31 de julio de 2009

Libro de Bitácora (Julio 2009)

La Inteligencia de las Emociones ha vivido un mes intenso en el que hemos cazado rayos, recomendado que vayamos al chapista, hablado de los “singermornings”, elogiado la buena rutina y hasta nos han llamado cerdos, además de habernos advertido acerca de los “nunca” y “siempre” o exigido pasta por cantar. Parece que contamos con un público interesado por lo que sucede por aquí y que tiene mucho que contar sobre sus propias experiencias de lo cual no puedo más que estar agradecido por el número y calidad de los comentarios recibidos. La verdad es que aprendo mucho de vosotros.

Y aquí van algunas de las cosas que he anotado en mi libro de bitácora de este mes, antes de que empecemos a ser víctimas de las "armas de distracción masiva" (frase usurpada a un colega bloguero) que nos esperan en agosto:


  • Los índices bursátiles han crecido exponencialmente en lo que va de año y ello a pesar de que los brotes verdes siguen sin aparecer por ningún lado ni en Estados Unidos ni mucho menos por aquí, lo cual revela la influencia de las emociones en el bolsillo de los inversores quizá más que la certeza en la recuperación económica. Paul Krugman vuelve a darnos algunas claves para los próximos meses que son de puro sentido común y que conviene revisar.

  • Quisiera recomendaros un blog que me cautivó desde el primer momento por su combinación excepcional de imagen, texto y música (cuidadísima) que se llama "donde todo empieza". He de confesar que muchas tardes a última hora es uno de los lugares a los que acudo en busca de un poco de sosiego. Su autora (M.) es una de las comentaristas de este blog y espero que, al menos en este mes de agosto que empieza mañana y en el que se supone que tendremos más tiempo para el deleite, no os lo perdáis. Engancha.

  • Aunque en clave local (porque parece que fuera del ámbito cultural catalán no ha tenido tanta repercusión) he de recordar que el 1 de julio falleció Baltasar Porcel, autor querido por tantas razones y columnista habitual de La Vanguardia. Seguro que muchos le recordaréis por “Caballos hacia la noche” (Cavalls cap a la fosca) una novela que confieso que tuvo mucho éxito e influencia sobre mí y que me predispuso a escribir mi primera novela cuyo original, por fortuna, anda perdido por algún cajón, pero entonces era todavía muy joven y eso no dolía como lo haría ahora. Si no tenéis decidido alguno de los libros que os acompañarán en las siestas os recomiendo que lo leáis (Caballos hacia la noche, no el mío que no se va a publicar je,je).

  • También nos ha dejado Frank McCourt el autor de “Las Cenizas de Ángela” y ganador del Premio Pulitzer. Como sé que entre algunos de los visitantes hay buenos aficionados al cine, señalo que la adaptación cinematográfica permitió a muchos conocer el magnífico libro sobre el que se realizó el guión.

  • Walter Cronkite históricamente considerado como el más prestigioso presentador de informativos de Estados Unidos falleció el pasado día 17 a los 92 años de edad. Su rigor e independencia hizo que fuera el primer periodista (y durante bastante tiempo el único) que se atrevió a decir a su público que la guerra en Vietnam estaba perdida. También recuerdo sus lágrimas en directo al anunciar el asesinato del presidente Kennedy que traslucía el estado emocional no sólo de (parte de) un país sino (de buena parte) del mundo.

  • El Observatorio de la Blogosfera de los Recursos Humanos ha vuelto a incluir mis entrada “De Profundis” entre las mejores del mes. Vuelvo a darles las gracias de todo corazón.

La frase del mes de julio se la debemos a M. Carmen Solar y decía: “Todo lo que dices te cae encima”. Mari Carmen tiene un amplio repertorio de frases que asombra porque combinan la gracia con el fondo que da la sabiduría popular. La estoy animando a que las recopile y publique pero no sé si habrá que darle un empujoncito. A la vuelta del verano, a ver si por lo menos las traigo catalogadas.
Este mes de agosto cierro el quiosco y me tomo vacaciones, así que no habrá entradas en vivo (bueno, eso ya lo veremos) a pesar de lo cual os he dejado programados unos cuantos post refrescantes que tampoco es plan de calentarnos la cabeza todo el año. Hace unos días recibí una comunicación de Vimeo en la que anunciaba que los vídeos que allí están colgados estarán disponibles sólo por un mes desde su fecha de publicación, así que a lo mejor tengo que cambiar alguno de los previstos.
Y por último y como siempre, quisiera dar las gracias a todas aquellas personas que han visitado este blog, hayan dejado o no mensaje. Sin ellas esto no sería lo mismo o simplemente no sería.

¡Felices vacaciones y hasta septiembre!

29 de julio de 2009

Se levanta el telón

A pocos días de empezar las vacaciones para la mayor parte del país, se levanta el telón.
¿Qué habrá detrás? Unos días de descanso para unos, cambio de rutina para otros, preocupación para muchos… Para todos, incertidumbre.
En un año como este en el que hemos tomado plena consciencia de la situación en que vivimos no es de extrañar que lo que nos vamos a encontrar al otro lado del telón sea bastante distinto de lo que imaginamos cuando el año pasado volvimos al trabajo e hicimos los primeros planes de vacaciones para este.
El mundo ha cambiado mucho en ese periodo. Tanto, que si alguno se despertara ahora de un profundo sueño en el que hubiera hibernado desde el pasado mes de agosto no lo reconocería y probablemente quisiera volver a cerrar los ojos a la espera de tiempos mejores. Eso, podrían firmarlo muchos empresarios y un porcentaje todavía mayor de trabajadores. Nosotros, sin embargo, somos los mismos. Cuidamos de nuestra familia, frecuentamos a los amigos, tenemos anhelos, cumplimos en nuestro trabajo. En definitiva, nos esforzamos en seguir viviendo, pero todo ha cambiado.
Os propongo un ejercicio sencillo. Cerrad los ojos y recordad cómo era la cama en la que dormíais hace cinco años. Ningún problema, porque todos la recordáis. Ahora volved a cerrarlos e imaginad cómo será la cama en la que dormiréis de aquí a cinco años. ¿?
Nadie tiene la certeza de cómo será esa cama, aunque estadísticamente es muy probable que sea la misma en que dormís hoy. ¿Qué ha sucedido? Pues que no tenemos suficiente capacidad proyectiva, no podemos imaginar cómo será el futuro y eso puede incomodarnos. Lo mismo sucede cuando imaginamos qué será de nosotros, cómo y hasta qué punto nos afectará la situación económica o cómo será nuestra salud. No lo sabemos.Pero lo que sí sabemos es que contamos con nosotros mismos, con nuestra determinación, algunos hasta con el apoyo virtual que damos y recibimos en nuestros blogs. Saldremos adelante, pero es necesario que nadie olvide que cada día se levanta el telón y que nuestro objetivo es estar listos para salir a representar nuestro papel sabiendo que en el patio de butacas están todos los que dependen o confían en nosotros. Menuda responsabilidad… Ah, y buenas vacaciones.

24 de julio de 2009

Si quieres que te cante...

Una señora mayor fue al mercado del pueblo a comprar verduras frescas de temporada. La verdulera había tenido un encontronazo por la mañana con su cuñado el pescadero, así que cuando la señora le comentó que la verdura la quería buena le contestó de malos modos. La clienta, sintiéndose en el derecho de ser bien atendida, la mandó educadamente a paseo y se puso a la cola en el puesto en el que solía comprar antes. La dueña, al verla guardando cola, decidió echarle en cara que la había abandonado para comprar en el puesto de su rival. Cuando le tocó el turno la señora preguntó el precio de las acelgas. No serán más caras que donde las compraba hasta hoy, le contestó con retintín. La señora mayor que le vio la intención pasó por alto el comentario y le compró las acelgas, además de nabos, tomates y un hermoso repollo.
Al pagar comprobó que la otra se había equivocado con el cambio. Para no ponerla en evidencia le hizo repetir que a cuánto ascendía la cuenta por si ella había entendido mal y la verdulera la miró con cara de pocos amigos antes de darse cuenta de que le había devuelto de menos. Le dio las monedas que faltaban y además le regaló una cabeza de ajos. La clienta le dio las gracias pero se quedó algo mosqueada.
De vuelta a su casa recordó que había olvidado comprar pescado para la cena por lo que tuvo que regresar al mercado. El pescadero quería colocar una merluza que llevaba dos días en hielo y a todo el que se acercaba le cantaba las excelencias pero la señora se dio cuenta de que aquella merluza tenía los ojos hundidos y dijo que le pusiera sardinas a lo que el otro, que a toda costa quería colocarle la merluza como fuera, repuso que no le quedaban. ¿Y esas no están en venta? Esas son para un regalo para hacer las paces con mi cuñada la verdulera con la que me he peleado esta mañana. Llévese la merluza que ya le digo que está fresca. La señora decidió que en ese caso no iba a comprar pescado y se marchó.
A la salida del mercado se percató de que tampoco tenía pan y entró en el horno de la esquina. Compró una hogaza pero al salir, el hijo del alcalde, un mozalbete que iba montado en bicicleta casi la atropella y del susto que le dio se le cayó la hogaza en un charco sin que el chaval ni siquiera se detuviera a pedir disculpas por lo que había hecho. Ahora la hogaza estaba echada a perder y sólo serviría para dársela a comer a las ocas, pero sin pan no podía pasar así que volvió al horno sólo para comprobar que se había llevado la última y que ya no quedaba ninguna. ¿Seguro? Mire bien por ahí que con un poco ya me apaño. Queda media de ayer, pero está un poco rancia y además si se la vendo se la tengo que cobrar a su precio, terció el panadero. Bueno, dijo la señora, pero yo sin pan no me puedo quedar pensó. Contrariada por todo lo sucedido, recorrió el camino hacia su casa sin comprender por qué todos aquellos parecían haberse puesto de acuerdo para contrariarla tanto.

Al mes siguiente eran las fiestas del pueblo y como de costumbre se había organizado un concurso de jotas en el que participaban todos los pueblos de la comarca. En la comisión de fiestas estaba el alcalde, el panadero, el pescadero y las dos verduleras quienes mandaron al alguacil para pedir al marido de la señora que participara porque era sabido que tenía buena voz. Pero en cuanto le vio llegar a su puerta la señora se asomó al balcón diciéndole ¿Has venido a que cante Manolo? Pues dile a esos que si quieren que cante…la pasta por delante.

22 de julio de 2009

"Nunca" es demasiado tiempo

Al tiempo que conectaba mi primitivo gestor de correo y veía aparecer el número de e-mails que iba a descargarse a través de mi exigua línea analógica aproveché para revisar la lista de llamadas recibidas en mi ausencia entre las que un aviso me llamó la atención. Era de una persona a la que hacía tiempo que no veía ni sabía nada de ella pero que, por lo visto, había localizado mis coordenadas y tratado de ponerse al habla. En esa época, el móvil apenas existía por lo que los modos de acceso eran mucho más limitados. El texto del aviso decía “quiere que la llames mañana como muy tarde porque si no ya no podrás volver a contactar con ella”. Cuando me dispuse a marcar su teléfono me di cuenta de que faltaba un número.
En el correo electrónico había un mensaje de esa misma persona que decía “Hola hombre de palabra. Salgo mañana para Auckland y antes quería hablar contigo. He dejado un recado en tu oficina con mi número de teléfono pero si lo ves más tarde ya no hace falta que llames”. El hecho de que hubiera utilizado el mail como arma de refuerzo a su petición era igualmente llamativo por exótico pero olvidó repetir el número donde poder localizarla.
Con una curiosidad creciente contesté aquel mail aclarándole que, a pesar de que lo había intentado, no podía ponerme en contacto con ella porque faltaba un número. Pasó el día y no recibí respuesta. Volcado en mis quehaceres, acabé por olvidarme del tema.
Días más tarde recibí una llamada de un amigo.
- ¿Hablaste con Sara? Sé que trataba de localizarte y le dí el número de tu oficina.
- Lo intenté, pero verás lo que sucedió – Y le relaté la historia
- Vaya, cuanto lo siento porque parecía muy interesada. Se marchó a vivir a Nueva Zelanda con su marido.
- ¿Sabes lo que quería de mí?
- Me comentó que os habíais enfadado y que le dijiste que nunca más querías volver a saber nada de ella. Un poco drástico ¿no?
- Pues sí, nos enfadamos mucho pero de eso ya hace un montón de años y no recuerdo haberle dicho semejante cosa.
- Bueno, el caso es que ella me dijo que pensaba que “nunca” era demasiado tiempo.
Pasaron los años. Una tarde alguien me paró en la calle. Era Sara. El tiempo no nos habían cambiado tanto a pesar de todo y me había reconocido.
- Veo que sigues siendo un hombre de palabra. Dijiste que nunca más querías volver a saber nada de mí y lo has cumplido a rajatabla.
- Cuando llamaste hacía mucho tiempo que lo había olvidado.
- Yo no.
Y nos sentamos en una terraza a charlar sobre los viejos tiempos. En perspectiva, llegamos a la conclusión de que el motivo de nuestro enfado tampoco había sido para tanto. Antes de despedirnos nos intercambiamos nuestros números de móvil –ahora sí- y acordamos que volveríamos a vernos para comer juntos. Y desde entonces, nunca más… al menos por el momento.

17 de julio de 2009

No seamos cerdos

Imagino que el título os habrá impactado pero eso no es lo peor porque ya os anticipo que de aquí a unas líneas también os llamaré gallinas y todo ello para hablar un poco y tratar de entender qué es eso de la empatía, esa gran desconocida.
Cuando hablamos de empatía a veces queremos referirnos a otra cosa completamente distinta, la simpatía, porque confundimos los términos y voy a tratar de demostrarlo.

La actitud empática consiste en tres pasos indisociables:

1. Comprender los sentimientos o el estado de ánimo de otro (lo que entendemos como ponernos en sus zapatos). Este primer paso normalmente es el único al que asociamos la empatía y nos cuesta más a unos que a otros darlo pero vaya ¿quién no ha sentido nunca ese sentimiento?
2. Decírselo. Eso ya es más raro que se produzca pero absolutamente necesario para que la persona por la que sentimos empatía se entere. Claro, aquellos que se ven a sí mismos como transparentes pensarán que ya se nota que son empáticos.
3. Ofrecer alternativas de solución a los problemas porque como es lógico, generalmente a las personas que lo sufren a veces les cuesta verla aunque la tengan delante de las narices.


Hasta aquí el concepto de la empatía. Hay que ser conscientes de que cualquier paso que omitamos de esos tres perjudica la finalidad de nuestra actitud empática, no os quepa la menor duda. Ahora bien, ofrecer alterativas en ningún caso debe suponer asumir el problema del otro como si fuera nuestro. Eso es simpatía, no empatía. Y diré más “comprar los problemas” puede ser causa de más de un disgusto o acarrearnos inconvenientes que hubiéramos podido o debido saber evitar.
Añadiré ahora otro elemento. Cuando muestro empatía hacia alguien puede que esté de acuerdo o no con su punto de vista pero eso no supone que la contribución que puedo hacer para que el otro resuelva su problema sea menor en el caso de que no esté de acuerdo con él. Eso es sumamente importante entenderlo. Si no estoy de acuerdo, basta con no decirlo y tema resuelto, pero eso no impedirá que le pueda ofrecer soluciones racionales, desapasionadas, lógicas y válidas.
Por el contrario, siempre tendré más dificultades cuando estoy de acuerdo con el otro ya que eso supone que he pasado la frontera y que mi tendencia será la de actuar "solidariamente" con él y de eso a “comprar su problema” sólo hay un pequeño trecho que, una vez dado, nos hace compartir su suerte. Eso ya no es empatía sino simpatía, que es un sentimiento legítimo pero completamente distinto porque recordemos: el problema era del otro, no nuestro y bastante tenemos con tratar de resolver nuestros problemas como para cargar con los de los demás.
Y ahora volvamos a los cerdos y las gallinas.
Como todos sabemos en un plato de huevos con chorizo aparece la contribución de dos animales: la gallina y el cerdo. Pero ambos no están en pie de igualdad puesto que el cerdo está allí de “cuerpo presente” mientras que la gallina únicamente ha contribuido aportando los huevos. ¿Veis la diferencia entre estar implicado e involucrado? Pues lo mismo sucede con la empatía y la simpatía. ¡Imaginad lo que hubiera sucedido si la gallina hubiera comprado el problema del cerdo!

¡No seáis cerdos… contentaos con ser gallinas, que no es poco!

14 de julio de 2009

Elogio de la rutina


(En 1897 en este lugar no ocurrió nada)
Si alguno de vosotros pasea por las calles del Greenwich Village de Nueva York se encontrará con multitud de placas como esta en las fachadas de las coquetonas casas rememorando hechos más o menos famosos o recordándonos que allí nació, vivió o murió tal o cual personalidad. Es una costumbre que los norteamericanos heredaron de los ingleses y que luego hemos seguido prácticamente en todas las ciudades con mucha o poca historia que contar. Pero hete aquí que un avispado vecino del Village mandó colocar esta placa en la que anunciaba que, precisamente en ese año, no pasó nada memorable y lo celebraba.
La rutina, la ausencia de noticias reseñables, por lo general no está bien valorada dando la sensación de que es sinónimo de vida aburrida y sin altibajos. Craso error. La rutina es una magnífica aliada. Cuando nos dislocamos un tobillo y tenemos que andar unas cuantas semanas con muletas durante las cuales ni siquiera podemos ducharnos con normalidad ¿no añoramos la rutina de tener libertad de movimientos? Cuando pasamos una situación más o menos angustiosa ¿no suspiramos deseando que la vida vuelva a la normalidad cuanto antes? Cuando durante el mes de agosto vamos a comprar la prensa a nuestro quisquero habitual y nos encontramos con el letrero de “cerrado por vacaciones” ¿no nos entra una creciente impaciencia porque regrese de una vez y no nos obligue a caminar no sé cuántas manzanas más?
La rutina tiene mala prensa, pero en el fondo es el estado por el que muchos nos envidian y que desdeñamos hasta que la perdemos, como tantas otras cosas. Podríamos definirla como la ausencia más o menos constante de sobresaltos o achaques que nos obliguen a cambiar nuestros hábitos de vida. Es tan conservadora en su apariencia como progresista en su esencia, tan lineal como necesaria, tan ordinaria como accidental, tan insulsa como confortable.
Nada funcionaría sin ella: el transporte público, la generación de energía, el ciclo de sueño y vigilia, los horarios de comida, los días de paga… Entonces ¿por qué razón tiene tan mala prensa? Porque nos empeñamos en entender sistemáticamente que lo que hay que hacer es romperla. Bien, perfecto. En ese caso ¿nos lanzamos a bajar apresuradamente los bordillos de las aceras a ver si logramos dislocarnos un tobillo, nos empeñamos en meternos en callejones oscuros a ver si nos atracan, renunciamos a cobrar nuestro salario para sentir nuevas sensaciones, comemos y dormimos cuando tengamos hambre o sueño y dónde nos venga en gana? Ah, bueno. En ese caso, bendita sea la rutina ¿no os parece?

11 de julio de 2009

¡¡Señoras y señores...

… con ustedes los afamados Singermornings!! (también conocidos como cantamañanas) especie peligrosa donde las haya.
Esta semana me han contado algunas experiencias “místicas” que quería compartir con vosotros tras pedir los permisos oportunos y que ya he anotado convenientemente en mi cuaderno de desatinos que no sé si algún día verá la luz.

1. Una amiga y colega consultora recibió la llamada de un futuro cliente al que andaba rondando desde hace tiempo. Le dijo en tono misterioso que quería que le fuera a visitar con premura, así que cambió su agenda y se fue para allí. Lo que le propuso es que participara en un proyecto piloto que requería una dedicación aproximada de 500 horas de trabajo. Muy bien, pensó. Acto seguido el cliente le aclaró que en cuanto a los honorarios no se los pagaría en "cash" sino que podría hacer publicidad de que había trabajado para ellos y que eso superaría cualquier precio que pudiera pagar por sus servicios. Declinó.

2. Un headhunter que conozco entrevistó a un candidato a ocupar un puesto directivo porque su curriculum era impresionante. Cuando le pidió que le explicara su trayectoria profesional la cosa cambió porque a pesar de que había trabajado para compañías importantes lo había hecho en posiciones que, claramente, no le capacitaban para el puesto al que aspiraba, pero a cambio empezó a relatarle su extraordinaria formación académica explayándose en detalles absolutamente banales. De lo que más presumía era que había atravesado Estados Unidos de costa a costa. Bien pensó, habrás pasado por Estados Unidos pero Estados Unidos no ha pasado por ti. Cuando vio que aquello iba de mal en peor el candidato aclaró que de todas formas pensaba que el puesto sería suyo porque su padre era íntimo amigo del presidente de la compañía que buscaba cubrir la plaza. Si lo logra, dice (el headhunter) que cambia de profesión.

3. Yo mismo almorcé ayer con un colega al que no veía desde hacía tiempo. Dice que se ha reconvertido y que ahora “vende información útil”. Sin palabras. Por desgracia, esa información útil no incluía la combinación de la lotería primitiva.

Vaya semanita. Amigos míos tened cuidado con los singermornings (que bonita palabra) que tratan de colarse por los resquicios de la confianza, la oportunidad o por donde sea y recordad que no hay duros a cuatro pesetas. Eso sí, para eso hay que saber resistirse a los cantos de sirena y aprender a decir no, cosa que no siempre es fácil.

8 de julio de 2009

Reparación o recambio

En estos tiempos azarosos que nos ha tocado vivir es muy frecuente que a los habituales golpes que nos da la vida se una serie de impactos profundos que como decía un amigo sevillano “nos abollan”. ¿Cuáles pueden ser estos?
Sin ánimo de ser exhaustivos podríamos enumerar los zarpazos del paro, las negras perspectivas económicas, la inseguridad paralizante que produce no ser capaces de hacer planes a medio plazo, la sospecha de que nadie nos cuenta toda la verdad sobre lo que va a suceder, etc. Como veis, motivos sobrados para estar realmente preocupados a los que cada uno puede añadir o sustituir los que le afecten particularmente.
En toda situación de este tipo parece que prestamos más atención a lo que más nos ocupa en el momento. Siempre digo que la mejor forma de curar un dolor de cabeza es darse un martillazo en el dedo, infalible remedio pero la cuestión es que, en realidad, los males se acumulan y no se sustituyen unos por otros.
Es indudable que los daños sufridos tienen un fuerte impacto emocional dado que es en ese ámbito donde se “metabolizan” todas las cosas que nos afectan sean éstas buenas o malas y por ello conviene entender, una vez más, que el cuidado que prestemos a nosotros mismos será determinante para la aceptación o superación de situaciones difíciles.

Utilizando la imagen de mi amigo, podríamos imaginar que somos como un coche que conviene llevar al taller de chapa y pintura de vez en cuando. Buenas, que vengo para que me arreglen un poco las abolladuras. Pues vamos a ver –podría responder el chapista de turno- si no tiene usted un buen seguro a todo riesgo y sin franquicia le va a salir más barato cambiar la aleta que repararla. Y entonces ¿qué hacer? Esa es la cuestión. ¿Reparamos nuestra visión de la vida o la sustituimos?
Ante ese dilema lo que solemos hacer es dar largas al chapista y continuar circulando. Total, si lo importante es que el coche funcione -nos decimos- y de motor parece que todavía andamos bien. Pero cuando el tiempo pasa y el rocío de la noche, la lluvia o el salitre acaban pudriendo la chapa regresamos al taller y entonces nos dicen aquello tan demoledor de lo siento, pero es que ahora lo que está afectado no tiene solución. Hay que cambiar de coche.¿Tenemos la posibilidad de cambiarnos por otro nuevo y reluciente? No, claro, porque no somos sustituibles. Pues si estamos abollados vayamos al taller cuanto antes. Y hagamos caso a lo que nos recomienda el mecánico que, por cierto, muchas veces se parece tanto a nosotros que podría pasar por nuestro doble.

3 de julio de 2009

Cazadores de rayos

Sally y Joe tenían una curiosa afición, eran cazadores de rayos. Sobre todo en verano, cuando las tormentas eléctricas hacían su aparición, los dos ancianos salían de su rancho de Iowa y se adentraban por los campos en busca de la tormenta. En ocasiones, tenían que alejarse bastante hasta que daban con la zona adecuada, pero siempre andaban a su paso, sin sobresaltos porque la edad y los achaques no les permitían ir más ligeros. Antes, Sally había oteado el aire y avisado a Joe para que fuera preparando lo necesario: una pértiga y unos cuantos tarros grandes de cristal, todo ello acomodado en una ruidosa carretilla de rueda chirriante.
Para no ser vistos trabajaban de noche, cuando nadie les molestaba y no tenían que dar explicaciones a sus vecinos. De todas formas, tenían ya tan pocos y estaban todos ellos tan achacosos que poco hubiera importado hacerlo a plena luz del día, pero se habían acostumbrado a esa rutina y los dos eran de dormir poco.
Una noche de agosto, la cosecha de rayos se dio especialmente bien. Sally obtenía su botín con facilidad levantando su pértiga y orientándola hacia las descargas eléctricas; parecía que en eso tenía la misma maña que cuando de pequeña acompañaba a su padre a pescar al río y rara era la vez que no levantaba un barbo en cuanto lanzaba la caña. Su rendimiento era excepcional.
Sin embargo, esa noche no estaban solos. Agazapada tras unos matojos Mary se frotaba los ojos viendo la pericia de la anciana al capturarlos y la rapidez con la que Joe cerraba los frascos de cristal impidiendo que los rayos se escaparan, uno cada vez. Mary se asustó, quién no lo hubiera hecho en su caso, pero la curiosidad era más poderosa que los temores y poco a poco se fue acercando. Joe la vio por el rabillo del ojo pero no hizo la menor señal de preocuparse por la presencia de aquella extraña.
- ¿Quieres probar tú? –dijo Joe a Mary sin esperar que se presentara.
- Nunca había visto nada igual –repuso ella-. Tengo miedo de que me traspasen y me maten. En mi granja todos los años mueren novillos por culpa de esos malditos rayos.
Joe y Sally siguieron con sus quehaceres sin prestar más atención a aquella intrusa capturando y embotando rayos azules y blancos. Pero la curiosidad fue creciendo y creciendo en ella hasta que se decidió a aceptar aquel extraño ofrecimiento. Nunca supo por qué lo hizo pero antes de lo que se tarda en decirlo se vio tomando la pértiga y orientándola en dirección a los haces de luz que aparecían en el cielo y que, si no eran atrapados, se desvanecían sin remedio en el suelo.
Viendo que aquello se le daba bien se fue animando y era tal la cantidad de rayos que atrapaba que pronto se acabaron los botes donde guardarlos. Se sintió decepcionada.
- Vaya, ahora que me estaba divirtiendo se acaba el juego.
Los dos ancianos se miraron mientras cargaban el carro con las últimas capturas y se aprestaron a marcharse con paso tranquilo tal y como habían llegado. Mary los siguió a distancia, pues no sabía qué es lo que debía hacer a continuación. Cuando estaban cerca de su casa Sally se volvió hacia ella y le dijo:
- Mary, ¿qué es lo que has aprendido esta noche?
- No sabría decirlo exactamente –contestó-. Al principio me pareció divertido pero el juego duró poco. No conozco a nadie en el mundo que haga cosas como esas.
- Pues entonces voy a decirte algo. Nunca hagas lo que no sabes para qué sirve sólo porque te divierta. La razón por la que hacemos esta tarea es porque tenemos ese don. Atrapamos los rayos para que no mueran terneros, ni se destruyan árboles o casas. Nunca lo hicimos porque nos divirtiera, pero ahora que hemos visto que tienes el mismo don que nosotros no estraría de más que nos reemplazaras. Ya ves que somos viejos y tú joven, así que aquí te dejamos los aparejos.
Mary no dijo ni que sí ni que no, pero pasó el tiempo y el número de rayos que caían sobre las casas y el ganado creció una barbaridad. Nadie daba explicación a aquel hecho excepto Mary que desoyendo el encargo que le había hecho aquel par de ancianos jamás había vuelto a usar la pértiga desde aquella noche. Un día llegó la noticia: un rayo había destruido la granja de Sally y Joe matando a todos sus animales.
Removida la conciencia, a la noche siguiente volvió a adentrarse en los campos en busca de nuevos rayos, pero su sorpresa fue mayúscula cuando vio a lo lejos que la pareja de ancianos había vuelto a su tarea y yendo hacia ellos vio que la ignoraban por completo.
- Perdonad –les dijo-. No cumplí con mi obligación y por mi culpa habéis perdido todo lo que teníais en el mundo.
Pero los ancianos no le contestaron y siguieron a lo suyo. En Iowa, tierra de rayos y truenos, nadie se explica la longevidad de aquella pareja de viejos.


NOTA: Hoy es el cumpleaños de mi hija y este es un regalo para ella.

1 de julio de 2009

Menos texto y más contexto

Uno de los principios en los que se sustenta la inteligencia emocional es el análisis del contexto en el que producen los hechos sosteniendo que todo lo que percibimos está condicionado por él. Una reedición de aquello que ya conocíamos: “nada es verdad ni mentira, sino que depende del color del cristal con que se mira”.
Eso es tan cierto que podríamos definir el contexto como aquello que fija o modifica una postura, opinión o reacción. Veamos un ejemplo:

Crónica de los hechos (texto)
Ayer a las 9,30 de la mañana de ayer se produjo un luctuoso suceso. El joven J.B.L. de 18 años de edad y que huía de una tienda de comestibles tras perpetrar un robo a mano armada con una pistola que resultó ser de juguete fue arrollado por un automóvil causándole la muerte instantánea. El botín no llegaba a los cien euros.

Reacción: ¿…?

Contexto 1:
El atracador era un toxicómano con síndrome de abstinencia que precisaba el dinero para comprar droga.

Reacción: ¿…?

Contexto 2:
El atracador era un huérfano con dos hermanos pequeños a su cargo a los que tenía que alimentar.

Reacción: ¿…?

Contexto 3:
El atracador era el hijo pequeño de una acaudalada familia que siempre lo había tenido todo muy fácil y que, al parecer, necesitaba sentir nuevas emociones.

Reacción: ¿…?

En efecto, las distintas reacciones dependen del color del cristal… pero precisamente aprender a utilizar adecuadamente el “depende” es lo que nos hace más hábiles a la hora de entender los hechos porque introduce el elemento de las motivaciones.

Los hechos fácticos son enjuiciables, por supuesto, pero considerando el contexto en el que se producen las lecturas son distintas y a eso tenemos que ir acostumbrándonos. Los hechos y sus consecuencias son los narrados y no se pueden cambiar: un tendero fue robado, un automovilista que no tenía la culpa de nada pasó por allí en el momento más inoportuno y el joven murió, pero el grado de empatía con cada uno de los actores puede ser modificado por el contexto en el que los sucesos se produjeron ¿verdad?.
La interpretación más o menos correcta de lo que está sucediendo delante de nuestos ojos tiene múltiples aplicaciones prácticas. Imaginemos entornos de negociación, de ventas, de orientación al cliente, de gestión de situaciones difíciles, etc. en las que debemos entender las motivaciones de los otros para obtener los fines que perseguimos. La clave en todos esos casos está en interpretar adecuadamente las necesidades del otro.
Pues eso, menos texto y más contexto.