22 de marzo de 2011

Homenaje al viajante


Acabo de leer un post en un blog amigo que ha logrado despertar en mí un cúmulo de sensaciones, lo que no es una novedad pero conviene señalar en este caso. Lo que queda de la lectura es la intrahistoria, que como bien me enseñó una amiga hace ya un montón de años, es lo verdaderamente esencial de todo lo que se cuenta.

La intrahistoria precisa de un conocimiento suplementario ya sea de lo que se cuenta o de quién lo cuenta y mejor si se dan ambas circunstancias. En este caso, se daban. La historia en sí ya era suficientemente jugosa porque hablaba de cómo un día torcido puede enmendarse de forma inesperada con un suceso no previsible en el contexto en que uno se encuentra inmerso. Era como si en un día para olvidar uno acabara encontrando un buen motivo para creer en la vida.

Lo que esta tarde me lleva a hablar de sucesos inopinados tiene que ver con haber vivido mucho, con haber viajado mucho y con haberse sentido muchas veces colocado en un lugar al que uno no pertenece, cosa que les sucede a los viajeros pero no a los turistas. Los viajeros son gente que pasa por los sitios pero sobre todo son gente que logra no sin esfuerzo y práctica que los sitios pasen por ellos. Cuando eso sucede, se puede hablar de intrahistorias que sobrepasan la categoría de anécdotas derivando a menudo en metáforas.

Las metáforas son regalos que se nos brindan y que nos permiten entender lo que hay detrás de conceptos abstractos o difusos. Una metáfora perfecta de viajero es viajante, que se distingue del primero porque el motivo de sus desplazamientos es buscarse la vida y de esa forma superar el concepto de dandy vividor que se esconde tras la romántica y falsa idea del chollo que supone viajar que no es otra que hospedarse en hoteles sin personalidad, aprender cuanto antes que conviene ocupar el lado de la cama contrario al que se encuentra el teléfono por estar menos usado, acostumbrase a cenar las más de las veces en completa soledad escogiendo entre platos que no aportan ningún placer y llamando a casa como paso previo a encender la tele mientras se repasa la agenda de la mañana siguiente.

Hoy apenas quedan viajantes aunque conozco a algunos de esos pocos. Les veo haciendo cosas heroicas como ayudando a sus hijos con los deberes escolares a cientos de kilómetros de distancia, preocuparse por los resultados de una cita médica de algún familiar, dando ánimos a sus próximos por cosas aparentemente sin importancia pero que saben que agradecerán y sobre todas las cosas, sintiéndose muy solos que es otro rasgo fundamental del viajante, la soledad, aunque cuando se les pregunta ellos lo nieguen.

La historia de mi amigo era la de un viajante que después de un día de perros decide perderse por la ciudad que, sin ser suya, ha logrado que forme parte de su vida. Bien porque hizo allí el servicio militar, bien porque se le metió entre los poros de la piel, bien porque conoce además del paisaje el paisanaje… o porque sabe distinguir lo que pasa con el tiempo de lo que el tiempo ancla del paso de los años. Y en una sala de cine conocida desde siempre a la que no pensaba entrar un minuto antes pero donde se mete porque llueve, sucede algo, lo que menos podía imaginar, y ese suceso cambia su vida o su visión de la vida o las dos cosas, porque todavía es temprano para saberlo con certeza.

Larga vida a los viajantes que no son viajeros y mucho menos turistas.

20 comentarios:

  1. Has definido perfectamente la diferencia de viajante, viajero y turista. Quitando la última que se hace por placer y disfrute y aún así las motivaciones pueden ser tan diferentes como compras, cambio de clima, conocer la gastronomía, presumir ante los amigos, descansar, ver otras formas de vida o simplemente perder el tiempo.
    Las otras dos siempre marcan al que lo hace. Y la más dura es sin duda la de viajante si dejamos fuera los desplazamientos forzosos de cambio de domicilio y residencia.
    Me ha gustado la forma que has tenido de enfocarlo.
    Un abrazo y una buena semana

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  2. Hola Josep.
    He pasado tantas jornadas en ciudades con encanto -y sin embargo, sin encanto para mí.- que no puedo evitar verme reflejado en tu escrito.
    Las cosas, no son lo que vemos, sino lo que sentimos y eso a veces, depende de fracciones de tiempo, de estados de ánimo cambiantes y -lo que menos-, del entorno. un saludo.

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  3. ¿Por qué me suena todo esto a la historia que nos contaba el "Viajero Accidental" hace unos días?
    ¿O es una de esas casualidades...?

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  4. Soy nómade por naturaleza y en cualquier lugar me siento en casa o me las arreglo para sentirme cómoda.

    Besos y muy feliz primavera

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  5. A Javier, más arriba: no, no creo que sea casualidad, pero Josep sabe sacarle a todo perspectivas nuevas. Me quedo con el concepto de intrahistoria y con la reflexión de Manuel de que las cosas no son lo que vemos, sino lo que sentimos en nuestros estados de ánimo cambiantes, porque eso es lo que recordaremos después.
    Un saludo,

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  6. ¿Qué sentido dar a las coincidencias o casualidades Josep? Hace unos días escribí algo, en el cual la protagonista entraba en un cine y le cambió la vida. Ya lo leerás.
    Nunca me había parado a pensar en coger el lado contrario al teléfono en la cama de un hotel pero en el viaje próximo que tengo medio organizado lo tendré en cuenta.
    ¿Actualmente los viajantes con se les denomina de otro modo? Hay profesiones que parecen estar fuera de tiempo y los viajantes para mí, perdón, no tienen unas connotaciones positivas.
    Desaparición de su casa durante períodos largos, constantes, soledad??¿¿ y muchos intentos de amistadddddd. (vivo en otro mundo quizá)
    Un beso

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  7. Hola Katy:
    Me alegro de que te haya gustado. Desde luego, hay diferencias muy importantes entre turista, viajero y viajante. Uno puede ser las tres cosas pero no al mismo tiempo.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un abrazo.

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  8. Hola Manuel:
    Claro que debes sentirte identificado. Compartimos la sensación de haber estado en ciudades de las que lo más que conocemos son las habitaciones de los hoteles y los accesos al aeropuerto. Viajantes, que no viajeros.
    Un abrazo.

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  9. Hola Javier:
    Mi consejo es que no creas en las casualidades sino en las causalidades.Y aquí hay causa y efecto, además de muchísimo afecto.
    Un abrazo.

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  10. Hola Myriam:
    Lo tuyo es una categoría distinta. El nómada lleva toda su vida consigo en sus continuos desplazamientos y su casa está donde reposa sus huesos, lo que no pasa en el resto de los casos.
    Un abrazo.

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  11. Hola Astrid:
    Eso de la intrahistoria es algo muy frecuente en la creación y no sólo en los textos herméticos o en las sonatas de Bach que decían que contenían teoremas matemáticos. Está casi en cualquier cosa que se muestra y en todas las manifestaciones artísticas. Sólo basta ver un cuadro del Bosco o la Gioconda para entender las que se esconden o en escuchar en lugar de oir. Hace unos pocos días hicimos un ejercicio de interpretación musical que justo iba de esto.
    Muchas gracias por tu comentario y piropo.
    Un abrazo.

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  12. Hola Camy:
    Como le decía a Javier más arriba, casualidades pocas, más bien causalidades. Lo del lado contrario al del teléfono me lo enseñó un viajante y comprobé que tenía bastante sentido así que si lo pruebas ya nos dirás.
    Los viajantes de antes tenían mala fama, es verdad, pero es que ahora cualquiera que tenga que desplazarse por razones de trabajo ni hace turismo ni es viajero, sino más bien viajante que incluye pasar muchas noches fuera de casa con el enorme sacrificio que eso supone. Durante muchos años he sido uno de ellos, por eso les tengo cariño, porque pasar más de 100 noches al año fuera de los tuyos tiene un desgaste enorme que se paga. Los he conocido de todo tipo pero los que me despiertan ternura son estos que describo.
    Muchas gracias por tu comentario.
    Un beso.

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  13. Hola Josep: yo si creo que haya “viajantes”, eso si transformados, adaptados al medio: vehículo de empresa, dietas, portátil con wifi, y la blackberry. Son la nueva dimensión de la parte “comercial” de cualquier empresa que se precie. Otra cosa es, si el ajetreo de su organización le deja tiempo para la contemplación o siquiera para la comprensión de la escena, tal vez como ocurría antes. Lo que pintas, actualizado, se sitúa mucho más claramente en los representantes sindicales de las grandes empresas, que a fuerza de debatir este u otro punto del Convenio, se citan una y otra vez, llegando a pasar más tiempo fuera que dentro de casa. Algunos han plantado incluso un segundo nido, una segunda casa y hasta por conciliar sus intereses con los de “sus compañeros”, han perdido hasta la concepción del trabajo. Es la otra punta del calcetín.
    Por cierto, hoy 22, en la cadena CUATRO y en EL HORMIGUERO, a eso de las 21:30, Olga Kurylenko, esta vez de carne y hueso. Casualidad. Saludos.

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  14. Hola Josep
    Primero agradecerte la descripción de mi peripecia como viajante ( viajero accidental lo llamo yo).
    Lo has descrito perfectamente con esa intrahistoria que has sabido captar en el simple relato.
    Pero sí, estas cosas son las que me permiten ser un poco mejor cada día o al menos intentarlo y, ¡además!, ¡gratis!
    Cuidate

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  15. Hola Adolfo:
    Como bien dices, los viajantes nos hemos transformado y hemos aprehendido los símbolos de estos tiempos que son los que tan bien describes. Pero como siempre sucede debajo del hábito siempre está el monje y ese, en esencia, es del mismo pelo y poco glamour.
    Lo que cuentas de los representantes sindicales importantes y vitalicios puede que también sean viajantes pero no son santos a los que yo ponga cirios.
    Respecto a lo de la Kurylenko tomo nota y perdonen que hable en clave pero quien quiera saber más que se pase por la casa de Adolfo, antes también conocido como el navegante.
    Un abrazo.

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  16. Hola JLMON:
    Mientras exista esa capacidad de sorpresa no hay que temer por el sentido de la vida. Toda mi admiración por los viajeros accidentales como los llamas o viajantes como les llamo yo.
    Un abrazo.

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  17. La verdad es que éste completa el maravilloso post que nos regaló José Luis el otro día. Me gusta eso de la intrahistoria que comentaba Astrid, porque al final todo está ligado a nuestras emociones y de todo se puede extraer. Y la vida de viajeros accidentales o viajantes, al final, nos muestra como de la soledad puede surgir la reflexión y aprendizaje, lo que hace más llevaderos sus días.
    Un abrazo

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  18. Hola Fernando:
    Las intrahistorias y la soledad de los corredores de fondo casan bien. Los viajantes son seres con predisposición a conversar hacia dentro porque no les queda más remedio y al final eso se convierte en una costumbre de la que cuesta salirse.
    Un abrazo.

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  19. Josep,tu post me llega directamente.Uno de mis hijos ha estado trabajando en una auditoría y viajando sin parar durante dos años.He comprobado su sacrificio,su soledad y su alegría, cuando en todos los sitios encontraba a "esa persona especial"que le ayudaba y le alegraba el día...Nada es casual,amigo.
    Ahora,está en Australia y la vida le sigue acercando esos "pequeños milagros"que sólo una madre sabe intuir y agradecer al cielo.
    Mi felicitación por el post y mi abrazo siempre Josep.FELIZ FIN DE SEMANA.
    M.Jesús

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  20. Hola Majecarmu:
    No sé si alegrarme de que el tema tratado te toque de cerca. Ser madre de un viajante no es fácil pero ya sabemos que hay momentos en la vida en que toca hacer unas cosas y otros momentos otras, así que aunque ahora lo tengas tan lejos al menos hay que suponer que llevará una vida de residente y no de viajante.
    Un abrazo también para ti.

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