8 de julio de 2009

Reparación o recambio

En estos tiempos azarosos que nos ha tocado vivir es muy frecuente que a los habituales golpes que nos da la vida se una serie de impactos profundos que como decía un amigo sevillano “nos abollan”. ¿Cuáles pueden ser estos?
Sin ánimo de ser exhaustivos podríamos enumerar los zarpazos del paro, las negras perspectivas económicas, la inseguridad paralizante que produce no ser capaces de hacer planes a medio plazo, la sospecha de que nadie nos cuenta toda la verdad sobre lo que va a suceder, etc. Como veis, motivos sobrados para estar realmente preocupados a los que cada uno puede añadir o sustituir los que le afecten particularmente.
En toda situación de este tipo parece que prestamos más atención a lo que más nos ocupa en el momento. Siempre digo que la mejor forma de curar un dolor de cabeza es darse un martillazo en el dedo, infalible remedio pero la cuestión es que, en realidad, los males se acumulan y no se sustituyen unos por otros.
Es indudable que los daños sufridos tienen un fuerte impacto emocional dado que es en ese ámbito donde se “metabolizan” todas las cosas que nos afectan sean éstas buenas o malas y por ello conviene entender, una vez más, que el cuidado que prestemos a nosotros mismos será determinante para la aceptación o superación de situaciones difíciles.

Utilizando la imagen de mi amigo, podríamos imaginar que somos como un coche que conviene llevar al taller de chapa y pintura de vez en cuando. Buenas, que vengo para que me arreglen un poco las abolladuras. Pues vamos a ver –podría responder el chapista de turno- si no tiene usted un buen seguro a todo riesgo y sin franquicia le va a salir más barato cambiar la aleta que repararla. Y entonces ¿qué hacer? Esa es la cuestión. ¿Reparamos nuestra visión de la vida o la sustituimos?
Ante ese dilema lo que solemos hacer es dar largas al chapista y continuar circulando. Total, si lo importante es que el coche funcione -nos decimos- y de motor parece que todavía andamos bien. Pero cuando el tiempo pasa y el rocío de la noche, la lluvia o el salitre acaban pudriendo la chapa regresamos al taller y entonces nos dicen aquello tan demoledor de lo siento, pero es que ahora lo que está afectado no tiene solución. Hay que cambiar de coche.¿Tenemos la posibilidad de cambiarnos por otro nuevo y reluciente? No, claro, porque no somos sustituibles. Pues si estamos abollados vayamos al taller cuanto antes. Y hagamos caso a lo que nos recomienda el mecánico que, por cierto, muchas veces se parece tanto a nosotros que podría pasar por nuestro doble.

36 comentarios:

  1. Mi coche tiene un bollo desde hace un mes... y no voy a repararlo porque la culpa la tuvo el otro que no respetó "el ceda".

    Estoy seguro de que el juicio me dará la razón y hasta entonces puedo dormir tranquilo ya que cuando alguien me pregunte por el lamentable estado de mi vehículo les haré ver con claridad que fue porque hay gente que conduce de pena y me he encontrado con uno de ellos una vez más.

    Entenderán muy bien que solo soy una víctima y yo me sentiré aliviado.¿Qué otra cosa puedo hacer?

    Por cierto, ayer a la mañana me encontré con alguien a quien le había pasado lo mismo y llevaba así cuatro años. Su coche ya casi ni arranca...

    ResponderEliminar
  2. Hola, Josep Julián:
    Ufff! Cambio de modelo mental, nuevos paradigmas, desplazamientos interiores para observar distintas perspectivas...
    Pero efectivamente, es necesario y a la fuerza ahorcan. Algún día, si surge la ocasión, ya te contaré en el ámbito personal y profesional las circunstancias que han concurrido en la decisión de "movimiento".
    Mira, acaba de sonar la ventanita del correo. Le echo un vistazo y te contesto.
    Un abrazo, Josep Julián.

    ResponderEliminar
  3. Ante todo mil disculpas por no haber contestado antes, pero como verás los ordenadores no se escapan de la "chapa y pintura" jeje... en pocas palabras que ante mis días un tanto agitados en el aspecto laboral, se sumó esa falta de tacto de mi PC y decidió "escacharrarse" en el momento menos propicio...pero como no hay mal que cien años dure ni que cuerpo que lo resista, un amable "mecánico" de ordenadores me lo ha arreglado hasta nueva orden jeje. Espero ponerme pronto al día, así que te pido tengas lo que al Santo Job le sobraba ( y no era dinero jeje). Un abrazo Josep Julián y a reveure!! :)

    ResponderEliminar
  4. Hola Josep Julián:

    Estupenda comparación la del coche, viene muy bien.
    Ni todas las abolladuras son responsabilidad nuestra, ni para todas hay seguros todo riesgo, pero sea como sea, estamos "abollados".

    Como con cualquier golpe, habrá que peritar e inspeccionar si solo afecta a la chapa (al orgullo externo) o también el chasis y/o partes comprometidas están afectadas ( cuerpo, alma o mente).
    De la evaluación de los daños pertinentes saldrán las apreciaciones que hagamos respecto a nuestras abolladuras.
    Habrá quien apenas repare en ello, se olvide facilmente.
    Habrá quien no pueda vivir con esa "fealdad" y busque la reparación externa, con celeridad.
    Habrá quien sintiéndose herido de muerte, se tome sus días para descansar e intentar brotar nuevamente.
    Pero también habrá quien decida "me siento abollado, doy pena, voy a seguir así, porque sí, porque no tengo ganas de cambiar, ni de perdonar, ni de nada".

    En esto de las abolladuras hay de todo: el coche recién salido de fábrica al que un graciosillo de turno le raya la pintura "megametalizada supercara y megaguay" para desesperación total de su propietario que no duda en llamar al Servicio Técnico de la marca, le cueste lo que le cueste, o aquel auto viejo, lleno de rayones y golpecitos, que combustiona fatal, pero que tiene un motor "de los de antes, hechos para durar", que pasa los días rememorando los percances e infortunios y cuyo único miedo es morir sobre el asfalto en sentido equivocado.

    Las abolladuras pueden ser muchas y distintas, unas más visibles que otras, pero su importancia dependerá de nosotros mismos, de nuestra voluntad. En cambio, si es "siniestro total" no hay más remedio que cambiar, queramos o no hacerlo.

    En cualquier caso, pienso, que una vez hecha la abolladura, da igual quien la haya ejecutado, ahora está ahí, en nuestro coche, y será responsabilidad nuestra el cómo, cuando y dónde poder o no reparar o sustituir.

    Saludos, Josep J.

    P.D. ya sé que es tarde, pero muchas felicidades para tu hija y precioso cuento de "los cazarayos".

    ResponderEliminar
  5. Muy buena la historia, como siempre...

    Faltaría un pequeño detalle, muchas carrocerías tienen una extraordinaria propiedad, no sólo se autorreparan o desabollan con algunos golpes, sino que cuantos más golpes llevan, más resistentes se hacen...

    Un abrazo
    Pablo Rodríguez

    ResponderEliminar
  6. Hola Alberto:
    En efecto, poco importa quién te de el golpe, el grado de culpa que tengas o el que tenga el otro, el caso es que el golpe te lo has llevado tú y por mucha razón que te asista te toca a ti repararlo.
    Qué lastima que al que le pasó eso que dices hace cuatro años no hubiera leído esto antes.
    ;-)
    Saludos y hasta pronto.

    ResponderEliminar
  7. Buen ejemplo Josep Julian. Lo de las abolladuras como dicen algunos de los comentaristas puede ser relativo en función si hemos sido nosotros quienes nos hemos dado el golpe o nos lo han dado. A mi lo que me llama la atención es que ya no se "fabrican" carrocerias como las de antes, capaces de aguantar los golpess y muchas acaban en el desguace sin ninguna oportunidad de arreglo.
    Saludos

    ResponderEliminar
  8. Hola Germán:
    Espero ansioso que me puedas contar tu experiencia. Entre tanto, adelantarte que me ha gustado que invoques el necesario cambio de paradigmas aunque sea cuando "a la fuerza ahorcan". No quería abusar de este concepto, pero en realidad es de lo que se trata.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  9. Estimada M.:
    Estás disculpada. Me alegro de que hayas encontrado un buen "mecánico" de "chapa y pintura". Ya sabes que tus visitas se agradecen mucho.
    Un saludo y hasta pronto.

    ResponderEliminar
  10. Hola María:
    Me encanta que te haya gustado la metáfora de la "abolladura". La verdad es que escuchar hablar a mi amigo de las suyas "Pepe, estoy abollao" era un ejercicio de filosofía senequiana y además con gracia andaluza.
    También me ha gustado mucho el simil de peritar si los daños son internos o externos. En efecto, sólo después de eso puedo tomar mis decisiones y ser consciente de sus consecuencias en el corto o medio plazo. No me extiendo más allá en esto de los plazos porque conozco a alguien que dice que eso de para siempre es demasiado tiempo.
    Lo del siniestro total es lo único que no tiene solución ni siquiera con la mejor de las voluntades y por eso hay que tratar de poner remedio antes de que lleguemos a eso. Da igual de quién sea la culpa, pero el coche accidentado da la casualidad de que es el nuestro. Y ya no te digo nada de la responabilidad que contraemos con el otro si hemos sido nosotros los que hemos provocado el accidente.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  11. Hola Pablo:
    Buena aportación, pero recuerda lo de la "fatiga de los metales". Tarde o temprano, excepto que estemos hechos de acero inoxidable, la resistencia acaba venciéndose pero entiendo que te refieres a que los golpes curten, lo cual es cierto pero sólo en el caso de que sepas aprender de ellos y si es posible, evitar que te vuelvan a dar en el mismo lado. ;-)
    Un saludo, amigo.

    ResponderEliminar
  12. Hola Fernando:
    Muy bueno lo tuyo. La capacidad de resistencia igual ya no es como la de antes y parece que a algunos nos tumban con dos de pipas. Fortalecerse entonces es algo a lo que nos deberíamos aplicar pero no sé si, por lo general, estamos dispuestos a ir al gimnasio a hacer pesas o Pilates según sean las preferencias je,je.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  13. El paro es la situación que crea más inestabilidad. Hay circunstancias que escapan a nuestra mente.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  14. Hola Alex:
    Bienvenido. Como bien dices, el paro es una de las situaciones personales más estresantes y que genera más inestabilidad ya no sólo personal sino familiar y aún reconociéndolo, uno tiene que cambiar algunos paradigmas no sólo para buscar soluciones sino incluso antes en el momento de integrar las emociones que supone encontrarse en esa situación.
    Un saludo y espero verte por aquí de nuevo.

    ResponderEliminar
  15. Pienso que de forma constante estamos reparando nuestra visión de la vida, precisamente porque sabemos que es imposible sustituirla... El problema llega cuando dejamos pasar el tiempo y no acudimos a la "reparación" correspondiente a tiempo. Así que lo importante sigue siendo hacerlo apenas nos sentimos "abollados".
    SM

    ResponderEliminar
  16. Hola Senior:
    Esa debería ser la forma de proceder: repararnos lo antes posible porque no es posible sustituirnos.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  17. Me gusta mucho el ejemplo que has puesto, y es que así debe ser, debemos intentar hacer todo lo posible por renovarnos reparando nuestros fallos, nuestro pesimismo, nuestro estado mental negativo de todo lo que estamos atravesando con el problema de la crisis, que son muchas circunstancias exteriores e interiores.

    Renovémonos, hagámos un esfuerzo, yo intento mirar las cosas positivamente, y sonreir, y muchas personas se asombran de mi manera de ser, viendo las cosas tan claras, aunque hay días que también lo veo muy negro y me hundo, eso es inevitable.

    Muy buen post Josep.

    Un saludo y un beso.

    ResponderEliminar
  18. Aclaración:

    Cuando me refiero a que ver las cosas claras me estoy refiriendo en plan positivo, no en plan seguro, que es algo muy distinto.

    ResponderEliminar
  19. Creo que la gente que te ha comentado ha dicho todo, estoy de acuerdo con ellos: tu metáfora es la correcta, muy ingeniosa.
    Solemos seguir circulando y hacemos oídos sordos, el batacazo al final es grave.
    Besos.

    ResponderEliminar
  20. Perdona que cambie de tema. Pero ese ciento de los cazadores de rayos està genial...Gracias por compartirlo, ademàs de la cumpleañera

    ResponderEliminar
  21. María:
    Creo que así hay que hacer aunque a veces nos cueste y mucho porque desde luego lo que nos falta es encontrar alicientes externos.
    Muchas gracias y un beso también para ti.

    ResponderEliminar
  22. Hola Ginebra:
    No sé si todo está dicho, lo que sí parece es que estamos más o menos de acuerdo. A ver si los chapistas tienen más trabajo a partir de ahora.
    Besos.

    ResponderEliminar
  23. Hola Alí Reyes:
    Gracias por pasarte de nuevo. Sigo a la espera de tus cuentos.
    Saludos

    ResponderEliminar
  24. Yo, como todos, he sufrido, sufro y sufriré "abollones", pero considero que, a pesar de todo, no lo estamos haciendo demasiado mal si por el momento hemos conseguido evitar pasar por el "desguace", un punto de no retorno donde sí que ya no hay solución. Lástima que no existan "chapistas" del alma, ahí donde las heridas sí que son de cicatrización lenta.

    ResponderEliminar
  25. Hola Domingo:
    La verdad es que los recursos con que contamos siempre suelen más de los que pensamos así que mejor o peor vamos sobrellevándolo (je,je).
    Lo malo son los bollos en el alma porque no suelen verse desde fuera, tienes razón.
    Un saludo afectuoso.

    ResponderEliminar
  26. ¿Que tal Josep...?, la frase de tu amigo sevillano define muy bien lo que es la vida, por muy bien que tratemos de conducirnos, siempre nos quedan las cicatrices de cuando no nos conduciamos bien o de cuando, simplemente no sabiamos conducirnos. Pero creo Julian, que hay veces que somos incapaces de ver nuestras carencias, de ver nuestros oxidos..., es como si dijesemos "es que a mi me gusta así" y vamos tirando, cumpliendo años, amaneciendo con el cinico compromiso de ser como ayer. Creo que es importante saber que tarde o temprano, por mucho que cuidemos ese automovil imaginario de tu metafora, terminará en el desguace..., pero hasta ese momento podemos haber disfrutado de cuando era nuevo, de cuando despues de muchos kilometros, el mecanico nos dice que de motor está estupendo, despues de otros tantos años sigue pasando la ITV y circulando con la placidez del que ya ha hecho muchos kilometros, pero bien hechos, con mimo, sin pasarse, reparando al minimo ruidito, a la minima abolladura, cambiando el aceite cada 10.000 kilometros o al año..., es nuestra vejez, el final de ese camino, de ese viaje, el gozo de la observación, mientras poco a poco el motor pierde compresión hasta que se para, entonces contemplamos lo que siempre vimos en movimiento, es la madurez, la calma, la asimilación, la comprension del viaje en si mismo.

    ResponderEliminar
  27. Tengo que reconocer que con lo del dedo y el martillazo me has hecho reir!

    La sonrisa es un buen reparador de abolladuras!

    :)

    ResponderEliminar
  28. Talmente de acuerdo. Nosotros mismos, somo los primeros olvidados, y es verdad, tienes razón, tienes que buscar tiempo para ti, al fin y al cabo, tú eres lo principal, y sin ti, lo demás seguirá girando por inercia, no somos tan importantes, ni nadie lo es. Reactivo el mensaje que me vendrá bien. Saludos.

    ResponderEliminar
  29. Comparto con Gabiprog lo de la sonrisa y el comentario de Economia Sencilla, aunque para realizar lo que él sugiere se necesitaria una chasis de material mas maleable, asi nos adaptariamos a las circunstancias sin necesidad de abollarnos.
    Puede alguien decirme quien repara la abolladura del reparador?.
    saludos

    ResponderEliminar
  30. Muy buen post Josep. Más vale prevenir que curar. Este refrán nos enseña que es preferible adoptar con tiempo las medidas necesarias para evitar un mal que combatirlo después.
    Es mejor comer sano que después enfrentarte a la obesidad, es mejor no fumar que después luchar contra un cáncer de pulmón, es mejor atender en clase que después esforzarte para recuperar un suspenso... los ejemplos son innumerables. El tema es aplicable a bastantes contextos. Gracias por dejarnoslo para la reflexión. Un cariñoso saludo

    ResponderEliminar
  31. Querida Belkis:
    Esa era la esencia del mensaje en el contexto que tú lo expones. Ya sabes que los contextos determinan nuestra valoración y en efecto, este tema admite muchas ópticas de aplicación, por eso me decidí a exponerlo.
    Muchas gracias, como siempre por dejar tu aportación.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  32. Hola Pedro:
    Por poco se me pasa tu comentario y la verdad es que no me lo hubiera perdonado porque es que lo describes muy bien. Algún día llegaremos al desguace pero que sea en el momento en que el motor se nos pare y no antes, cuando hay que hacer las reparaciones y controles de mantenimiento que tocan y cuando sea necesario.
    Finalmente, el coche es para llevarnos por la carretera de la vida y si lo malgastamos es que ya no tenemos otro.
    A mi amigo sevillano hace muchos años que no le veo pero ya te puedes imaginar la gracia con que contaba eso de que estaba "abollao". La vez que más me reí con él fue cuando una moza a la que rondaba no le hacía caso y entonces lo de las abolladuras ya te puedes imaginar que le tenían muy preocupado pero yo me tenía que tapar la cara porque me desternillaba de cómo lo contaba no de lo que le pasaba. Hoy en día creo que siguen estando casados, así que al final todo acabó bien.
    Un saludo y espero que te estés preparando para la "Matahombres" (carrera ciclista para los que pensáis mal).

    ResponderEliminar
  33. Hola Gabi:
    Pues no me negarás que es una buena forma de que se te pase el dolor de cabeza ¿no?
    Muchas gracias por el comentario. Me gusta hacer reir de vez en cuando.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  34. Hola Denavegantes:
    Lo mismo que a ti nos pasa a todos. No somos más que un granito en la inmensidad así que más vale que nos cuidemos un poco o que vayamos a que nos reparen de vez en cuando. Dónde, ya es elección de cada uno.
    Muchas gracias de nuevo por visitarme y hasta pronto.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  35. Hola Maite mtminerva:
    Me alegro que te haya hecho gracia lo del martillazo. Lo de Pablo también tenía mucha miga porque habla de que no seamos rígidos y así nos afectarán menos las abolladuras, lo cual no estaría mal.
    ¿Quién repara al reparador? Magnífica pregunta que te cambio por otra ¿Quién le corta al pelo al barbero? Es broma, seguramente alguien en quien confíe mucho, de eso no tengo duda.
    Un beso y hasta pronto.

    ResponderEliminar