14 de julio de 2009

Elogio de la rutina


(En 1897 en este lugar no ocurrió nada)
Si alguno de vosotros pasea por las calles del Greenwich Village de Nueva York se encontrará con multitud de placas como esta en las fachadas de las coquetonas casas rememorando hechos más o menos famosos o recordándonos que allí nació, vivió o murió tal o cual personalidad. Es una costumbre que los norteamericanos heredaron de los ingleses y que luego hemos seguido prácticamente en todas las ciudades con mucha o poca historia que contar. Pero hete aquí que un avispado vecino del Village mandó colocar esta placa en la que anunciaba que, precisamente en ese año, no pasó nada memorable y lo celebraba.
La rutina, la ausencia de noticias reseñables, por lo general no está bien valorada dando la sensación de que es sinónimo de vida aburrida y sin altibajos. Craso error. La rutina es una magnífica aliada. Cuando nos dislocamos un tobillo y tenemos que andar unas cuantas semanas con muletas durante las cuales ni siquiera podemos ducharnos con normalidad ¿no añoramos la rutina de tener libertad de movimientos? Cuando pasamos una situación más o menos angustiosa ¿no suspiramos deseando que la vida vuelva a la normalidad cuanto antes? Cuando durante el mes de agosto vamos a comprar la prensa a nuestro quisquero habitual y nos encontramos con el letrero de “cerrado por vacaciones” ¿no nos entra una creciente impaciencia porque regrese de una vez y no nos obligue a caminar no sé cuántas manzanas más?
La rutina tiene mala prensa, pero en el fondo es el estado por el que muchos nos envidian y que desdeñamos hasta que la perdemos, como tantas otras cosas. Podríamos definirla como la ausencia más o menos constante de sobresaltos o achaques que nos obliguen a cambiar nuestros hábitos de vida. Es tan conservadora en su apariencia como progresista en su esencia, tan lineal como necesaria, tan ordinaria como accidental, tan insulsa como confortable.
Nada funcionaría sin ella: el transporte público, la generación de energía, el ciclo de sueño y vigilia, los horarios de comida, los días de paga… Entonces ¿por qué razón tiene tan mala prensa? Porque nos empeñamos en entender sistemáticamente que lo que hay que hacer es romperla. Bien, perfecto. En ese caso ¿nos lanzamos a bajar apresuradamente los bordillos de las aceras a ver si logramos dislocarnos un tobillo, nos empeñamos en meternos en callejones oscuros a ver si nos atracan, renunciamos a cobrar nuestro salario para sentir nuevas sensaciones, comemos y dormimos cuando tengamos hambre o sueño y dónde nos venga en gana? Ah, bueno. En ese caso, bendita sea la rutina ¿no os parece?

41 comentarios:

  1. Me sumo a tu elogio, pero le adjunto un epíteto mas: bendita rutina consciente.
    Fundamentalmente por que la consciencia es la que nos permite realizar aquellos cambios cuando son necesarios, es la que nos permite evitar aquellos fallos por "rutinarios" y es la que nos permite evolucionar cuando "nos damos cuenta" "somos conscientes" de que nuestra rutina ya está devaluada, ya no se ajusta a nuestras necesidades.
    Sencillamente es aplicar la filosofia budista del "darse cuenta" de lo que hacemos "automaticamente" para corregirnos en caso necesario. Supone un gran esfuerzo, una gran concentracion y un inmenso trabajo por lo que, lo digo por experiencia propia, acabamos introduciendo nuevamente el piloto automatico y asi nos luce el pelo.

    ResponderEliminar
  2. Magnífico post Josep Julian. Me ha gustado mucho el enfoque. A veces no nos damos cuenta que la rutina es necesaria y, de alguna manera nos equilibra. Yo la rutina la veo de forma positiva cuando es aceptada por nosotros y forma parte de los procesos que creamos y negativa cuando es obligada.

    Gracias por el post. saludos

    ResponderEliminar
  3. Muy bueno, Josep.
    En ocasiones, un poco de tranquilidad y de sosiego, de certidumbre, nos viene bien, y la rutina nos aporta todo esto; demasiados cambios, incertidumbre, desconocimiento del futuro a corto plazo, generan estrés, despistes, errores...

    Interesante lo del cartelito, jeje, nothing happened, a veces qué más quisiéramos, eh?

    Un abrazo
    Pablo Rodríguez

    ResponderEliminar
  4. Hola, Josep.
    Enhorabuena, de nuevo, por el post. Me sumo a lo que comenta Maite. No obstante, la tendencia natural es a la ejecución inconsciente de las cosas en la mayoría de las ocasiones. Y ocurre que, de forma también natural, el afán de nuevas sensaciones resta valor al sentido lineal que tiene la rutina, incluyendo la seguridad que aporta. Pero todo depende de las expectativas porque en ocasiones (sólo en ocasiones), la rutina y su seguridad están en contraposición a nuestras aspiraciones. Cuando una persona no está contenta con su trabajo porque lo considera "rutinario", normalmente la obligación va a restar valor a los elementos positivos que esta aporta (por lo general, la seguridad, pero también la pertenencia, las relaciones, el aporte de experiencia, etc.) e incrementar los negativos. Así, esta persona quizá deba reposicionar sus expectativas cuando no tiene opción a cambio y ejercerá lo que llamáis esa "rutina consciente". Ahora bien, si las opciones al cambio permiten generar expectativas reales, esos elementos positivos ya carecen de valor.
    De modo que, en función del punto de vista desde el que se mire, la rutina será una bendición o un encadenamiento psicológico. Y es que el hombre no siempre es un animal de costumbres.
    Un abrazo, Josep.

    ResponderEliminar
  5. Hola Maite:
    Admitido lo de "bendita" y "consciente". Lo que se quería destacar en esta ocasión es que la rutina tiene efectos positivos sin los cuales no podríamos vivir.
    Muchas gracias de neuvo por tus contribuciones.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. Hola Fernando:
    Me alegro de que te haya gustado el post. La rutina negativa a la que te refieres también existe y es la que nos conduce a un bucle tóxico. Tú lo planteas muy bien en tu ejemplo. Pero me alegro de que coincidamos en que no toda es mala sino incluso buena. Preguntémosle a nuestro corazón qué opina de la rutina de su bombeo.
    Muchas gracias por tus puntos de vista y hasta pronto.

    ResponderEliminar
  7. Hola Pablo:
    Me parece que hoy hemos escrito post complementarios, así que a lo mejor es que algo flota en el ambiente en relación a este tema.
    Efectivamente, la paz y el sosiego se logran a base de aplicar principios de (buena) rutina.
    Lo de la placa es de nota, aunque no me extraña porque al parecer en ese trozo de calle pasó de todo. Quién sabe, a lo mejor la mandó colgar un estóico.
    Un abrazo y hasta la próxima.

    ResponderEliminar
  8. Hola Germán:
    Magnífica contribución la tuya por la que también te doy la enhorabuena. Señalo la relación que estableces entre rutina/seguridad y expectativas tema éste que sabes que me interesa mucho y sobre el que ya hemos posteado en el pasado reciente.
    En la naturaleza de la mayor parte de las expectativas (exceptuando aquellas de virgencita, que me quede como estoy) hay un componente de ruptura de rutina y eso nos hace avanzar pero nadie avanza sin tomarse un descanso. Es lo que llamamos zona de confort y en ella lo que prevalece para que sea realmente de confort es el establecimiento de una (nueva) rutina y así sucesivamente.
    Muchas gracias de nuevo y hasta pronto.

    ResponderEliminar
  9. Hola Josep:

    Muchas veces cuando hablamos de rutina nos empeñamos en unirla a "aburrimiento", "falta de actividad" o "reposo".

    Pero no es así, hacer algo por rutina es "el hábito de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas" según dice la RAE.

    La rutina puede ser agotadora o relajada, frenética o aburrida, por ejemplo, ser médico en una UCI móvil puede ser agotador y estresante, pero si todos los días haces lo mismo termina convirtiéndose en rutina.

    Nos pasamos el tiempo deseando lo que no tenemos. Si nos llueven los problemas pedimos a gritos ¡Quiero estabilidad! y cuando la consigues, piensas "Todos los días lo mismo, quiero un cambio". En cambio, cuando recuerdas el periodo inestable dices "Virgencita, que me quede como estoy". Bueno, también hay quien dice "Necesito emociones fuertes" y se dedica a hacer puenting.
    Una gran ventaja de la rutina es el "presunto" control que tienes sobre la situación o tarea a desempeñar. Cuando alguien trabaja por rutina, no tiene que pensárselo, actúa. Es como escribir ahora mismo, no hay teclas, son mis pensamientos a través de mis dedos, no soy consciente del teclear, pero lo cierto es que aparece en pantalla.
    Cuando acometemos una nueva tarea ¿cuánto daríamos por tener esa "seguridad" que te aporta la rutina? No tener que revisar cien veces, no dudar.
    El único problema de la rutina es que, la falta de atención, nos deja tiempo para cavilar y, a veces, ésto nos provoca equivocaciones, tanto de obra, como de pensamiento.
    A mi me gusta la rutina pero aliñada con capacidad de asombro, que me permita leer un libro y emocionarme, mirar a un niño y sonreir, quedarme embobada siguiendo el vuelo de una mariposa o escuchar a Punset y decir "Caramba, qué interesante".

    Excelente post, amigo Josep J.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  11. Hola María:
    Hay que ve qué interesante comentario has aportado. Me detengo en esa parte final cuando dices que deseas que tu rutina no te inhiba la capacidad de asombro y eso está muy bien.
    Tal y como yo la entiendo la rutina tiene un ingrediente interesante y es que nos mantiene en una especie de estado beta en el que se bajan las defensas ante presunta agresiones y nos permite desplegar capacidades como por ejemplo la de asombro que cuando estamos en tensión no captamos porque tenemos que estar pendientes del "peligro".
    Me ha gustado mucho tu contribución y espero que también sea un elemento más de debate.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Hola de nuevo, Josep J.:
    Tu respuesta a mi comentario anterior me ha hecho recordar una conversación "instructiva" que mantuve hace poco.
    Mientras miraba algunas imágenes de ese concurso de Tv donde han enviado a unas familias a convivir con distintas tribus, pregunté en voz alta:
    "Si todos partimos del mismo antepasado ¿qué ha ocurrido para que algunos hayan alcanzado la tecnología y otros se hayan quedado en una existencia simple y primivita?".
    Luis me respondió, recordándome las clases de historia del instituto.
    "Las llamadas grandes civilizaciones surgieron cuando grupos de personas se establecieron en los valles. Sin que ésto supusiera estar falto de contrariedades, proporcionó el desarrollo de la vida sedentaria, con la agricultura y la ganadería. Con los graneros llenos y la "caza" domesticada, el Hombre empezó a tener tiempo para pensar, detenerse en la observación, experimentar cosas nuevas. El resto de grupos humanos que quedaron en zonas donde proveerse de alimento era difícil, se especializó en sobrevivir, simplemente".
    Entonces le repliqué y dije "Ahhhh y ¿qué me dices del Amazonas? Tienen agua, comida, animales y aún así hay tribus que continúan en su propia Historia".
    La respuesta fue contundente.
    "El Amazonas es una de las excepciones, simplemente, porque sólo tienen que extender la mano y coger un fruto, o apuntar con su flecha y atrapar un animal. Vamos, para que me entiendas, que no han "evolucionado" porque no les hace falta, tienen de todo lo que necesitan ¿para qué estresarse?".
    Me quedé pensando un momento, dándole vueltas al asunto y asentí.

    Cubrir las necesidades básicas cuando las condiciones no son favorables es una labor frenética, estresante y que no da tregua para pensar "más allá".
    Por el contrario, si todas las necesidades básicas están cubiertas no hay motivos para investigar, ni analizar otros factores. Todo está dado, todo está hecho.
    Por tanto, una fase de rutina, donde exista la estabilidad necesaria pero donde seamos conscientes de nuestras debilidades nos hace pensar, investigar, desarrollar y poner en prácticas otras opciones.
    En definitiva, la rutina es el momento que deberíamos usar para, sin estar agobiados, planificar o diseñar nuestro crecimiento personal, laboral, familiar o humano.

    Josep J. perdona por extenderme tanto y usar tu espacio tantas veces, pero quería compartir ésto con todos, por aquello que "sea un elemento más de debate".

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Hola Josep, mucha gente considera la rutina como esa carcel diaria donde estamos encerrados, y de la que siempre estan haciendo planes de fuga.
    El ejemplo más claro se da ahora en verano, suspiramos con la vacaciones, para "romper" nuestra rutina diaria, y al final que hacemos , cambiarla por otra; coger sitio en la playa, comer la paella en el chiringuito, deambular como sonámbulos por el paseo marítimo del rigor, o ir a visitar los sitios más peregrinos.
    Somos animales de constumbres, el problema es que no lo queremos reconocer.
    Estoy contigo, ¡rutina forever!.
    Un placer visitarte.
    Saludos

    ResponderEliminar
  14. Hola María:
    No tienes que pedir perdón por nada porque ya sabes que aquì siempre eres bienvenida. Qué sería esto sin debate y la exposición de razonamientos matizados.
    Esta visión antropológica de la evolución de las sociedades ligada a la rutina me ha parecido muy ilustrativa porque entonces la sociedad del bienestar sería la máxima expresión de cuanto dices.
    Avanzamos en el debate.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  15. Hola J. Carlos:
    En el fondo a lo que aspiramos es a cambiar de escenario pero para establecer otra rutina, tienes razón. Excepto los que se deciden por las vacaciones de aventura, la mayoría optamos por esto. Y ahora que lo dices me doy cuenta de que en quince días es lo que voy a hacer. Bueno yo y unos cuantos millones más.
    Saludos compañero.

    ResponderEliminar
  16. Buen post, si señor.

    El caso es que lo rutinario, lo que se hace sin pensar, aquello para lo que la neurona -sólo me queda una, pero gorda, muy gorda- no se desgasta lo más mínimo, se me antoja aburrido, triste, tranquilo y sereno.

    En algunos casos necesitamos de la rutina para encontrar eliquilibrio y sosiego. En otros, precisamos de lo nuevo, del sobresalto, de la sorpresa. Creo que va con la persona y quizás, con la edad.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  17. Somos animales de costumbres, eso está claro. Lo que mencionas del tobillo me viene de perilla, porque precisamente hace unos días me lo torcí y con sólo apoyar levemente el pie en el suelo ya veo las estrellas, lo que me obliga a guardar reposo y echar muchas horas en casa. Mi rutina, que en estos tiempos de vacaciones era ir a la piscina y cultivar mi pasión por la fotografía, se ha visto pues truncada y ahora ni te imaginas cómo hecho de menos la rutinaria dinámica que me había montado. Uno no valora las cosas hasta que las pierde, está visto. Y otra situación que ha venido a romper mi rutina estos días más si cabe es la estancia en casa de mis primas pequeñas, cuyo alboroto impenitente ha destrozado mi confortable y organizado hábitat. Vamos, que sí, que bendita rutina. A ver si vuelve pronto, porque la echo de menos.

    ResponderEliminar
  18. La rutina tiene distintos colores y matices como el arco iris..Tenemos la rutina azul y relajada.La viva y apasionada,tiempo para crear y amar.La grisácea e incolora,que nos aburre y estanca. La morada que nos incita a pensar y reflexionar.La verde-azul que nos llena de esperanza e ilusión..
    Lo importante es reconocer qué tipo de rutina nos mueve o nos paraliza..Porque la rutina es hermana de la costumbre y ésta requiere revisión y renovación de vez en cuando.

    ..A mi también me encanta el otoño y ver llover..

    Un abrazo,amigo.
    M.Jesús

    ResponderEliminar
  19. La rutina como la alteración de ella no es buena en exceso, como casi todo en esta vida. Lo que es malo es el aburrimiento, el tedio que produce el dejarse encasillar en la bendita rutina ( como tú bien dices)y dejar que el pensamiento se duerma. Habrá que descubrir nuevas rutas que nos lleven a la misma meta, pequeños trucos que no nos alteren demasiado, que nos permitan seguir sin ese temor tan especial a los cambios.
    Me gustó tu entrada...Un abrazo

    ResponderEliminar
  20. Las buenas rutinas, como el afecto, merecen ser cultivados, así como las malas desterradas.
    Entre mis rutinas esporádicas (porque las hay diarias)encuentro el placer de pasarme por tu blog y leerte.
    Saludos Josep.

    ResponderEliminar
  21. Hola epampliega:
    El elogio de la rutina poco tiene que ver con lo aburrido y triste sino con el seguimiento sistemático de unas pautas que en sí son una bendición y lo son por la sencilla razón de que cuando las perdemos las echamos mucho de menos. He citado sólo algunas pero seguramente la lista podría ser interminable.
    Lo que da equilibrio y sosiego es precisamente aquello que está comprendido en la zona de confort que se caracteriza precisamente por el seguimiento de unas pautas rutinarias en este caso placenteras. Sólo cuando esto nos aburre buscamos el sobresalto, la sorpresa precisamente en busca de un nuevo estadio de confort.
    Voy a poner un ejemplo en la moda. Hace diez años se produjo un hecho rupturista: las chaquetas de los trajes pasaron de tener dos botones a tres (ruptura, sobresalto, cambio de trajes). Hoy es rutinario que lleven tres botones y quizás haya que buscar un nuevo estímulo que cuando llegue se convertirá en un estandar, es decir, en rutinario ;-).
    Paso por alto lo de la edad, por alusiones je,je.
    Muchas gracias por asomarte y compartir. Ya sabes que siempre eres bienvenido.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  22. Hola Domingo:
    A ese tipo de rutina es a la que elogio. Yo mismo he pasado recientemente por el trance del tobillo dislocado y te comprendo perfectamente. Lo de tus primas es otro buen ejemplo pero lo bueno es que ambas cosas se solucionan con el tiempo y mientras tanto puedes dedicarte a escribir que tambien lo haces muy bien.
    Un saludo y que te recuperes.

    ResponderEliminar
  23. Hola María Jesús:
    Es lo que tú dices, hay rutina buena, mala ¡y hasta de colores, como las cortinas! Y por mucho que nos gusten llega un momento en que sentimos la necesidad de cambiarlas. Muy buen ejemplo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  24. Hola M.:
    Es verdad que los cambios nos asustan un poco pero también suele decirse que es lo más rutinario que existe porque estamos siempre en ello. Cuando no hay cambio llega el tedio, pero no lo cambiamos todo de golpe, es decir, nos centramos en algunos aspectos y el resto lo dejamos (por el momento) como está. Ese resto es o bien la zona en la que nos encontramos a gusto (zona de confort) o aquella para lo que no disponemos de medios, tiempo o recursos para hacer frente al cambio.
    Un abrazo también para ti.

    ResponderEliminar
  25. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  26. Hola Daniel:
    El placer es mío por volver a verte por aquí. Lo has descrito perfectamente, así que poco tengo que añadir.
    Un saludo afectuoso.

    ResponderEliminar
  27. Comparto el argumento, la rutina en efecto es el motor genuino, representa la continuidad, la secuencia, la regularidad, la seguridad. En cualquier procedimiento, la rutina es lo que nos garantizará que éstos concluyan con normalidad. No obstante, en la actualidad, la gestión tanto en el aspecto profesional como en el judicial, o social, se vinculan con mucha más pasión a todo aquello que es inusual, extraordinario, singular, etc... hay cierto descontrol en el diseño de las cosas, cierta celeridad y siempre o casi siempre estamos metidos en medio de alguna rutina-excepcional, dejando para contadas ocasiones lo que debería ser el modo común de acometer nuestras acciones. Vamos que vivimos en un ¡ay¡ permanente.

    ResponderEliminar
  28. Precisamente con este artículo no estoy de acuerdo, cuando lo he leído, he pensado mira piensa como mi marido que Elogia la rutina es más cuando llega el fin de semana comenta que por él eliminaría sábado y domingo increíble!!! Yo soy todo lo contrario detesto la rutina!! Intento que cada día sea o resulte diferente del anterior, pero…..sólo lo consigo en vacaciones……..y después…la rutina!!!!

    ResponderEliminar
  29. Hola Denavegantes:
    Me gusta el tono que le has dado a tu comentario. Eso de vivir en un ¡ay! permanente es lo contrario al sosiego que precisamos para hacer montones de cosas a diario.
    Un saludo navegante.

    ResponderEliminar
  30. Bienhallada Claudiña:
    Me encanta que me lleves la contraria porque en eso consiste el debate. Vamos, que lo que yo digo para nada tiene que ver con lo de eliminar el sábado, el domingo y las fiestas de guardar como sostiene tu marido. No, no, esas fechas son para romper la rutina y hacer otras cosas...rutinarias (levantarse más tarde, desayunar con calma, leer el periódico, salir a dar una vuelta y tomar el aperitivo, comprar los pasteles para los postres, hacer una siesta como Dios manda...)

    ResponderEliminar
  31. Muy buen artículo, tan bien razonado como expuesto. Demasiado a menudo no solemos valorar la rutina, sobre todo si ésta es placentera. Por desgracia somos tan tontos que sólo apreciamos lo que tenemos cuando corremos peligro de perderlo. De todas formas, también hay formas positivas de romper la rutina, no todo va a ser dislocarse un tobillo ;-)

    ResponderEliminar
  32. Genial reflexión si señor.

    La rutina, la monotonia, lo cotidiana acaba por convertirse en tedioso, por muy innovador que sea.

    Lo de cambiar de móviles de 3 o 4 o sucesivas generaciones ya se está convirtiendo en un cansancio y ya hay una empresa que ha sacado un movil que solo llama, recibe y manda mensajes (sin cámara, rdio, mp3,..), que por otra parte es lo suyo.

    La gente entiende que lo nromal es acambiar dos veces al año de movil, y lo ha cogido por rutina, cuando es completamente lo contrario.

    La rutina y los hábitos contribuyen además muy mucho a restarle valor a las cosas y eso es algo que no se deberái de permitir.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  33. Jajajaja, magnífica reflexión.
    Aunque sin llegar a los extremos de lo del tobillo, un poco de vidilla a veces también anima el cotarro.

    ResponderEliminar
  34. Hola Josep..., ¿sabes...?, a este post tuyo le falta una foto mia. Ya comenté en alguno de mis escritos que he pasado toda mi vida en mi calle, nací, me crié, crecí, trabajé y tuve un "rollo" en ella, hoy sigo viviendo y trabajando...,soy rutinario, poco dado a sobresaltos o cambios bruscos de rumbo..., pero en el fondo, tus palabras nos indican la realidad de esa rutina que a veces dsquicia a la gente. Tenia una vecina periodista que me dcia que su vida carecia de sentido sin sobresaltos ni tensiones, si no andaba todo el dia en guardia...,se aburria. Como bien dices, la rutina es la normalidad, es la prueba de que todo anda bien, de que nos levantamos y acudimos al trabajo, de que volvemos y nos asomamos al PC a ver como andamos de visitas y comentarios.
    Un vecino me confesaba hace un tiempo. "Pedro, cuando escucho el ruido lejano de tus maquinas por la mañana, me digo..., todo está bien.." Y te apoyo, dejemos de condenar a la rutina y reflexionemos sobre su significado.., aunque admito, que de vez en vez, las sopresas y lo inesperado nos hace espabilarnos y crecer.
    Saludos Josep.

    ResponderEliminar
  35. Hola Fernando:
    Me alegra que te haya gustado este artículo en el que hablábamos sobre la buena rutina tan necesaria para poder desarrollar toda nuestra actividad. A menudo hay que poner ejemplos extemos para demostrar un postulado y lo del tobillo, aunque un poco radical, no me negarás que es un buen ejemplo ilustrativo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  36. Hola José Luis:
    Tu enfoque indica el sinsentido al que a veces llegamos. Coger la rutina de cambir de móvil dos veces al año no sólo resta valor a las cosas sino que las banaliza. Un mal más de la sociedad en la que estamos.
    Muchas gracias por tu aporte y hasta pronto amigo.

    ResponderEliminar
  37. Hola Óscar:
    Bienvenido a esta casa. Parece que lo del tobillo está dando mucho juego je,je. Sí hombre, hay que buscar alicientes pero para romper la mala rutina. La otra ni tocarla.
    Muchas gracias por pasarte y espero verte por aquí de nuevo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  38. Hola Pedro:
    Lo que dices de tu vecino que sabe que todo va bien cuando oye el ruido de las máquinas de tu carpintería me ha parecido un muy buen ejemplo. Cuando yo era pequeño, delante de la casa de mis padres había un taller mecánico. Por la mañana cuando me despertaba para ir a la escuela lo primero que oía era ese ruido monótono de las máquinas y me pasaba como a tu vecino, que me tranquilizaba.
    Hoy mi madre sigue viviendo allí y el taller sigue funcionando. Lo que dice es que los días festivos echa de menos esos ruidos, dice que le falta algo.
    Un saludo y hasta pronto.

    ResponderEliminar
  39. Josep, vengo con algo de retraso, porque estoy a tope de trabajo y me queda poco tiempo para visitar a mis amigos bloggeros, pero como dicen “mejor tarde que nunca”. Interesante planteamiento el que nos dejas con este post. La rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa, les da fronteras y dimensión a la vida. Ningún niño se siente cómodo en una situación en la que no sabe qué esperar. La rutina da una sensación de seguridad. La rutina establecida da un sentido de orden. El marco cotidiano de la existencia de un niño, su espacio familiar, es especialmente importante en su desarrollo porque le aporta un factor de equilibrio y calor afectivo. Desde que son bebes y a lo largo de toda su infancia, los padres podemos fomentar que nuestros hijos adquieran seguridad y confianza en si mismos, y un aspecto básico para lograrlo es instaurando cierta rutina en su vida. Es decir, potenciando que el desarrollo de sus actividades diarias transcurran dentro de un marco lo mas definido posible. Esta reflexión sobre la rutina nos enseña que no es necesario pretender desterrarla totalmente de nuestras vidas, sino que como todo, requiere que seamos selectivos y utilicemos los automatismos para lo estrictamente necesario tratando de prestar atención, para no vivir todas nuestras experiencias funcionando con el piloto automático. La rutina es tan conservadora en su apariencia como progresista en su esencia, tan lineal como necesaria, tan ordinaria como accidental, tan insulsa como confortable. Cuando la rutina agobia, es la señal de la conciencia que indica, que hay que empezar a ser más creativo también con lo cotidiano, implementar ciertos matices ayuda a que el día a día sea más agradable. Cordiales saludos y gracias por tus interesantes aportes.

    ResponderEliminar
  40. Hola Belkis:
    Si cambiamos el término rutina por el de cotidiano, creo que hemos cerrado el círculo de la argumentación.
    Siempre es un placer contar con tu aportación.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar