29 de octubre de 2009

La vida en obras

Como el día, aunque otoñal, había amanecido esplendoroso, Matías decidió ir andando al trabajo. Para algo tiene que servir eso del horario flexible, se dijo, así que no tomó el autobús como hacía a diario sino que por una vez en la vida decidió saborear el aroma y los ruidos de la primera hora de la mañana cuando se diría que la ciudad saca el pan del horno.
Le invadía una sensación de plenitud, máxime cuando el día antes su jefe le había comunicado que le había propuesto para un puesto muy apetecible en las oficinas centrales. Después de todo, se decía, tarde o temprano el esfuerzo y la honradez siempre son recompensadas.
Al rato sonó su móvil y al ir a atender la llamada vio que en la pantalla iluminada aparecía el mensaje de “número desconocido”. El dichoso telemarketing se dijo, y dejó que el teléfono sonara y sonara. Unos minutos más tarde percibió un nuevo pitido. “Tiene un mensaje guardado en su buzón de voz” pero iba tan decidido a disfrutar de su paseo que no hizo caso, ya lo revisaría más tarde.
Mientras caminaba empezó a rememorar sus años de dedicación entusiasta a su trabajo. No había sido fácil, desde luego, nadie le había regalado nada. Conoció a su mujer dentro de la empresa y tras un largo noviazgo se casaron. Habían decidido que en cuanto se quedara embarazada, ella dejaría el empleo y así lo hicieron. Ahora tenían tres niños y el proyecto de hacer unas reformas en el piso. Si lo del ascenso se materializaba podrían meterse un poco más en líos y aprovechar para cambiar los muebles de la cocina. La casa en obras, pensó, qué pereza.
Aquella mañana su esposa le había despedido con un beso más prolongado que de costumbre y se había cerciorado de que su traje estuviera bien planchado y sin restos de pelos o de caspa. Con los años, esos dos problemas se habían vuelto crónicos por más que Matías había probado todos los remedios disponibles. Ahora más que nunca debes procurar ofrecer una buena imagen, le dijo mirándole con gesto aprobatorio.
Por fin enfiló la avenida en la que estaba ubicada su empresa. Aún estaba a bastantes manzanas de distancia, pero aminoró todavía más el paso. Aquel día quería disfrutarlo en cada uno de sus minutos. En esas estaba cuando volvió a sonar el móvil. Era otro recordatorio de su buzón de voz y entonces decidió pulsar la tecla para escuchar el mensaje guardado.

Cuando lo oyó, el corazón le dio un vuelco. No era nada relacionado con telemarketing sino la voz de un headhunter. Hacía tanto tiempo que no se meneaba una hoja en eso de las ofertas de trabajo que ya había olvidado que los headhunters siempre llamaban utilizando el recurso de “número desconocido”. Se sintió desconcertado. El mensaje no daba ninguna indicación de quiénes eran ni para qué puesto le llamaban. Sólo decía que volverían a contactar con él un poco más tarde.
Se detuvo para sentarse en un banco y recapacitar. Ahora que parecía que las cosas le iban mejor que nunca y que por fin podía acceder a un puesto de responsabilidad en su empresa se interfería el destino en forma de anónima oferta de trabajo, menudo dilema.

Permaneció allí sentado durante un buen rato esperando a que el dichoso móvil volviera a sonar pero conforme pasaba el tiempo se fue impacientando. Miró su reloj. Acababa de rebasar el margen que le ofrecía el horario flexible de entrada y todavía estaba lejos de la oficina. La angustia le recomía por dentro y lo único que se le ocurrió fue llamar a su secretaria para decirle que le había surgido un inconveniente y que llegaría un poco más tarde, cosa rara en él.
Se quedó mirando como un imbécil el móvil que sostenía en su mano.
Se sobresaltó.
- Sí, diga.
- Matías ¿es que no oyes el despertador? Vete levantado que vas a llegar tarde.
- Ya he llamado a mi secretaria avisando.
- Pero qué dices. Estabas soñando.
- Sí, sí, claro. Ahora me levanto.
Se duchó, se vistió, desayunó apresuradamente y salió a la calle con el tiempo justo para coger el autobús y no llegar tarde a la cola del paro. Las obras en casa tendrían que esperar, ahora lo que tenía en obras era la vida, nada menos.

27 de octubre de 2009

Con ustedes Ken Blanchard

Rompiendo mi costumbre a la hora de escribir artículos, os presento un extracto de la entrevista que le hizo el periodista Lluís Amiguet a Ken Blanchard y que fue publicada el pasado día 21 de octubre en La Vanguardia. Quien quiera leerla al completo, sólo tiene que seguir este enlace que, por lo que ahora veo, no será accesible hasta dentro de un mes por la política que sigue este periódico, qué le vamos a hacer.
Pero permitidme que antes os lo presente. Ken Blanchard es el padre del liderazgo situacional, el que definió qué son y cómo se gestionan los equipos de alto rendimiento y, en parte, el responsable de que cambiara mi vida profesional y me dedicara a la consultoría, de eso ya hace unos cuantos años. Para mí, claro está, es un referente que comparto con los miles de personas que han leído sus libros o los cientos de miles, no sé si millones en todo el mundo, que habrán asistido a cursos y seminarios basados en sus enseñanzas sobre el liderazgo.
Blanchard es un joven de 70 años de edad recién cumplidos que dice que “la Biblia no dice nada de jubilarse ni habla de ningún patriarca con menos de 80” por lo que todavía sigue en activo y con muy buen tono vital como veréis a continuación.
En la entrevista, dice cosas como que “nuestra sociedad necesita menos exámenes y más educación. Convertir la política en profesión es pervertir la democracia. Sufrimos a Maddoff, y otros como él, y aún padecemos la avaricia de Wall Street y la banca, donde los poseedores de los mejores expedientes académicos están pagándose sueldos increíbles con nuestros impuestos... Pero, ¡por Dios santo!: ¿cuánto hay que pagarle a un banquero para que se sienta bien retribuido?” se pregunta.
El periodista le replica que eso lo hemos visto toda la vida, pero Blanchard ve una diferencia significativa.

Lo que sí es nuevo y preocupante es que todo nuestro sistema se fundamente en el fomento de la avaricia sin límites… Antes se acumulaba para invertir y crear empleo - por eso los demás contribuíamos- pero ahora se acumula sin ninguna relación con la economía productiva”.
No está mal, me digo, para alguien que se ha criado dentro del modelo capitalista por excelencia, el noteamericano. Pero, aún y así, añade algo que también me parece capital.
Nuestro sistema - desde preescolar hasta la jubilación-nos está educando para que confundamos nuestra autoestima con nuestros resultados. Y forma acumuladores compulsivos obsesionados con lograr resultados cuantificables: sueldo, cargo, méritos, carrera, bienes, coches, pisos... Esos números les dan la medida de su autoestima: creen que sólo son queridos en la medida en que consiguen esas cantidades de poder y dinero”.
Con eso también estoy de acuerdo. Y apostilla: “Todo el sistema educativo se ha transformado en una máquina de calificar, seleccionar, segregar, categorizar, dar notas... Educar se ha reducido a hacer la selección de personal desde la cuna hasta el despacho de jefe. Y por el camino quedan los perdedores…Es una perversión que nos condena a la obsesión de acumular y a la infelicidad. Así siempre necesitamos acumular más porque nos sentimos cada vez menos”.
Para que luego digan que este "joven" no es un revolucionario social de primera magnitud.

“Se inculca la necedad cuantificadora: ha habido varias generaciones de obsesos por los resultados desde el parvulario. ¿Hay algo más egoísta que un bebé? ¿Hay alguien más centrado en sí mismo que un preescolar? ¿Y sabe por qué? Porque no se nace generoso: la generosidad se aprende, y no la estamos enseñando. Al contrario, enseñamos que sólo te vamos a querer - desde papá hasta el jefe-en la medida de lo que consigas puntuar, obtener, mandar".
Este señor y yo tenemos puntos de vista similares al respecto. A mí también me parece que no nacemos en absoluto generosos y que la medida de la generosidad que acumulamos a lo largo de nuestra vida para luego regalar (porque qué otra utilidad puede tener salvo esa) es la medida de nuestra verdadera categoría como personas.
“Todos los niños quieren aprender hasta que les empiezas a poner notas: los que suspenden acaban odiando el cole: ¿por qué clasificar a las personas por sus resultados desde la cuna? Esa es la receta segura para la avaricia y luego la desdicha: de los que suspenden y de los que acaban en Wall Street”… Si amo a mi hijo, separaré claramente mi amor por él de sus resultados escolares. Mi amor es incondicional: amamos a las personas porque son únicas y son ellas y después está lo que tienen, saben o pueden hacer”.
Si no hay nota, ¿para qué esforzarse? –le pregunta mordazmente el periodista.

Se esforzará si sabe que es un ser humano al que se le ama porque es él y con esa confianza podrá ser generoso y devolver ese amor a los demás sin exprimirlos para obtener más resultados con que conquistar su admiración, que él confunde con ese cariño que se le escapa... Esa es la diferencia entre el líder que sirve y el líder que se sirve de los demás”.

Reitero mis disculpas por haber reproducido gran parte de una entrevista que me hubiera encantado haber hecho a mí por el solo placer de escuchar de este hombre puntos de vista como los señalados. Mi admiración por ese nuevo ejemplo de dar valor a las cosas esenciales de la vida que, al parecer, sólo pueden permitirse los sabios cuando llegan a esas edades. No ha sido un post de autor, pero quería compartirlo.

Amig@s, lo dicho. Un poco de Blanchard en nuestra vida no viene nada mal en estos momentos ¿verdad?

23 de octubre de 2009

Las emociones y los hábitos de compra

Si el otro día os hablé de economía y consumo, permitidme que hoy lo haga sobre un tema más cercano a las emociones (que es la especialidad de la casa) pero en este caso ligadas a los hábitos de compra.
En marketing se utiliza muchísimo el diferencial de Osgood para influir en los posibles compradores de un producto. John Osgood hizo un estudio muy revelador que demuestra que cuanto tratamos de describir objetivamente algo o a alguien, en realidad sólo el 25% de las definiciones que realizamos son estrictamente objetivas mientras que el 75% restante son apreciaciones subjetivas o juicios valorativos. Es decir, que nuestra capacidad de proyección es enorme y que, además, parece que actúa de una forma bastante más descontrolada de lo que muchos creen y no miro a nadie.
Para poner un ejemplo, imaginad que describimos a un personaje conocido y ahí cada cual puede escoger el suyo. Si listamos en un papel las supuestas definiciones “objetivas” que hemos hecho sobre dicho personaje y a continuación las repasamos veremos que al lado de datos verdaderamente objetivos como por ejemplo que es un actor, que está casado y que es moreno aparecerán otros como prepotente, creído, mujeriego, encantador o incluso guapo.
No sé si hace falta mucha explicación para demostrar que mientras “casado” o “moreno” son datos objetivos, “guapo” o “creído” son valorativos. Puede que sea guapo o creído para ti pero no para mí, hecho que los convierte automáticamente en valores subjetivos, lo siento.

Es más, si las descripciones que hicimos fueran todas objetivas y mostráramos a otros la lista tapando el nombre del personaje que hemos descrito, muchos acertarían. Pero por el contrario, si hiciéramos lo mismo con los datos subjetivos probablemente no acertarían o tendrían muchas más dificultades para hacerlo.
A estas alturas los más avezados ya habrán caído en la cuenta de que de esto ya hablamos en su momento en de profundis cuando recordábamos que lo único que sabemos de las personas es aquello que dicen o hacen y no lo que suponemos que piensan o sienten, pero esa ya es harina de otro costal.
La publicidad juega con esto de un modo intensivo y muy eficaz. Si revisamos la lista de modelos de coches, por ejemplo Modus (Renault), Focus (Ford), Prius (Toyota)… ¿qué tienen en común?: la terminación “us”, naturalmente. Pues bien, esa terminación aplicada a automoción tiene un efecto buscado en nuestro cerebro y su traducción es: soy fiable, soy robusto, soy cómodo, así que cómprame porque no te defraudaré. Ahí tenemos una aplicación del diferencial de Osgood. El summum de esto es el caso de Lexus que no he incluido en la lista de modelos porque en este caso es una marca y su precio es muy superior al resto, pero persigue el mismo efecto.
Otro ejemplo que puedo citar pero sin mencionar la marca es el caso de un conocido vermut. Todos tenemos nuestras preferencias al respecto. Algunos lo tomamos blanco y otros rojo. Si nos lo traen equivocado reclamamos y si no hay el que queremos cambiamos a otra bebida. Pues bien, noticia, en el caso de esta marca en concreto uno y otro saben exactamente igual ¡por increíble que parezca! lo cual se demuestra perfectamente en una cata ciega. Otra aplicación del diferencial de Osgood.
El valor proyectivo que concedemos a una cosa (no el que tiene) es lo que le da valor o se lo quita. Las emociones, en este sentido, son enormemente poderosas y por eso hay que conocer bien cómo funcionan y sobre tomo cómo nos gobiernan.

Un ejemplo más de Osgood en estado puro: ¿cuántos se acuerdan de cómo se llamaban anteriormente estos productos de gran consumo que, por cierto, todos empiezan con la letra “D”?
- Don Limpio
- Danettes
- Danoninos
La próxima vez que os hagan una encuesta sobre un producto de consumo sed conscientes de que detrás de eso hay un estudio de campo basado en el diferencial de Osgood. Los resultados de esa prueba suelen ser determinantes para que uno nuevo vea o no la luz y bien poco tiene que ver con su bondad o necesidad objetiva, eso está claro.

Pues nada, que los racionales sigan pensando que a ellos no se la cuela nadie con eso de la publicidad engañosa porque controlan sus emociones, si con ello se quedan más a gusto.

20 de octubre de 2009

Usted mismo con su propio mecanismo

Una de las consecuencias de la macro crisis de 1973 (prehistoria para muchos) fue que se modificaron sustancialmente los procesos de fabricación y durabilidad de los bienes de consumo. Si a alguien le alcanza la memoria, recordará que, por ejemplo, las máquinas de escribir que antes se fabricaban a conciencia y que podían y solían pasar de padres a hijos fueron sustituidas por otras más baratas pero de duración determinada. Por ejemplo, si comprabas una Olivetti Lettera el número de modelo que aparecía era un indicativo del tiempo estimado de vida útil (en clave, por supuesto).
Lo mismo sucedió con la mayor parte de electrodomésticos. Por ejemplo, las tostadoras que antes se construían de hierro y acero fueron sustituidas por otras que incorporaban el plástico y la hojalata. Consecuencia: más ligeras, más baratas y, por supuesto, menos duraderas.
A eso contribuyeron, entre otras, dos causas principales: una, el encarecimiento de las materias primas como consecuencia del sustancial incremento del precio del petróleo y otra, mucho más importante, la aparición de la publicidad masiva como ariete de la sociedad de consumo que se ocupó a partir de ese momento y hasta ahora de crear la necesidad de comprar una tostadora mueva aunque la nuestra funcionara perfectamente y/o que sintiéramos la necesidad de poseer otra tostadora idéntica a la anterior pero con una carcasa modificada y un nuevo nombre de modelo creando la ilusión de que habíamos escalado en nuestro nivel de vida.
Durante los años que precedieron a la crisis actual y desde la aparición de la globalización (que por cierto, fue otra gracia que nos dejó la crisis de 1993 mucho más reciente en la memoria), el fenómeno de la deslocalización se reveló como fundamental en la contención de costes. Era y sigue siendo mucho más barato que el utensilio que antes se fabricaba en el mismo país donde se consumía se deslocalizara a China o a cualquier otro país emergente porque el factor que más incidía en el precio final era el coste de la mano de obra. Hoy es mucho más barato comprar un genuino botijo alcarreño hecho en China que en cualquiera de las fábricas nacionales (si es que queda alguna, cosa que dudo). Todos los países del primer mundo nos hemos aplicado con furor a esta tendencia, con lo cual no hay nadie que esté libre de culpa.
Pero claro, eso no era suficiente. El siguiente paso consistió en que cuando el bien de consumo en cuestión se estropeaba teníamos que llevarlo a reparar al servicio técnico, oficial y nacional por supuesto, donde nos aplicaban unas tarifas por hora que en muchos casos desaconsejaban la reparación y provocaban que saliera mucho más a cuenta tirarlo a la basura y comprar otro nuevo.
El paroxismo de esto que digo son las impresoras/fotocopiadora/escaner cuyo precio de compra es similar al coste de un par de repuestos de carga de tinta con lo cual, casi sale más a cuenta tirarla a la basura cuando te has quedado sin toner y comprar una nueva que, por cierto, incluye cargas de tinta idénticas, que comprar los recambios originales. Esto se lo cuentas a tu padre -ya no digo a tu abuelo- y se echa las manos a la cabeza, pero es rigurosamente cierto. Una HP Photosmart Express C5280 all-in-one cuesta alrededor de 80 € en Mediamarkt y un juego de recambios de tinta blanco y negro y color para esa misma impresora cuesta 70 € en el mismo sitio.
Y digo yo que ahora que parece que se nos ha fundido los plomos de la capacidad de inventar cosas para que la economía se relance, os propongo un paso más. ¿Y si nos montamos nosotros mismos las cosas que necesitamos, en plan bricolage, como si fueran muebles de Ikea? Oye, que ahí tenemos un margen de ahorro enorme, no te creas. Yo, por si acaso, ya he dado el primer paso. ¿Alguien se anima?

16 de octubre de 2009

Imágenes disonantes y creatividad

En mi anterior entrada os hablaba sobre comportamientos disonantes. Hoy lo hago sobre las imágenes disonantes que son aquellas que nuestro cerebro elabora interrelacionando conceptos aparentemente absurdos. Por ejemplo, un Papá Noël vestido como tal con gafas de sol bronceándose en una playa caribeña. Seguro que si viéramos alguno de esa guisa nos llamaría poderosamente la atención por lo absurdo de la situación. Lo que la convierte en absurda no es que alguien se ponga gafas de sol cuando va a la playa, sino que Papá Noël hiciera algo así vestido con su uniforme de gala.
Estaríamos contemplando una imagen disonante, algo que nos llamaría poderosamente la atención porque en ella los elementos no encajan. Por supuesto, todos sabemos que Papá Noël vive en el Polo Norte donde hace un frío que pela y que se pasa todo el año fabricando afanosamente juguetes para la navidad con la ayuda de su legión de elfos verdes.
Sin embargo, esa imagen -que también es bastante absurda si tenemos más de ocho años de edad- la asumimos con naturalidad y en ningún caso nos parecería una imagen disonante mientras que si le viéramos en la playa sí. Vaya, vaya.
Bien, ahora te pido que analices la foto del encabezamiento en la que se ve a unos bomberos observando tranquilamente cómo arde una casa sin hacer absolutamente nada por apagar el fuego. Imagen disonante donde las haya y respecto a la cual quisiera formularte cinco preguntas.

Primera pregunta:
¿Sobran bomberos o faltan mangueras y por qué?

Segunda pregunta:
¿Hasta cuándo crees que se quedarán ahí pasmados viendo cómo el fuego consume la vivienda y por qué?

Tercera pregunta:
¿De qué color es el casco del jefe de la brigada de bomberos y por qué?

Cuarta pregunta:
¿El botellín de agua que aparece tirado en el suelo, se lo bebieron los bomberos o lo utilizaron para apagar el incendio y por qué?

Antes de contestar la quinta pregunta, asegúrate de haber escrito o de recordar las respuestas que has dado a las cuatro anteriores.


Quinta y última pregunta:
¿Serías capaz de formular una hipótesis plausible sobre lo que sucedió tratando de no crear una imagen disonante y sin desmentirte a ti mism@ respecto a lo que has contestado en las cuatro preguntas anteriores? Cuéntanosla, por favor.


Si eres capaz, puede decirse que eres una persona bastante creativa. La creatividad consiste precisamente en ordenar conceptos independientes de una forma original logrando que tengan sentido. Supongo que todos estaremos de acuerdo en que fue realmente creativa la forma en la que los ingenieros de la NASA decidieron en tierra cómo se podía fabricar un artilugio para respirar en la cápsula del Apolo XIII utilizando elementos disponibles en la nave pero no diseñados específicamente para ello y poniéndolos en relación para que cumplieran un fin concreto y vital.
Os propongo que hagáis este mismo ejercicio con todo aquél que os cuente algo que parece que no tiene sentido porque, o bien no lo tiene u os está mostrando algo que tiene mucho sentido y en lo que no habíais caído. Y si es así, animadle a que corra a patentarlo y a que os acepte como socios.
Buen fin de semana.

13 de octubre de 2009

El elefante estacado


Una vez me contrataron para que diera unas sesiones de coaching a un mando intermedio en aras a prepararlo para un ascenso. Advertí a mi cliente que para que las sesiones fueran útiles debería ser el propio interesado quien mostrara interés en someterse a ese proceso tan exigente. A los pocos días me respondieron que la persona en cuestión estaba entusiasmada con la idea y que podíamos empezar en cuanto nuestras agendas nos lo permitieran.
La primera sesión fue decepcionante. Lo primero que me dijo esa persona es que le habían advertido que si el coaching no daba resultado jamás lograría el ansiado ascenso y que, en consecuencia, él estaba en la mejor disposición para aprovechar el tiempo y que estudiaría todo lo que fuera necesario y yo le indicara. Estaba pensando en un curso de capacitación y no en un proceso de coaching lo que me obligó a tener que explicarle en qué consistía exactamente eso.
Jorge Bucay cuenta la metáfora del elefante estacado que seguramente muchos conoceréis. Un niño que va al circo con su padre ve que un enorme elefante permanece impávidamente estacado sin hacer la más mínima intención de liberarse. Incluso para una mente infantil como la suya, aquello le parece del todo incomprensible dada la desproporción entre el volumen del animal y lo liviano de la estaca. Cuando le pregunta al padre, éste le contesta: seguramente el elefante lleva estacado desde que era apenas un cachorrito. En ese momento, por mucha fuerza que hiciera por liberarse no pudo lograrlo y acabó por conformarse. Ahora que es adulto, ni siquiera lo intenta.
Los paradigmas limitativos actúan de forma similar a la estaca del elefante. No hay razón alguna para que nos mantengan aprisionados pero nos hemos acostumbrado tanto a ellos que ni siquiera tratamos de comprobar sus consistencia ni mucho menos tratar de liberarnos. Es producto de un reflejo condicionado.
Esta actitud confronta con las dos dimensiones que conviven en nosotros: ser y siendo.
¿Qué soy? vs. ¿Qué estoy siendo? Las respuestas a ambas preguntas suelen ser muy distantes. Puedo ser una persona con fuertes convicciones, por lo tanto sé lo que habría que hacer, pero sin embargo, me conviene más hacer otra cosa y la hago. Como eso va en contra de mis convicciones y lo sé, ya buscaré las necesarias justificaciones. Un ejemplo de esto lo vemos cuando de pequeños seguramente habremos oído de nuestros mayores haz lo que digo y no lo que hago.
El coaching pretende lograr que aquello que hago (siendo) se ajuste a lo que sé que debería hacerse (ser). Dicho de otro modo, pretende modificar mis paradigmas limitativos o mis comportamientos disonantes. No podemos pretender ser atletas olímpicos, pero eso no impide que hagamos un poco de footing todos los días para ganar un poco de fondo.

Aquel hombre se me quedó mirando y comprendió que lo que se le exigía era un esfuerzo que no sabía si estaba dispuesto a hacer. Me pidió algo de tiempo antes de volver a vernos y cuando lo hicimos dijo que lo había pensado bien y que estaba animado porque sino, me dijo, ¿qué les contestaremos a nuestros hijos la próxima vez que les llevemos al circo y nos pregunten por el elefante estacado?

9 de octubre de 2009

Transparencias

Empiezo este artículo preguntándome si puede hablarse de transparencias buenas y malas. Sí, me digo, por supuesto. Un ejemplo de transparencia buena sería la de los árbitros que cuanto menos se nota su presencia en el terreno de juego, mucho mejor para todos. Por el contrario, una transparencia mala sería la del padre ausente en la infancia de sus hijos. La transparencia, pues, es una cualidad dual, como muchas otras cosas de la vida.
Recuerdo una inolvidable novela que luego fue llevada a la pequeña pantalla de mano de la prestigiosa cadena Granada, “La Joya de la Corona” de Paul Scott, emitida en 1985 en nuestro país en formato de serie. Quizá algun@s la recuerden o hayan leído el libro que, a pesar de su volumen y después de lo de la trilogía de Milennium, tiene la misma levedad que un aperitivo.
El personaje central de la novela -no tanto en la serie- es Ronald Merrick, un atormentado oficial destinado en la India en los estertores finales de la dominación británica que ve como su mundo se desmorona al mismo tiempo que su carrera. En una de las muchas escenas corales de la serie, Merrick suelta una frase memorable a la mujer a la que ama en un secreto a voces: “parece que soy transparente para usted” y acto seguido, la dama le deja plantado y se marcha en busca de un canapé que llevarse a la boca y de una conversación más agradable y menos comprometida. La reacción del oficial no se hace esperar, se va al cuartel y la emprende a trompazos con unos cuantos hindúes sediciosos hasta calmarse y recuperar el aplomo y la flema británica.
Estos días observo una creciente preocupación por eso de la (mala e indolente) transparencia. He recibido un powerpoint en el que se ve a una niña china recién nacida y muerta tirada en medio de la calle ante la completa indiferencia de todo el mundo que pasa a su lado; Ginebra, en su blog, relata la historia de una inmigrante embarazada que se siente indispuesta sin que nadie le pregunte qué le pasa o que acuda en su auxilio; Cubelli en el suyo, nos relata otra historia de transparencias… y no sigo, aunque hay un montón de ejemplos similares en la red y en la vida.

Qué estaremos haciendo mal, me pregunto. En estos tiempos de crisis, los proveedores son transparentes para los clientes, los maestros para sus alumnos, los pobres para los más afortunados. Hay magníficos blogs que no reciben visitas, fantásticas oportunidades que pasan desapercibidas, muy buenas causas o proyectos que se consumen por falta de seguidores o un mínimo entusiasmo. La transparencia, como manifestación de la indolencia más pavorosa, nos está invadiendo poco a poco como una enfermedad grave que mata sin avisar y que, por desgracia, no puede curarse sólo con la ingesta sistemática de Actimel y bifidus activus.
Lo que subyace a flor de piel, tampoco es necesario llegar al fondo de la dermis para dar con ello, es el individualismo que aparece en toda su amplitud en dos momentos opuestos de la vida: cuando las cosas van muy bien o cuando van muy mal. Dado que estamos en horas bajas no es de extrañar que mucho de lo que vemos a nuestro alrededor no nos guste y hagamos como si no existiera convirtiéndolo en transparente a nuestros ojos aunque lo tengamos delante de nuestras narices.

De lo que no parece que nos demos tanta cuenta es que cada vez que hacemos eso, alguien nos señala con el dedo y como Merrick, algún día la emprenderá contra nosotros. Es sólo cuestión de tiempo.

6 de octubre de 2009

Desaprender

Si alguien conoce alguna academia en la que enseñen a desaprender que me lo diga porque me apunto. Ya no quiero aprender nada más, o mejor dicho, sospecho que tengo tanta parte de mi cerebro ocupado con cosas que no sirven para nada que necesito hacer sitio. Ya está dicho.
Lo que yo busco es alguien que me enseñe a borrar dos páginas de conocimientos inútiles por cada nueva línea de lo que aprenda. Por menos no me pongo, ya lo tengo decidido. Tengo tal acopio de discursos vacíos, imágenes huecas, conozco tanto la vida y milagros de personajes que no merecen la pena ser conocidos que me estalla la cabeza, así que necesito terapia de inmediato, como el aire que respiro.
Todo comenzó ayer, cuando súbitamente me desperté bañado en sudor frío. Soñé que un amigo de la infancia venía a verme. Traía bajo el brazo un legajo de papeles de los que quería deshacerse. Igual tienes un rincón por ahí donde poder guardarlos, me decía. En casa me han amenazado con quemarlos porque cada vez que abren la puerta de un armario les cae encima uno de estos legajos y se conoce que ya están hartos. ¿Y cómo es que tienes tantos papeles? le preguntaba. Eso quisiera saber yo, son notas que he ido tomando de aquí y allá, ya sabes que soy un pozo sin fondo en eso de saber de todo un poco. He colocado unas cuantas carpetas a los amiguetes, pero todavía tengo el maletero del coche lleno y he pensado que tú…
Después de un buen rato revisando aquel fardo de papel me di cuenta de que mi amigo era un desgraciado. Traía transcripciones detalladas de teoremas matemáticos, la lista completa de los reyes godos con su correspondiente árbol genealógico, los recibos de la compra desde la primera vez que fue al supermercado, las alineaciones de todos los partidos de liga desde la temporada 62-63, las notas que había preparado para las reuniones de la comunidad de propietarios de su escalera de la cual le había tocado ser presidente cinco veces, los presupuestos de la ortodoncia de sus tres hijos y hasta las fotocopias de sus declaraciones de renta desde que éstas se hacían en papel autocalco. Me asusté.
En cuanto me desperté me puse a pensar en todas las cosas inútiles que conservaba guardadas en mi memoria y como tenía tiempo por delante fui haciendo una lista enorme. Parecía que a cada línea que escribía se abrían nuevas posibilidades exploratorias y a las dos horas ya había completado un cuaderno, así que me decidí a escribiros pidiendo ayuda. ¿Alguien conoce algún lugar de confianza donde se dediquen a enseñar a desaprender?
Mientras escribo esto se me sigue ocurriendo cosas inútiles de las que quiero deshacerme de inmediato. Esto no tiene fin y lo que es peor, mi mujer ya lleva unos meses advirtiéndome de que me repito. A ver si va a ser porque ya no me cabe nada más en la cabeza. Estoy angustiado.

2 de octubre de 2009

El liderazgo inspiracional

Cuando vamos pelando las capas de cebolla que adornan, explican o complican el entendimiento del concepto de liderazgo queda a la vista lo más simple, la esencia. Y la esencia del liderazgo es la visión, nada más ni nada menos que eso.
La visión muchas veces no tiene explicación lógica, pero cuando trasciende, cuando es asumida por otros además de quien la creó, se convierte en el liderazgo más puro y potente que pueda concebirse.
Pero ¿de dónde nacen las visiones? ¿qué es lo que hace que algo sumamente abstracto e intangible pueda instalarse en las mentes y los corazones de tantos? Es la inspiración, sólo es eso.
Se dice que el lenguaje es la limitación de nuestra inteligencia, en el sentido de que lo que no somos capaces de concretar o contener en él no puede ser explicado. La inspiración pues, podemos definirla como la condensación de imágenes que somos capaces de formular mediante palabras. Puede que otros tuvieran a su alcance esas mismas imágenes pero tal vez no fueron capaces de ponerle palabras, tuvieron visiones pero no acertaron a dar con LA VISIÓN. Somos líderes en la medida que somos capaces de inspirar confianza, de ser creíbles.
Una de las palabras más empleadas por Obama tanto en su campaña electoral como en su discurso de toma de posesión como presidente fue “inspiración”. Con esa idea fue aclamado como líder, dio alas a muchos que nunca las habían tenido ni siquiera soñado poder tenerla algún día. Martin Luther King también tuvo una inspiración y la tradujo en un discurso. “I have a dream” dijo, y millones de afroamericanos creyeron en ese sueño, en esa promesa apenas concretada.

Sin King no existiría Obama, pero antes y después de ellos ha habido y seguirá habiendo inspiraciones más grandes o más pequeñas que movilizarán conciencias, alinearán voluntades, construirán sueños. Y esa es nuestra misión, por humildes o pobres que nos sintamos.
La foto que ilustra esta entrada no es un error sino una metáfora que trata de explicar lo que nos moviliza. En un solo momento de la vida somos bebés sanos y con energía, pero toda la vida hemos de seguir alimentándonos con nuestros sueños, con nuestras visiones y entonces es como si volviéramos a nacer. No importa que creamos ser poca cosa, porque un solo grano de arena contiene el universo. Somos líderes de nuestro propio destino y a veces, muy pocas, del de otros.

1 de octubre de 2009

Libro de Bitácora (Septiembre)

Aunque empezamos con la pereza del síndrome post vacacional, el mes de septiembre le ha sentado muy bien a La Inteligencia de las Emociones. Aquella aventura que empezó en el mes de abril con no pocas dudas, se está convirtiendo con el paso del tiempo en una realidad de la que estoy muy orgulloso. El día 23, Maluferre en su primera aparición por el blog se convirtió en la visitante 5.000 lo que me ha hecho recapacitar sobre la potencia de este medio y sobre su poder de convocatoria cuando se procura hacer las cosas con honestidad. Como siempre digo, sois vosotros los que lo habéis hecho posible y os doy las gracias por vuestra generosidad y por el constante feedback y aporte de valor añadido ;-) que me hacéis llegar de continuo, incluso cuando pasamos momentos de tensión o nos preguntamos el por qué...

Aparte de esto, dejo en mi libro de bitácora las siguientes anotaciones:

  • La noticia económica estrella de este mes ha sido la subida de impuestos anunciada por el gobierno, eso sí, con preaviso e intriga incluidos porque durante semanas no se sabía cuáles serían los impuestos afectados ni a quiénes les tocaría la china, en una nueva versión de política de suspense que siempre es de agradecer y para que luego digan que nuestra clase política sólo nos produce tedio. Durante el impasse, si querías saber si estabas en la lista de los agraciados no tenías otra opción que llamar a cobro revertido a la Moncloa y allí consultaban en un listado si figuraba tu nombre. Debe ser una nueva mutación de la tómbola del siempre toca, porque al final nos va a afectar a todos y claro, se ha armado la de Dios es Cristo porque el paquete de medidas ha disgustado a todos los agentes sociales, excepto al Banco de España.
  • También en clave económica hemos sabido algo que ya imaginábamos. En la eurocarrera por salir de la recesión ocupamos el último lugar incluso detrás de potencias mundiales como Grecia y Portugal. Pero tranquilos, que no pasa nada. Nuestro gobierno sigue instalado en su proverbial optimismo y ya ha lanzado el mensaje de que dejemos que ellos corran mucho y se desgasten que ya les pillaremos en la recta de meta porque esta es una carrera de fondo y ya se sabe que en esa especialidad somos unos hachas y astesoramos cantidad de medallas.
  • Las elecciones celebradas en Alemania y Portugal no han deparado grandes sorpresas y han constatado una vez más que el solo hecho de que estemos atravesando una fuerte crisis no basta para que un país quiera cambiar de gobierno, sino que es necesario que haya una alternativa creíble, cosa que no ha sucedido en ninguno de estos casos. Merkel cambia de pareja de baile pero sigue llevando la batuta y a Sócrates le ha salvado la campana. O sea, que la conclusión a extraer es que más vale malo conocido que bueno por conocer, habrán pensado los electores.
  • En Honduras sigue teniendo mucho éxito el vodevil "Zelaya contra Micheletti" que cada vez se parece más a la guerra de los Rose. Lástima que, como siempre, las tortas entre ellos se las den en la cara del sufrido pueblo hondureño que ya no sabe a qué atenerse viendo que en este combate participan, además de los dos contendientes, una docena de árbitros internacionales que tampoco se ponen de acuerdo en lo que pitan.
  • Como seguramente muchos sabéis, hasta mediados de este mes ha estado abierto el plazo para votar el mejor blog del concurso organizado por 20 minutos y hace unos pocos días se proclamaron los resultados finales. La verdad es que uno aprende de todo, pero ha resultado un poco patético ver que unos cuantos blogs que se presentaban y tenían aspiraciones de ganar hayan mostrado un súbito interés en participar en el mío como medio de publicidad encubierta. En cuanto se ha acabado el plazo, han desaparecido del mapa. Tomo nota.
  • Otra noticia importante para mí ha sido la puesta de largo de la iniciativa de Cloud Consulting que unos cuantos locos hemos estado pergeñando durante los últimos meses. Deciros que la acogida ha sido muy buena, como lo demuestra el número de peticiones de adhesión recibidas de todas partes. Estamos tan contentos que el próximo mes de octubre celebraremos nuestro primer encuentro en Barcelona de cuyos resultados ya os mantendré informados.
  • Este mes quisiera recomendaros un blog que se llama Soul Business iniciativa del amigo Fernando López. En él encontraréis artículos de opinión entreverados con crónicas viajeras y todo ello escrito con un lenguaje directo que a mí me gusta mucho y que por eso recomiendo aunque sé que algunos ya lo visitáis.
  • Los amantes de películas como Dirty Dancing y Ghost están de luto. Su protagonista, Patrick Swayze, falleció el pasado día 14 a los 57 años de edad aquejado de un cáncer de páncreas. Patrick fue un actor y bailarín creíble en escena y sólo por eso merece mi respeto.
  • El día 25 falleció en Barcelona Alicia de Larrocha una de las virtuosas del piano de este país. Tenía 86 años y llevaba mucho tiempo retirada de escena pero su talento y empeño por basar mucho de su repertorio en música española (Falla, Albéniz,...) hizo más por dar a conocer a esos autores de lo que nunca podremos agradecerle. Era más conocida y admirada en el exterior que en su propio país, cosa que aunque cada vez pasa menos, por desgracia todavía no es infrecuente.
  • La frase del mes de septiembre ha sido de Antoine de Saint-Exupéry y decía: “Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua.”. La escogí porque me pareció hermosa y por hacer un guiño a algunos colegas que sé que lo están pasando mal. Espero que todos encontremos pozos de agua en los que calmar nuestra sed y que eso sea más pronto que tarde.

Por último y como siempre, quisiera dar las gracias a todas aquellas personas que han visitado este blog, hayan dejado o no mensaje. La reflexión que os indicaba al principio la termino ahora diciendo que bendito sean los medios que nos permiten estar en contacto con todos los que quieran leernos en cualquier parte del mundo. Y que sea por mucho tiempo.