31 de diciembre de 2009

Libro de Bitácora (Diciembre 2009)

Diciembre se ha comportado según su naturaleza. Pocos días lectivos, muchas paradas “técnicas” y buen momento para hacer balance general del año. La Inteligencia de las Emociones no ha sido ajena a este discurso general y su presencia a nivel de número de entradas ha sido más reducida de lo habitual.
A pesar de ello, hemos dado una vuelta a las casualidades, series y datos y a la motivación, confianza y liderazgo, además de ofreceros un cuento navideño lleno de guiños a muchas de las cosas que os identifican a vosotros como lectores de este blog.

Y aquí van algunas de las cosas que he anotado en mi libro de bitácora:

  • Aminatou Haidar logró su objetivo y ya está de regreso a casa. Esta mujer de aspecto frágil seguramente ha hecho más por la causa saharaui que muchos años de diplomacia estéril, plan Baker incluido. No quiero decir con ello que sea optimista respecto a la rápida resolución de este larguísimo conflicto del que lo más pintoresco es que hemos descubierto que, a efectos legales, España sigue siendo su administrador legítimo aunque ausente.
  • Después de lo del Alakrana ahora tenemos un nuevo episodio de secuestro múltiple, en este caso el de tres cooperantes. Conozco personalmente a uno de ellos. La peculiaridad de este caso es que fueron secuestrados por “unos que pasaban” que se los han revendido a Al Qeda del Magreb. Según dicen, estos lo único que quieren es hacer caja y que sus vidas no corren peligro. Veremos.
  • Un perturbado (siempre son perturbados los que hacen lo que muchos sólo piensan) le ha partido la cara al amigo Berlusconi con un pisapapeles que reproducía la catedral de Milán. Pobrecito. En estos momentos está recuperándose en Suiza de la operación de cirugía estética a la que se ha sometido para borrar de su rostro las secuelas de tan “desproporcionada agresión” porque ya sabemos que al Cavalieri le preocupa más su apariencia que su comportamiento ético. Por cierto, a las pocas horas del ataque y estando en la clínica de Roma otro perturbado estuvo a punto de colarse en su habitación, seguramente para pedirle un autógrafo. Bendito país Italia, tan peculiar como irrepetible.
  • El patrón de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, anda en horas bajas porque se ha producido la quiebra de una de sus empresas (Air Comet) y anda con algunos problemillas más que le complicarán su permanencia en el consejo de Caja Madrid (duplicidad de garantías con otra operación crediticia en otra entidad). Para que veamos lo paradójica que es la vida, el mismo día en que se tramita el ERE de los 620 empleados de Air Comet va y le toca la lotería a los empleados de otra de las empresas del grupo (230 millones de euros). Mientras tanto, la CEOE cierra filas “sin fisuras” entorno a Díaz Ferrán y digo yo que si es como cuando los presidentes de los clubes de futbol salen en defensa de sus entrenadores, la cosa pinta mal.
  • Hablando de lotería, he logrado mi objetivo de que no me toque ni un duro. Claro que minimicé el riesgo y esta vez llevaba sólo tres participaciones. El año que viene si puedo llevo menos.
  • No puedo reprimir mi alegría y mencionar aunque sólo sea en un par de líneas la proeza del Barça de las seis copas. Como sigan así, pronto acabarán teniendo la cristalería completa.
  • En clave económica, ya tenemos presupuestos generales para el 2010, lo cual no es ni bueno ni malo en sí mismo pero al menos, ahora sus señorías se habrán ido tranquilos de vacaciones navideñas a meditar sobre lo que dicen las encuestas, que la clase política es la tercera preocupación de los españoles. Todo el mundo lo entiende menos ellos, claro. Por cierto, un amigo del ciberespacio se ha dedicado a contar los cargos electos que hay en España y pasan de los 73.000. Si alguien tiene curiosidad le paso el enlace al powerpoint.
  • En el capítulo de adioses el mes de Diciembre empezó con mucha fuerza. El día 1 murió el gran Paul Naschy, alias Jacinto Molina Álvarez. Tenía 75 años de edad y seguramente muchos no le recordarán o ni siquiera sabrán quién era. Pues ese señor fue uno de los actores, productores y directores más prolíficos e independientes del cine español que demostró un montón de veces que con poco más que “dos de pipas” y con mucha imaginación se puede hacer cosas fuera de lo común como pelis del hombre lobo, drácula o tarzán rodadas en Talamanca lo que no deja de tener muchísimo mérito.
  • Pedro Altares falleció día 6 en Madrid a los 74 años. Lo fue todo en el periodismo español de la transición, lo fue todo y fue de todo en innumerables medios, desde Cuadernos para el Diálogo hasta presentador de telediario en TVE pasando por moderador de tertulias y columnista de El País. Por sus retinas han pasado todas las imágenes que han significado un giro copernicano de la realidad española, especialmente durante el franquismo y la transición para luego adoptar una postura mucho más de observador de la realidad.

La frase del mes fue elocuente "Si a un alumno le pides poco, lo obtienes" y se la debemos a David Gardner, ex presidente de la Universidad de California.

Dejamos atrás el año viejo y empezamos enero con el libro en blanco y por tanto, con todo por escribir. En buena parte depende de nosotros y sólo de nosotros llenarlo de cosas con significado y os animo a ello. La cosa más bonita que habéis escrito en mi blog en estos meses es que soy optimista, que irradio optimismo, pero por alguna razón creo que eso está más en vuestra percepción que en la mía. No es que sea optimista, es que confío. Tengo confianza en el ser humano en general y en muchos seres humanos en particular, no en todos. Os animo a lo mismo, a confiar y por ello a que no nos abstengamos ni dimitamos de nada que requiera nuestra presencia, nuestra entrega o nuestro esfuerzo.

Que los reyes magos os traigan muchas cosas. Ese es mi deseo en el corto plazo y más allá de eso, que regaléis todo el año más de lo que recibáis. Esa es la inteligencia que subyace en las emociones. Un abrazo a tod@s.

21 de diciembre de 2009

Sisinonó Yayá



No se trata de un jugador de fútbol maliense, ni creo que exista ese nombre en ninguna de las lenguas o dialectos de la Tierra. Sin embargo, suena como exótico ¿verdad? Pues Sisinonó Yayá es una de las aportaciones que nos deja ese año que ya se acaba. Uno puede escucharlo en muchas conversaciones telefónicas, en muchos motivos de disculpa por letras impagadas, por pedidos cancelados, por contratos que no han llegado a buen puerto. Es un sí pero no que conviene leer así “sí, sí...no, no…ya, ya”.
Este año toca a su fin. No sé si muchos lo echaremos de menos, la verdad. Puede que cueste rebuscar en las hojas del calendario alguna fecha especialmente feliz, excluidos aquellos a los que le nació un hijo, les tocó la lotería, se enamoraron o quedaron por encima del corte, de cualquier corte que haya producido exclusión para otros.
En estos momentos en los que parece que ansiamos una renovación completa con más intensidad que en otras ocasiones quisiera despedir el año con una entrada positiva. En mi caso no me puedo quejar porque he cumplido unos cuantos objetivos digamos que más cualitativos que cuantitativos, pero los he cumplido. Y he aprendido más de mis errores que de mis aciertos, qué más se puede pedir.
No ha sido un buen año para los negocios pero sí para otras muchas cosas y por eso doy las gracias. Tengo buenas vibraciones para el que se acerca sigilosa aunque inexorablemente a pesar de que la macroeconomía no pinte demasiado bien, la verdad, pero esa esperanza no me abandona y espero que tampoco a vosotr@s.
Os dejo un vídeo “con mensaje”. Volveremos a vernos el año que viene. Un millón de gracias a tod@s los que habéis compartido tanto.


14 de diciembre de 2009

Cuento de navidad

Esa noche estuvo llena de sueños. Soñó mucho, pero al despertar sólo le quedaba retazos de algunos de ellos, como si la parte esencial se hubiera desleído al retomar la conciencia. La mañana no era distinta a otras de invierno, al menos para él, que lo tenía todo hecho.
Se puso a caminar por la alameda como hacía tantas veces. Nada especial, sólo un paseo tranquilo a paso lento. Los años le habían restado agilidad, pero no la echaba de menos. Pensaba que ese era un precio leve que estaba dispuesto a pagar a cambio de cierta benevolencia de la vida que, hasta el momento, le había preservado de males mayores. Su salud no tenía nada de buena pero más allá de los comprensibles achaques de la edad que se concretaban en la necesidad del uso de una cachaba, el empleo de lentes y a la ingesta de algunas píldoras que se tomaba cuando no se le olvidaba, todo se reducía a eso. Daba gracias por ello a quien correspondiera.
Hurgó en los bolsillos de su pantalón en busca de no se sabe qué y dio con una caja de cerillas tan viejas como la pasada primavera. Palpó las aristas de sus bordes con las yemas de sus huesudos dedos y convino que estaban gastadas. No le hizo falta más para saberlo. Daba igual, ya no fumaba.
Allá a lo lejos se encontraba el límite de sus correrías, un estanque de aguas pardas en las que flotaba un mar de hojas caducas caídas de los plátanos que nadie se molestaba en recoger más que el viento cuando soplaba. Hacía frío, como todos los inviernos. Qué otra cosa podía hacer si no eso.
Mientras se acercaba al lago de mentiras cuya distancia tenía memorizada en pasos notó que un grupo de jóvenes le adelantaban sorteándole como a un estorbo, montados en sus bicicletas de carreras sin bocina. Notó al mismo tiempo el suave ruido de sus cadenas, el rítmico ruido de las ruedas hollando el camino de tierra y el aire cortado que dejaron como una estela a su paso.
No dio señales de alarma ni sufrió por su integridad en peligro, pero no pudo evitar acompañarles con la vista hasta que se perdieron haciendo un requiebro imposible. A él, cuando era un muchacho como aquellos también le había gustado montar en bici y sortear obstáculos con ella, ya fuera árboles, niños, palomos o ancianos. Una parte de él les siguió a rueda, pero la mayor porción de sí mismo se concentró en asegurar que pisaba bien a causa del desnivel del terreno. Si de algo tenía miedo era de caerse porque imaginaba que aquel hipotético tropiezo tendría consecuencias funestas.
Todavía con la mano izquierda metida en el bolsillo tamborileaba sobre la gastada caja de cerillas un pasodoble de los de siempre, que a él le parecía de ayer mismo, hasta que un mundo después llegó al límite de sus correrías y se sentó en un banco metálico y frío que vistió con un pañuelo para protegerse de las humedades. Y allí permaneció largo tiempo, casi una vida, un suspiro, con las manos apoyadas en el cayado de nervio de madera que ya no recordaba quién se lo había proporcionado si fue un regalo, una herencia o si se lo había fabricado él mismo.
Podía haber mirado el reloj pero sabía la hora, la misma de siempre, la de cada día, de cada paseo y llegado el minuto preciso se levantó con fatiga y tras dar unos pasos volvió sobre ellos para dejar la vieja caja de cerrillas sobre los hierros del asiento del banco. A alguien le harán más falta que a mí, se dijo.
Pensó en silencio sobre todos los silencios que le acompañaban a diario y que eran muchos. Él nunca había sido un hombre de muchas palabras, las más de las veces le bastaba con asentir o abstenerse y para eso no era preciso gastar mucha saliva. Retornó por la alameda al mismo o parecido paso y esta vez puso la vista en el horizonte que quedaba un poco más elevado que el nivel de la calle.
Trató de entretenerse de otra forma, ahora que los pasodobles no podían ser percutidos de ningún modo. Y fue entonces cuando se fijó en una cabina telefónica que seguramente llevaba allí muchos años y se dirigió hacia ella tratando de economizar esfuerzos, pero se le adelantó una señora con cara de llevar prisa. Él no tenía ninguna, así que hizo lo que debía, esperar a prudente distancia mientras daba tiempo a que las urgencias de llamadas de la señora se aplacaran y mientras esperaba sacó del bolsillo de su chaqueta una libreta raída consultando sin prisas sus hojas que pasaba con parsimonia infinita sólo para constatar que ningún nombre de los que aparecían en ella seguía con vida. La cerró y echó a andar de nuevo, esta vez con un paso un poco más melancólico que a la ida, sabiendo que ese vistazo era del todo innecesario porque ya conocía la respuesta.
Llegó a su casa y se puso a leer las cartas que le esperaban sobre la mesa. Se acercaba la navidad y pronto habría que ponerse en marcha.

Y se preguntó qué pasaría el día que ya no pudiera.

9 de diciembre de 2009

Motivación, confianza y liderazgo

Reconozco que me seduce la idea de motivar a otros por lo que implica de lograr en ellos una puesta en acción imprevista en ese momento o bajo determinadas circunstancias. Activar la motivación es uno de los grandes logros emocionales de los que somos capaces y una muestra incuestionable de nuestro poder. Y digo “poder” sin rubor ni connotaciones negativas, porque todos lo tenemos y ejercemos en mayor o menor medida.
Somos poderosos únicamente cuando logramos movilizar siendo esa una de las dos expresiones genuinas de liderazgo (la otra es la de alinear voluntades). Creo que todos lo hemos experimentado alguna vez y sólo en esos casos puede decirse que hemos sido verdaderos líderes. Cuando una persona sigue nuestro consejo, cuando alguien nos hace caso, es porque hemos logrado ejercer una influencia sobre ella y nos convertimos en corresponsables de las consecuencias de forma que no sólo motivamos sino que también lideramos. Cuando no es así o nos separamos de esa responsabilidad, entonces no es que estemos motivando sino simplemente arengando, que es lo que hacen los generales cuando mandan a sus tropas al combate quedándose ellos en el puesto de mando.
El valor de la motivación a terceros es enorme, puesto que para que ésta se produzca debe haberse generado confianza. Un ejemplo perfecto lo he leído recientemente en un post de Agustí Brañas ¡No escribo tan bien como mi hermana! que recomiendo por ser uno de los ejemplos más claros, sinceros y directos de las consecuencias que un acto de motivación puede generar en terceros. En ese caso, además tuvo un efecto multiplicador porque fue, creo que podemos llamarlo así, el desencadenante del incremento de la autoconfianza de su hija en sus propias capacidades que suponía en desventaja. Agustí motivó porque generó confianza y por eso fue capaz de liderar, en ese orden.
Frente a la motivación –que precisa de un agente externo para activarse- está la auto motivación que a mi modo de ver es una cualidad netamente superior y lo es porque es uno mismo quien escoge aquello que “le pone” sin que nadie le muestre el camino o las ventajas. Esa capacidad tiene un efecto positivo no sólo en la mente sino también en el organismo, no sé si a causa de la generación de feromonas o porque supone un reto no impuesto, pero cuando uno se auto motiva, su nivel de energía crece.
¿Cómo podemos auto motivarnos? Los mecanismos de cada cual son distintos pero seguramente esto se produce cuando la sintonía entre las coordenadas de pensamiento positivo y la visualización de los futuros beneficios esperados se solapan. Cuando algo que veo, oigo o noto se transforma en otra cosa porque me induce a mirar (no sólo ver), escuchar (no sólo oír) o experimentar (no sólo notar) es que me ha motivado. No siempre se explica de un modo racional, puede que ni siquiera sea un acto plenamente consciente, pero la verdad es que si algo me “toca” me “mueve”, de eso no hay duda.
He analizado algunas motivaciones profundas y ajenas tratando de ver las consecuencias que ello les ha reportado. Casi siempre he observado que se ha manifestado hacia el exterior a través de la creación de un discurso con el que poder explicar a los demás el gozo generado por esa fuerza interior que moviliza a un sujeto. Cuanta más auto exigencia, más necesidad de hacer partícipes a los demás de los retos a los que uno se enfrenta, lo cual nos habla de que esencialmente somos seres sociales que necesitamos “anunciar” nuestras metas y cuanto más retadores sean éstas, mayor pasión se demuestra.

Admiro profundamente a aquellos que son capaces de vivir su auto motivación con pasión, incluso en el caso de no estar de acuerdo con ellos. He observado que, a menudo, la pasión no está tanto en el desencadenante de sus acciones como en su experimentación, actuando entonces como una fuerza dinámica, inspiradora y retroalimentadora por excelencia.
La auto motivación tiene otra cualidad y es que perdura más allá de la primera inercia, es más duradera que la motivación ajena y pone al servicio de los objetivos que se persiguen lo mejor de uno mismo. Pero es que además, genera la autoconfianza necesaria para superar retos. Cuanto mayores son éstos más necesario es rebuscar dentro de uno mismo y es ahí donde aparece en toda su intensidad la parte emocional que nos jalea, nos impulsa y nos hace superar retos por muy racionales que seamos.
Diríamos que la automotivación genera confianza en dosis suficientes y cuanto mayor sean una y otra, se crea mejores condiciones para liderarnos a nosotros mismos. Se ha hablado poco de esa habilidad a pesar de ser crucial. Los modelos de imitación o de emulación permiten el fomento de esa capacidad innata de auto dirigirnos y en esas condiciones es cuando damos lo mejor de nosotros mismos.
La motivación, la confianza y el liderazgo son los subtítulos de mi blog. Y hoy os he hablado de ellos porque una niña de ocho años me ha inspirado esta entrada. Gracias a ella y a su padre que nos contó la historia.

2 de diciembre de 2009

Casualidades, series y datos

Dicen que cuando sucede un imprevisto estamos ante una casualidad, que cuando la casualidad se repite se produce una serie y que cuando la serie se prolonga, entonces estamos ante un dato.
Hay quien sólo cree en datos y no en casualidades. Esos son los realistas y lo que me pregunto es si son conscientes de la cantidad de cosas que se pierden, porque analizo mi entorno y observo que las cosas más significativas se producen por verdadera casualidad, que cuando se vuelve a tratar de reproducir una casualidad casi nunca se obtiene la repetición de la serie y que mucho menos se puede establecer datos certeros si no es con mucha dificultad. ¿Eso qué debe querer decir? No lo sé.
Lo que sí sé es que la experiencia conforma el “ambiente” en el que suceden las cosas. Así, no podemos saber cuándo un óvulo será fecundado pero lo que sí sabemos es que en unos determinados días del ciclo (serie) hay más probabilidades que en otros. Podríamos decir que no hay infalibilidad en eso, aunque sabemos (dato) en qué circunstancias es más probable (serie) que se produzca la fecundación (casualidad).
Me pregunto entonces por qué unos determinados fenómenos, básicamente los físicos y químicos, son predecibles (datos) y por qué el resto no lo son obligándonos a apelar a la combinatoria, la aleatoria, el algoritmo o vaya usted a saber qué para incrementar el porcentaje de acierto en la obtención del dato ansiosamente buscado. Eso se usa mucho en las predicciones de los juegos de azar (loterías, quinielas, primitivas y hasta en la ruleta) pero no sirve en absoluto para cosas tan fundamentales como el enamoramiento o la economía. Ya podría ser de otra forma pero es así.
Muchas de las grandes cuestiones que jalonan nuestra vida no se resuelven por tanto con la aplicación de fórmulas sino con la experimentación del ensayo/error (horror, oí decir ayer). La experimentación por tanto busca algún procedimiento a través del cual la casualidad resulte “seriable” en la creencia de que eso nos hace la vida más fácil, más cómoda, más próspera… más predecible en definitiva. Y si lo predecible tiene predicamento, si aporta felicidad, entonces eso es incuestionable.
Sé a la perfección que si combino en las proporciones adecuadas cloro y sodio obtendré sal, si hago lo mismo con hidrógeno y oxígeno agua, pero si trato de combinar trabajo y tesón nadie me garantiza el éxito. Y si no que se lo pregunten a los alquimistas que se pasaron la vida tratando de obtener oro sin resultado alguno y eso que se deslomaron en el intento.
Tampoco veo que existan fórmulas (datos) sobre las que basarse en la resolución de conflictos históricos (palestino vs. israelíes por ejemplo) ni para otras muchas cosas que a pesar de que se produzcan de igual forma un par de veces (serie) nunca alcanzan a ser lo suficientemente estables para que reaparezcan una tercera (dato). Ya decía al principio que cuesta mucho obtener un dato porque antes hay que pasar por lo de las series y aplicar mucho trabajo.
Se valora tanto la obtención de datos que quizá muchos desconozcan que los medicamentos basados en principios naturales no son homologables ni registrables como tales por el simple hecho de que no puede garantizarse su comportamiento uniforme como sucede con los preparados sintéticos, de lo cual se alegra lo suyo la industria homeopática porque, por fortuna para ellos, unos y otros pueden ser vendidos por igual en las farmacias con unos sensibles desfases en costes de investigación pero no de precio final.
Ahora bien, a causa de algún misterioso mecanismo que opera en nuestra “infalible” memoria colectiva, es preocupante observar (qué gran palabra) la extraordinaria capacidad que poseemos para que, sin un solo dato, lleguemos al establecimiento de una verdad absoluta. Dicho de otra forma, que a partir de un indicio aislado (casualidad) y no seriado lleguemos a una conclusión definitiva (dato) aunque ello nos lleve a meter la pata hasta el fondo, como aquí se ha mantenido en muchas ocasiones.

Para que veamos hasta dónde somos capaces de llegar, hace unos días hemos asistido al juicio sumarísimo que los medios (la opinión publicada) han celebrado contra Diego Pastrana. No voy a revelar quién es porque presumo que todos habéis seguido el caso y si no en unos pocos días su nombre será olvidado. Y lo más maravilloso es que ha sido precisamente la búsqueda de datos y no “las primeras impresiones” las que ha determinado su total y absoluta inocencia en un tiempo record, cosa extraña por otra parte y doblemente vergonzante.
A Diego Pastrana seguramente le interesaría leer este artículo aunque es altamente improbable que lo haga. Y digo que a él le interesaría especialmente ver cómo a pesar de todo, actuamos con pasmosa y enorme facilidad cuando se trata de elevar la casualidad a la categoría de dato aún a costa de sus nefastas consecuencias, sobre todo si fuera un lector y no lo más parecido al personaje de novela del mismísimo Kafka en el que ha acabado convirtiéndose.

1 de diciembre de 2009

Libro de Bitácora (Noviembre 2009)

Noviembre ha sido un poco extraño, como todos los que recuerdo. Para mí, es un mes de transición en el que reconozco que no me siento a gusto. No obstante, La Inteligencia de las Emociones sigue su curso y gozando de la fidelidad de sus seguidores, con algunos de los cuales me he sentido en deuda por varios motivos, pero es que es imposible llegar a todos los sitios.
Este mes hemos dado una vuelta a los estilos y roles sociales, hemos fabulado acerca de qué nos queremos morir y de las profesiones con futuro, hemos hablado sobre el principio de incertidumbre, intentado buscar las diferencias entre las empresas listas y tontas y hemos cerrado el mes reafirmando que lo obvio no siempre es sencillo.
Y aquí van algunas de las cosas que he anotado en mi libro de bitácora:

  • El Alakrana fue liberado después de un larguísimo secuestro y el pago de un rescate millonario. Como no podía ser menos, el sufrimiento de los pescadores y de sus familiares se ha convertido en carnaza política y mediática. En ambos casos esos colectivos se han visto frustrados, unos porque no han sabido meter gol en la portería del equipo del gobierno (que ha estado especialmente espeso y torpe) a pesar de que el portero ya estaba batido y los otros porque a la tragedia le ha faltado el aderezo de uno o dos muertos para que el cuento les saliera redondo. Pero tranquilos que otras ocasiones habrá. Sin ir más lejos, acaban de anunciar el secuestro de tres cooperantes en Mauritania. No hace ni veinticuatro horas que se ha sabido la noticia y ya estamos todos a la greña.
  • A pesar de todo, noviembre ha traído un par de buenas noticias económicas. La primera el empate en la previsión de déficit para el año que viene al que han llegado la OCDE y nuestra superministra de Economía y la segunda la contracción en el desplome de los precios o sea, que de aquí nada empezamos a tener inflación en lugar de deflación. No es mucho, pero algo es. Por una vez, alegrémonos de que el precio de los tomates suba en lugar de que baje.
  • El pasado día 25 James Muir, nuevo presidente de SEAT desde septiembre, tuvo una intervención sembrada en las jornadas sobre automoción que organiza todos los años el IESE. Mr. Muir puso a caer de un burro a todos los expresidentes de SEAT por incompetentes, ligó su futuro al de la marca, echó en cara a los españoles que no seamos capaces de vendernos en el exterior (¿saben ustedes que ahí fuera la gente piensa que Zara y Mango son italianas?, dijo) y oh, sorpresa, anunció que habría despidos en su empresa, pero no de curritos a los que les toca siempre la china sino de un montón de incompetentes con camisa y corbata. Mr. Muir, tiene usted al sector en ascuas, por no hablar de su propia casa y a mí mismo que le seguiré de cerca para ver si pasados unos meses sigue usted con su ímpetu inicial o si sigue usted en el puesto.
  • Ya sé que es un tema recurrente y que el pasado día 29 se celebraron elecciones en Hondura sin buena parte del reconocimiento internacional pero hago una pregunta de concurso ¿alguien ha leído algo durante este mes sobre la evolución en el rifirrafe que mantienen los señores Zelaya y Micheletti? Para quien ya no les suene los nombres recuerdo que son los dos presidentes de Honduras que llevan pleiteando desde inicio de verano. Si no recuerdo mal, lo último que supimos es que toda la OEA estaba reunida en Tegucigalpa tratando de mediar entre ellos. Luego, apagón informativo. Hasta ahora, que parece que el futuro presidente será un señor que se llama Lobo, mal presagio.
  • Sin cambiar de continente, hemos sabido que Uruguay ha elegido a José Pepe Mújica como presidente en segunda vuelta. Interesante resultado que hace que este pequeño país mucho más cercano a Argentina que a Brasil, a pesar de su rivalidad, mire a este último como referente para su economía. Y es que Lula es mucho Lula, ya se sabe.
  • El día 26 todos los periódicos de Catalunya publicaron un editorial conjunto solicitando al Tribunal Constitucional que, de una vez por todas, emita la dichosa sentencia sobre el Estatut que lleva camino de tres años y medio dando vueltas como una peonza. Ojo al dato, porque al presidente de la Generalitat no le harán ni caso pero apuesto que con el Cuarto Poder irán mucho más al tanto. Se verá más de lo que ya se está viendo.
  • El mes cierra con dos noticias de distinta dimensión pero igual capacidad para abrir interrogantes. En el último Consejo de Ministros fue presentado el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible que ha sido tildada como un cajón de sastre lleno de buenos propósitos y proyectos ya en marcha pero atascados con un desarrollo previsto hasta 2020 ¡largo me lo fiáis!. Y para acabarlo de rematar nos llegan noticias de la civilizada Suiza donde en un referéndum han decidido tumbar los minaretes de las mezquitas del país. Nunca cuatro minaretes (4) han sonrojado tanto a uno de los países más hipócritas en cuanto a lo de la protección de derechos de minorías y respeto a la libertad de culto. Suiza tiene 400.000 musulmanes viviendo y trabajando allí, lo que supone el 5,5% de su población por supuesto, sin derecho a voto.
  • Sin minaretes de por medio, en Lanzarote tenemos la patata caliente de Aminatou Haidar, la saharaui que está en huelga de hambre por haberle sido retirado el pasaporte después de que se negara a registrarse como ciudadana marroquí. Me da que esta señora con cara de buena gente va a demostrarnos una vez más la enorme fuerza de la resistencia pasiva. De momento, ya ha rechazado las tres alternativas que le ofrecía nuestro ministerio de Asuntos Exteriores, entre ellas la de otorgarle la ciudadanía española. Señor Moratinos, que la señora Haidar no quiere ser española, sólo quiere que le reconozcan que es saharahui sí, ese país no reconocido con el que nos llenamos la boca todos los veranos albergando miles de niños a los que les pagamos los reconocimientos médicos y que luego devolvemos a sus haimas en el desierto.
  • Este mes quiero recomendaros el blog Me queda la palabra de Domingo Puerta, un joven y asiduo seguidor de esta casa que en estos días anda cumpliendo su entrada número 300. Domingo siempre me ha impresionado por su madurez, por su sensibilidad sincera, por el tratamiento humano que da a las noticias y por ese afán de crear un lenguaje propio y muy rico en matices.
  • En el capítulo de adioses el mes de Noviembre empezó con mucha fuerza. El día 1 murió Claude Levi-Strauss pocos días antes de cumplir 101 años. Este más que centenario ha sido un antropólogo colosal y piedra de toque imprescindible para explicar el valor diferencial de las culturas autóctonas y a través de ellas explicarnos a nosotros mismos. En su obra de referencia “Tristes Trópicos” se avanzó muchos años a las preocupaciones medioambientales de nuestros días.
  • Al día siguiente murió en Madrid José Luis López Vázquez a los 87 años de edad. Hombre complejo y a veces distante pero que forma parte del ADN de todos nosotros, es imposible explicar el ciñe español de los últimos 50 años sin su presencia omnímoda durante décadas. Capaz de reinventarse a sí mismo en cada personaje, fue un actor capaz de hacer lo mejor y lo peor con profesionalidad, metiéndose en todos los papeles que le encargaron y a los que se dedicó por completo. Infeliz en el plano afectivo, supo mantener su vida privada a raya casi siempre. “Era una persona insignificante y lo sigo siendo, mínimo” se definía a sí mismo. Y en cierto sentido, no le faltaba razón. Por eso era tan querido y tan grande.
  • El día 4, sin solución de continuidad, falleció Francisco Ayala a los 103 años de edad. Una personalidad intelectual como la suya es imposible de ser contenida en unas pocas líneas, así que me limitaré a señalar que con él muere uno de los últimos símbolos de la pérdida de talentos que supuso para este país la guerra civil al mismo tiempo que alumbraban sus nuevas patrias de acogida.

La frase del mes ha sido del famoso escritor Víctor Hugo y decía “El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable; para el miedoso, lo desconocido; para el valiente, la oportunidad” y se la tomé prestada a mi amigo Adolfo Morales que la dejó en uno de sus primeros comentarios del mes.
El próximo mes de diciembre es el último del año y para mí no es el mejor. Será porque no soy capaz de sintonizar con los mensajes estereotipados de la feliz navidad y de los deseos de paz y prosperidad para el próximo año, qué se le va a hacer. Lo único bueno para mí es que con él terminaremos uno de los peores annus horribilis que recuerdo, con la esperanza de que el que viene no sea tan malo. Hemos sobrevivido, pero no hemos vivido, que diría un amigo mío.
Por motivos obvios y no tan obvios, es probable que no sea un mes muy pródigo en entradas, pero sí en seguimiento de todo cuanto escribáis y comentéis.
Y por último y como siempre, quisiera dar las gracias a todas aquellas personas que se han pasado por aquí aunque no hayan dejado rastro. A unos y otros, muchas gracias.