, de seguir disfrutando.
    Pero había que tomar unos vinos, y eso aquí es sagrado.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  16. Hola de nuevo, JJ
    Este comentario, como casi todos los míos, pretende ponerte en duda y ¡vive Dios! que esta vez me lo has puesto difícil. Pues si en otras ocasiones me asistían algunas dudas razonables que acompañaban a la visceral envidia (¡jo, qué bien escribes joío!), en esta he de reconocer que solo me mueve la visceral en la intención de “buscar los tres pies al gato” a tu entrada. Pero a pesar de lo rayano en la perfección de tu escrito me asalta una duda.
    Dices: “...El orgullo de pertenencia no aplicado a un equipo sino más bien a un resultado concreto no sólo es posible sino que es altamente deseable...”
    En una primera lectura he interpretado como distintos el orgullo de posesión y orgullo de pertenencia y me he preguntado: ¿el resultado de mi trabajo es mío o de mi empresa? e intentando responder, he recordado aquella frase de Groucho Marx que decía: “Nunca pertenecería a club que me admitiera como socio” y justo aplicándole el complementario he visto que mi orgullo de pertenencia a un equipo es porque ese equipo es el mejor y es el mejor por sus resultados y sus resultados son los mejores porque su trabajo es el mejor y si yo pertenezco a ese equipo es porque mi trabajo es el mejor y es el mejor porque mis resultados son los mejores y… En resumen que mis “obras” siempre serán mías las compre quien las compre y, por consiguiente, solo me enorgulleceré de pertenecer a un equipo que trabaje tan bien como yo, ergo el orgullo de pertenencia a un equipo es el orgullo de poseer un resultado.
    Desgraciadamente, en muy pocas ocasiones me he sentido orgulloso de pertenecer a un equipo. Sin embargo casi siempre he estado orgulloso de mi trabajo. ¡Ummm! Parece que me he liado como el del chiste…
    En fin, siempre es un placer leerte y de vez en cuando escribirte.
    Un abrazo

    Fali

    ¡ah! Por cierto buscando en google “quitar manchas de resina” he visto respuestas como estas:
    - “pásale, por encima, un trozo de papel de estraza, y plancha la prenda con el papel por encima,... cambia el papel, cuantas veces te haga falta,... te quedada como nuevo...”
    - “raspar la mancha y eliminar los restos con alcohol de quemar o esencia de trementina.”
    - “si cae resina en una prenda de algodón, podrás eliminarla frotando con un paño empapado en un poco de aguarrás o con agua y trementina.”

    ResponderEliminar
  17. Hola Gabi:
    Entiendo tu preocupación. Lo que apuntas sobre lo pernicioso de los objetivos individuales está claro que es el cáncer de cualquier aspiración a trabajar en equipo.
    No creo que eso se produzca necesariamente por mala fe sino por un cúmulo de circunstancias digamos que intangibles que afectan y mucho a la hora de ver cómo se ponen palitos en las ruedas de los objetivos grupales.
    Hay intangibles de todo tipo, desde culturales hasta de intereses personales pasando por los de mala comunicación, pero los hay. Repito, entiendo tu inquietud y sólo quería hacer ver que otro escenario es posible aunque quizá no probable. A lo mejor nos tocó la lotería, quién sabe.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  18. Hola Domingo:
    En efecto, levantamos más que una cabaña y lo mejor es que creo que todos somos conscientes. Pero otra cosa te digo, a mi edad, eso de los fines de semana en plan joven castor no creo que se vuelva a producir en el corto plazo. A lo sumo, remachar alguna junta defectuosa.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  19. Hola Javier:
    Por lo que cuentas, en tu caso el equipo era de uno, así que mal se nos tenía que dar para no estar vinculado al objetivo jeje.
    Por otra parte, veo normal que después de la fase uno te diera pereza empezar con la dos porque una vez conseguido el objetivo parcial se produce una relajación digamos que "post coitus" de la que cuesta reponerse y si además estabas convocado para "algo sagrado" para qué quieres más.
    Nada, nada, a ver si puedes delegar parte de la segunda fase y te pones en modo de dirigir, impulsar y motivar que mola cantidad.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  20. Hola Fali:
    omentario denso el tuyo, que se agradece. Por mi parte, trataré de sintetizar.El resultado de tu trabajo es tuyo aunque se beneficie tu empresa que te paga por ello quedándose ella un diferencial que se llama margen bruto.
    Dicho esto, un aspecto interesante es el que apuntas cuando dices que obtienes satisfacción y orgullo de pertenencia a un equipo si reconoces mérito en los demás miembros. Es que es muy difícil sentir orgullo de pertenencia si no reconoces mérito en los demás, aunque casi nunca podamos formar un equipo con quienes nos gustaría. Por eso se dice que los resultados de un equipo son buenos si son superiores a los de la suma de la aportación individual de cada uno de sus miembros. Si el resultado es 1+1=2 la verdad es que eso, de equipo tiene poco, aunque peor es que 1+1 ni siquiera alcance 2. Entonces hay un problema de narices.
    Muchas gracias por las sugerencias quita resina que trasladaré al departamento logístico de mi unidad familiar para su evaluación.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  21. Aunque no he participado hasta ahora, sigo tu blog desde hace unos meses. Llegué a él por casualidad, no porque buscara información sobre nada sobre lo que versa este blog, y sin embargo coincide en el tiempo con haber empezado un curso sobre "Técnicas de dirección de equipos", cosas de la señorita casualidad.
    Me surge una duda: ¿es posible que un equipo funcione bien si sólo existe una implicación racional?
    Gracias por compartir tus conocimientos en este blog

    ResponderEliminar
  22. ¡ Hola Josep !

    Para no enrollarme demasiado, te envío por mail un -modesto- regalo; es un libro mío que publiqué hace años sobre estos temas. Nota: si no te lo lees, no me ofendo :) Seguiré disfrutando de tu magnífica prosa :)

    ResponderEliminar
  23. Hola Antonio:
    Sé bienvenido y siéntete como en casa. Respecto a la cuestión que planteas la respuesta es claramente sí. Hay equipos (pensemos en los superespecializados como esos que taponan fugas de petróleo o comandos) en los que la aplicación de la racionalidad, incluso como único ingrediente es esencial. Si yo necesitara de uno de esos equipos, no lo dudaría. Sería eficaz, orientado a la acción y al resultado y no se vería afectado en nada en el resto de cualidades de un equipo de alto rendimiento (flexibilidad, reconocimiento y aprecio, etc.) De hecho, ese sería el típico ejemplo de orgullo de pertenencia no aplicado a un equipo (personas) sino más bien a un resultado concreto. Para mi gusto le faltaría mayor carga emocional, pero esa ya es otra cosa.
    Para no enrollarme más en tan poco espacio, creo que ya te he contestado.
    Hasta pronto.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  24. Hola jd roman:
    Recibido y sumamente agradecido por el regalo. Y sobre todo, gracias por pasarte.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  25. Me ha encantado este "post", esta bonita vivencia sobre el liderazgo emocional.

    Mi actual trabajo tiene este componente que has descrito "Pasa de ser “lo que se les ha ordenado hacer” a lo que “han sentido que debían hacer". Cuando trabajas así, estás lleno de energía, aún cuando el cuerpo esté cansado, hay algo, llámalo pasión, entusiasmo o mecha prendida, que te mantiende encendido y creativo. Trabajando así estás más allá, mucho más allá, de los resultados inmediatos, sigues tu visión, con fe plena en lo que estás creando.

    Encontrar algo que prenda nuestra mecha interna así, que nos haga trabajar de esta forma tan bonita, construyendo vuestra cabaña, o crear una empresa como es nuestro caso, es a mi parecer, la forma de superar la crisis, y llegar a una buena prosperidad.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  26. Hola Josep,
    Una vez más, llego tarde y está todo dicho (y además muy bien dicho) pero ... es igual. De tu post escojo sobre todo la reflexión sobre el orgullo de pertenencia aplicado a la tarea, más que al equipo en sí. El objetivo del trabajo en equipo no es lograr la cohesión. Ësta es el medio para alcanzar el resultado deseado. Lo demás sería esfuerzo inutil.
    Coincido contigo en que el factor emocional es deseable, sobre todo porque nos da satisfacción personal y nos ayuda a seguir implicándonos; pero por si misma, creo que no determina necesariamente la eficacia del equipo.
    Lástima que no hiciérais la foto de la cabaña. Nos quedamos con las ganas de verte disfrazado de leñador ;-)!!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  27. Yo peco de ser demasiado racional, y bien que lo siento. Creo que lo más importante es descubrir la inteligencia de las emociones, cosa no tan fácil, aunque ejemplos como el de tu pasado fin de semana es estupendo para comprender que pocas cosas son tan satisfactorias como poner tu granito de arena para levantar un castillo, por modesto que pueda resultar.

    Por cierto, tu magnífico artículo me ha recordado la película española titulada 'La torre de Suso'.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  28. Saludos a todos. El tema del liderazgo aparte de lo inmoral que resulta en estos días, talar noventa árboles, resulta ya tan recurrente que provoca cierta confusión. No creo que se trate de hacer gallo del pollo que vive en mi, en ti o en el otro. Los gallos por lo general se creen su papel, ingenuos ellos. Yo creo más en la capacidad de puesta en común sin gallos. Callar, oír y poner en común es una buena formula. ¡¡Menos gallos y más pollos¡¡. Por cierto que a mi, hace un par de días, que la "fundación" nos regaló una esfera con una semilla para plantar un árbol. Unos talan y otros plantan, ese debe ser el desequilibrio del que hablan. Es un decir claro. Saludos, calor y calma chicha.

    ResponderEliminar
  29. Hola Manuel:
    Me ha gustado mucho el enfoque que le has dado a tu comentario, de verdad. No sé si has visto la película Fish que lurgo dio paso al libro del mismo título pero ese espíritu que describes es el que subyace. Pasión por lo tuyo se supone, pero pasión por algo que no es tuyo pero haces tuyo es lo que casi nunca se consigue o sí.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  30. Hola Astrid:
    Me alegro que suscribas mi punto de vista en relación a la vinculación al resultado. Un equipo donde haya muy buen rollo pero que no obtenga resultados es muy preocupante excepto que su objetivo sea hacer costilladas los domingos.
    El factor emocional, digámoslo así, es un plus de valor porque lo contrario se convierte en una mecanización eficaz que aunque es deseable en algunos casos a mì no me pone tanto.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  31. Hola Fernando:
    Me ha gustado mucho tu comentario y sobre todo el sentido que le has dado. La Torre de Suso fue una imagen que me acompañó en todo el proceso constructivo, lo reconozco. Y además, también me pareció una magnífica peli llena de simbologías.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  32. Hola navegante:
    Hombre, a mi me gustan las metáforas pero esta que nos propones no se me habría ocurrido. Si me dices que la tala fuera indiscriminada, vale, pero es que había una densidad de pinos que hacía que todos crecieran raquíticos y que empobrecieran el suelo. Pero si quieres me puedes mandar el cepellón que te regalaron y lo planto delante de la puerta para verlo todos los días mientras crece.

    Salud y buen viento navegante.

    ResponderEliminar
  33. Mi enhorabuena por esa buena colaboración,aunando esfuerzos en la construcción de la cabaña..Eso se llama renovar la memoria primigenia de las raíces,a veces olvidadas,del sentimiento..!!

    Mi abrazo grande,Josep.
    M.Jesús

    ResponderEliminar
  34. Hola María Jesús:
    La verdad es que algo de lo que dices también hubo. Hacer las cosas como los pioneros siempre tiene algo de vuelta a los ancestros, lo tengo claro... y me gusta.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  35. looolaaaaaaamkcnjnbkfvjjghdvhnjvbuipsfidfofjdjufhnnnnnnnnjkdljflñkfshnfiojbiofbjmnufbejgkfopsjfhoññlvbkdjfhlflkds´pfpw'eo4958764327u8egbgnhklrnpakmfkigwf b4gjrgbrshdhdogmrkipr oqjfpenfgebddf cklvhnee b bdjbdbfbdkjbjdfnjkdbhjkd ncxserhfwq2wergtdzaq<zsgfdeaswsxdxzawsSWAQSSEAWQWEDRESWWç+`pñ-`poiuytrftgvbntredfgfrewqaQQASDFGTREWAQZSXAasdfgytrefgvhbtrfgvbfrdcv

    ResponderEliminar