5 de abril de 2011

Cuerpo y mente

En nuestras manifestaciones sociales utilizamos una serie de recursos más amplios de lo que solemos imaginar. La palabra es aquello que surge de nuestro interior como producto final después de haber filtrado un sinfín de elementos. Estos elementos podríamos agruparlos en valores, creencias, emociones y estados de ánimo, de suerte que lo que decimos está conformado por todo ello y al mismo tiempo.

Desde aquí, el observador puede reconstruir cada una de esas partes independientes que nos dan informaciones que a veces pueden ser contradictorias. Por ejemplo, cuando decimos que queremos hacer algo no es del todo seguro que estemos dispuestos a ello. Es más, a veces es probable que digamos lo contrario de lo que creemos.

Tomemos un ejemplo. Si yo quiero tomar una acción proactiva que implique una ruptura con mi tendencia natural de comportamiento, no seré creíble si antes no he modificado mis creencias al respecto. Todos tenemos creencias, eso no lo dudamos, aunque a veces sucede que son las creencias las que nos tienen a nosotros. Si creo que no debo ser demasiado directo al expresarme, por mucho que manifieste que quiero hacer lo contrario nunca lo lograré. El observador debe asegurarse de la sincronía entre mis manifestaciones externas y mis creencias internas.

Otro ejemplo. Si decido buscar pareja porque considero llegado el momento vital oportuno pero mis creencias íntimas dicen que nunca estaré mejor que ahora que soy libre, que la vida en pareja está sujeta a un montón de restricciones o si mi aversión al compromiso se mantiene estable, es sumamente difícil que la encuentre o que ni siquiera me ponga en serio a buscarla.

Desde un punto de vista ontológico una cosa es lo que manifestamos ser o querer ser y otra muy distinta lo que estamos siendo. Y esto no se ve sólo con las palabras que pronunciamos sino con la actitud de nuestro cuerpo. El lenguaje no verbal nos delata mucho más de lo que imaginamos y a esto le llamamos cuerpo. El cuerpo y la mente son cosas distintas que, cuando se manifiestan de forma asíncrona, nos delatan.

Si digo que estoy fenomenal pero mi aspecto es abatido, malo. Lo que solemos llamar sinceridad tiene dos lecturas, la de quien dice ser sincero y la de quien percibe si somos sinceros. La fórmula más habitual que tenemos los observadores de percibir si esa sinceridad es creíble es precisamente comparando lo que dice nuestro cuerpo y nuestra mente a través de la formulación de palabras. Y este es un proceso automático que genera juicios inapelables.

Volviendo al principio, las manifestaciones interiores creemos que no son visibles desde el exterior simplemente porque no las verbalizamos. Error. Considerar que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras es una verdad tan matizable que casi logra no ser verdad, pero para eso necesitamos que el observador esté atento, que tenga memoria o las dos cosas.

Si está atento y ve poca credibilidad en las manifestaciones no generará expectativas. Si por el contrario, lo que tiene es memoria y el tiempo viene a contradecir esas manifestaciones que se presumían o asumían como sinceras, en otras palabras, si las expectativas generadas no se cumplen, entonces lo que se genera es desconfianza.

Por ejemplo, una entrevista de selección de personal es un buen ejercicio de atenta observación. Los candidatos descartados una vez comprobado que, en principio, cumplen los requisitos lo son porque el observador ha detectado desincronía entre lo que el candidato manifiesta ser y lo que el entrevistador percibe que es. No confía en él pero no genera secuelas.

Ahora bien, si el candidato es admitido y el paso del tiempo demuestra que no era adecuado para el desempeño de las tareas encomendadas, tenemos un problema mucho más serio porque al incumplir las expectativas ha generado desconfianza y acabará siendo despedido.

Este equilibrio entre cuerpo y mente es una de las tareas de un coach que aquí se presenta a modo de introducción y que iremos desarrollando en posteriores entradas.

12 comentarios:

  1. Me gusta y apetece que te metas en este terreno. ya sabes que no soy del "gremio", pero me gusta observar a la gente dentro y fuera del trabajo. Es muy cierto que muchas veces hay una gran diferencia entre lo que decimos y lo que realmente pretendemos. Incluso me atrevería a decir que inconscientemente nos damos cuenta tanto los unos como los otros. Por eso muchas veces ni se lo reprochamos.
    Buen aperitivo.
    Un saludo.

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  2. Has empezado muy bien el "Day after".
    Yo diría en palabras más de andar por la calle que nadie da lo que no tiene, y los argumentos se acaban cayendo al suelo. Lo primero de todo es ser consciente de lo que quiero y pretendo y luego ser consecuente con ello, porque una cosa es predicar y otra dar trigo.
    Pero hay personas que no lo tienen claro y hay que hacerles la cuenta que el equilibrio entre lo que pienso y digo tiene que estar en cosonancia con lo que pretendo y quiero hacer.
    Un tema muy actual.
    Un abrazo Joseph

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  3. Consecuencia en pensamiento, palabra y obra= hombre centrado, integrado y.... ((trabajo nuestro)).

    Un abrazo

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  4. ¡Cómo se nota que has disfrutado en las profundidades del coaching! Lo que cuentas me recuerda a lo que decía Whitmore: "Los problemas se deben resolver en el nivel que está por debajo de aquel en el que ocurren"

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  5. Hola Josep:
    Yo creo que esta frase que nos dejas lo resume perfectamente.

    "Aunque a veces sucede que son las creencias las que nos tienen a nosotros".

    Y como nos tienen, luego pasa lo que pasa, que nuestra nivel de coherencia y cumplimiento de expectativas no se ajusta a la realidad y de ahí la desincronía. Raritos somos....

    Un abrazo

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  6. Hola Javier:
    Me alegro que te guste el aperitivo. A ver qué pasa con los platos que siguen. Respecto a lo que dices, yo también creo que tenemos una especie de sexto sentido para detectar desincronías que delatan, así que muchas veces estas maniobras no pasan desapercibidas. Un observador profesional saca más jugo porque es capaz de ponerlo en relación.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

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  7. Hola Katy:
    Lo que digo y lo que hago o pienso es un mundo inabarcable que explica el trasfondo de la naturaleza humana. Pero este tema da para mucho y seguiremos visitándolo.
    Muchas gracias por tu comentario y estímulo.
    Un abrazo.

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  8. Hola Myriam:
    Bonita fórmula la que nos propones.
    Un abrazo.

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  9. Hola Alberto:
    Muchas gracias por tu comentario. Me lo he pasado como un enano y lo mejor de esto es que cuanto más sabes más consciente eres de que eres un simple aprendiz.
    Un abrazo.

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  10. Hola Fernando:
    Esa frase que entresacas se la debemos a Ortega y Gasset (no sé a cuál de los dos jeje) lo que demuestra que no estamos hablando de "ideas ocurrentes de la era new age".
    Muchas gracias por tu comentario aquí y en twitter.
    Un abrazo.

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  11. Hoy estoy espeso, Josep, lo volveré a leer mañana con más calma.
    Cuidate

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